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Un callejón sin salida, 1

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Introducción
El reto de la economía argentina, mucho antes de que Cavallo tomara posesión como ministro de economía, era el crecimiento. Exclusivamente. Sin crecimiento es, entre otras cosas, imposible generar los ingresos fiscales necesarios para evitar la suspensión de pagos de una deuda pública que, a principios de año, era de 126.000 millones de dólares y hoy supera los 130.000 millones.

El ministerio de Cavallo
Cavallo sabe que los problemas de Argentina sólo se resuelven creciendo y para crecer es necesario que bajen los tipos de interés. No se puede pretender aumentar la inversión o el consumo cuando las empresas pagan el 20% de intereses reales porque, en esas situaciones, todo el mundo, empresarios y particulares, simplemente, sacan todos los dólares que pueden del país y los invierten en cualquier otro.

La vuelta de Domingo Cavallo, coincide con una crisis de confianza y la negativa de los principales partidos políticos y sindicatos a aceptar el recorte del gasto público que presentó su efímero antecesor, López Murphy. Después, las crisis se han sucedido hasta situar los tipos de interés en un máximo histórico, hasta plasmarse en una pérdida de reservas de divisas y de disminución de los depósitos del sistema financiero.

Cavallo ha tomado medidas de distinto tipo para hacer frente a problemas diferentes:

1º) Para hacer frente a la falta de liquidez con que poder pagar los intereses y vencimientos de la deuda:
­- En este sentido, ha reestructurado una parte considerable de la deuda de éste y los dos próximos años, lo que ha logrado a un altísimo costo en tipos de interés, que se dejaran sentir en los volúmenes de principal a amortizar a partir de 2005. Pero él ya no será ministro.
­- Ha solicitado a las mayores empresas privadas con participación extranjera el adelanto de impuestos para el actual ejercicio 2001.

2º) Para aumentar los ingresos fiscales:
- Ha aumentado las cuotas a la seguridad social.
­- Ha incrementado los aranceles a la importación de bienes de consumo procedentes de Mercosur.
­- Ha creado un impuesto de 0.6% a las transacciones financieras.
­- Ha prohibido la utilización de dinero fiduciario en transacciones por encima de cierta cuantía, para forzar el afloramiento de economía sumergida.

3º) Para disminuir el gasto público:
- Ha reducido los sueldos y pensiones públicas en un 13%.
­- Ha complementado esas medidas con otras para lograr un déficit cero, para lo que es imprescindible el acuerdo con las provincias.

4º) Para impulsar el crecimiento:
- Ha roto la paridad dólar-peso, ligando el peso también con el euro, cuando éste alcance la igualdad con el dólar.
­- Ha creado un sistema de cambios múltiples, introduciendo un peso comercial que se devalúa en un 8% para las exportaciones y se revalúa en otro 8% para las importaciones.
­- Ha reducido a cero los aranceles a la importación de bienes de equipo procedentes de Mercosur.

El conjunto de estas medidas, y sólo he hecho referencia a las más importantes, quizá logre solucionar el problema de liquidez de 2001, pero no creo que hayan mejorado las condiciones de solvencia financiera del país, ni que se estén modificando las condiciones para lograr una recuperación de la economía.

El crédito de 40.000 millones de dólares del FMI, la reestructuración de 20.000 millones de dólares de vencimientos a corto y medio plazo y la disposición a pagar los tipos de interés necesarios para postponer cualquier desembolso para el que no se tenga la suficiente liquidez, tratan de asegurar que éste no será el problema en 2001.

Excepto que las medidas que se han tomado para aumentar los ingresos y disminuir los gastos públicos se conviertan en un boomerang, porque es tal la desconfianza que se ha creado en el interior y exterior del país que, probablemente, estemos asistiendo al agravamiento de la crisis económica, inducida directamente por una contracción de la base monetaria, pues los consumidores argentinos están sacando dólares de la circulación, las empresas han paralizado las inversiones y, probablemente, los exportadores no están repatriando las divisas que generan con sus ventas al exterior.

Si esta contracción monetaria se confirma, se reducirá todavía más el crecimiento y será imposible, no ya alcanzar el equilibrio fiscal, sino lograr la liquidez necesaria para cerrar 2001.

Mientras, el gran sacrificado es el crecimiento. Las decisiones destinadas a hacer más competitiva la economía argentina, protegiéndola de Brasil e introduciendo tipos de cambio diferentes para importaciones y exportaciones, significa la aceptación de que con la paridad dólar-peso no se puede competir internacionalmente; pero lo limitado, parcial y arbitrario de las medidas no arregla ningún problema y crea nuevas desconfianzas. Desconfianza que se traduce en unos altísimos tipos de interés reales que hacen imposible no ya la recuperación económica sino el propio mantenimiento de esa actividad.

Cualquier decisión, incluso la de dejar flotar la moneda, será ineficaz si a corto o medio plazo no produce una caída de los intereses reales, lo que sólo puede lograrse con planteamientos políticos, económicos y sindicales, diferentes de los que han gobernado la realidad argentina los últimos años.

El mantenimiento artificial de la cotización del peso todos estos años y los ingresos procedentes de la privatización de empresas públicas, han hecho perder el horizonte a muchos políticos, sindicalistas e inversores extranjeros, que no han analizado con suficiente profundidad la debilidad del modelo argentino, y han creído que el crecimiento estaba asegurado, que el tipo de cambio no importaba y que, mientras se mantuviera un moderado déficit fiscal y de balanza corriente, se podía seguir incrementando el gasto público.

El cambio de política económica es inevitable y traerá, de entrada, muchos más problemas de los que va a resolver, porque, desgraciadamente para Argentina, el resto del mundo también se ha parado. Pero el cambio es seguro y el momento se acerca.

¿Por qué, pues, las reticencias al cambio de política económica? ¿Por qué retrasar lo inevitable? A responder estas preguntas se dedica el resto del artículo, que puede parecer doctrinal y teórico, pero que es de candente actualidad, como lo era la política económica española en el período 91-94.

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