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Un gran parlamentario, un líder inexistente

Mariano Rajoy ha perdido las elecciones dignamente y, tras hacerlo, ha salido a relucir su incapacidad para el liderazgo, sus inquinas y sus temores, transformados en rencores

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Durante cuatro años, muchos de los que apoyábamos la política del PP, y yo en cualquier caso, hemos defendido la posible capacidad de liderazgo de Mariano Rajoy, esperando que, en algún momento, se liberara de la sombra de Aznar y fuera capaz de dirigir a su partido y de ganar al PSOE de Rodríguez Zapatero.

Entre todos hicimos un esfuerzo que resultó en más votos y más escaños. Pero la política de Rodríguez Zapatero, la de convencer a la izquierda y a los nacionalistas de que ahora sí podían ganar la guerra civil, ha sido más efectiva que la de todos los que hemos apoyado al PP de Mariano Rajoy porque representaba la defensa de la Constitución de 1978.

Rodríguez Zapatero ha ganado su apuesta. El bando que representan el PSC-PSOE-IU y los nacionalismos del BNG, CiU, Esquerra, PNV y los canarios de CC representan al 60% de los que han votado. El PP y UPyD, el partido de Rosa Díez, representan, por su parte, al 40% de los votantes.

Mariano Rajoy ha perdido las elecciones dignamente y, tras hacerlo, ha salido a relucir su incapacidad para el liderazgo, sus inquinas y sus temores, transformados en rencores. Vayamos por partes:

1º) Rajoy es un gran parlamentario y un buen dialéctico. Ha lucido esas cualidades en múltiples ocasiones en el Congreso y en los dos debates que ha tenido con Rodríguez Zapatero.

2º) Rajoy parece incapaz de dirigir ninguna organización. Ni un partido político, ni probablemente una empresa. Ya teníamos esa impresión en todas sus actuaciones como ministro. Le horrorizaba el conflicto. Sólo tomaba decisiones cuando había consenso; que él no había dirigido.

Para liderar hace falta tener claros los objetivos, como prioridad absoluta. Y, además, escuchar, discutir, tomar decisiones, animar a los equipos dirigentes, ser capaz de comunicar, de apoyar en los momentos difíciles. Si Rajoy tiene alguna de estas cualidades las manifiesta muy tenuemente.

Rajoy es silencioso, como Aznar, pero su casi autismo esconde timidez, indecisión, temor a la discusión abierta. Probablemente, porque no tiene convicciones políticas claras, o las que tiene chocan con las de muchos de sus militantes y votantes. Por eso el silencio, el no tomar decisiones, la parálisis.

Y cuando, finalmente, después de las elecciones, ha tomado decisiones nos encontramos con que ha formado un equipo que quizá sea de excepcional calidad, pero del que ninguno de los que lo componen ha probado su capacidad en los últimos cuatro años. Es el caso de Soraya Sáenz de Santamaría, falta de vocabulario, de matices, de sentido del humor. Su temor a tomar decisiones se manifiesta en cómo han desaparecido políticamente Zaplana y Acebes. Han sido ellos los que han tenido que hablar. Rajoy no ha sido capaz ni siquiera de cesarlos, a pesar de que no puede ocultar su satisfacción por ambos abandonos. O el silencio con Pizarro. Como si no existiera.

Un caso aparte es el de su relación con Esperanza Aguirre. Aguirre anunció que quizá se presentaría. En una comida, al lado de Rajoy. Rajoy reaccionó, una vez más, con el silencio. Y quizá acumulando todavía más resentimiento. No fue capaz de, allí mismo, pedir el micrófono e invitar a Esperanza Aguirre a que se presentara, a que explicara cuáles eran sus objetivos para el PP. Nada. Silencio. Después, desgraciadamente, la propia Esperanza Aguirre dio un recital de marrullería política en el programa de TVE "59 segundos", pues no fue capaz o, peor, no quiso, explicar lo que le separa de la forma de dirigir al PP por parte de Rajoy. Ni yo ni muchos españoles votantes del PP esperábamos que anunciara su candidatura, pero sí que se explicara.

Pero volvamos a Rajoy. El miedo a la candidatura de Esperanza Aguirre le lleva, en coordinación con sus próximos –véase el artículo de Lasalle ese mismo día en El País– a invitarle a ¡que se vaya del partido! Típica reacción del tímido, del rencoroso, del que no habla nunca y cuando lo hace no sabe medir sus palabras. ¡Qué espectáculo! Pocas veces se puede ver en política un suicidio delante de las cámaras.

3º) Rajoy no tiene equipo. Tiene personas que se identifican totalmente con él, pero que tampoco se atreven a exponer lo que piensan. La presencia de Arriola, un hombre cuya mayor cualidad parece ser la de interpretar las encuestas, nos dice mucho de él y su equipo. Rajoy quiere ganar las elecciones y para ello necesita, parece pensar, acercarse a lo que piensan hoy la mayoría de los votantes españoles. Él quiere ser Rodríguez Zapatero. Él quiere el voto de los que no le han votado, pero no les quiere convencer con sus ideas; lo que quiere es saber lo que piensan, para adaptar la ideología del PP a la de esa mayoría.

4º) Rajoy debería dimitir. Ha perdido ya dos elecciones generales. Y luego presentarse, si quiere, como candidato. Debería dar libertad de voto a todos los compromisarios. Y anular la exigencia de los 600 avales. Ya sé que la democracia directa en los partidos puede ser mortal. Yo viví la asamblea de UCD en Palma de Mallorca y fue una catástrofe. Pero lo fue porque la UCD ya estaba rota. Fernández-Ordóñez ya había pactado con el PSOE. Los cristianos odiaban a Suárez por sus decisiones en temas religiosos. Fernando Abril quería sustituirle. Miguel Herrero no era constitucionalista sino separatista. Los azules de Martín Villa oteaban el horizonte. Y el propio Adolfo Suárez quería fundar un partido progresista, para luchar contra la influencia "de la iglesia, la banca y el ejército".

Pero la situación, hoy, todavía, del PP, es diferente. Es un partido unido, sin fracturas ideológicas. El único que puede romperlo, por su incapacidad de liderazgo, es el propio Rajoy. Porque su inseguridad llega a tal extremo que, en mi opinión, ni siquiera integrará en su equipo a Ruiz Gallardón.

5º) La cuestión de fondo en el PP no es de ideología, como afirmaba, de alguna manera, Esperanza Aguirre. En el PP casi todos, pero sobre todo Esperanza Aguirre, son liberales en lo que se refiere a los ingresos públicos pero todos, sin excepción, son socialdemócratas en el gasto. Los líderes autonómicos del PP gastan con criterios populistas y hacen políticas intervencionistas.

La cuestión de fondo del PP es la del liderazgo, la imprescindible cualidad para dirigir un partido político. Aznar era, en sus comienzos, un mal parlamentario y un mal dialéctico. Luego mejoró tanto que se convirtió en un azote insuperable para Felipe González. Pero Aznar era un líder. Demostró ser un magnífico consejero delegado de la "empresa España" y, por supuesto, de la "empresa Partido Popular". Y no por ello dejó de ser un pésimo director de recursos humanos y de comunicación. Pero lo más importante en una empresa es la dirección. La mayoría de los otros temas son delegables.

Yo no veo a Rajoy como consejero delegado de la "empresa Partido Popular", y tampoco, por lo demostrado hasta ahora, tiene grandes cualidades para la comunicación ni para la dirección de personal. Y, como muchos españoles, dudo de que pueda convencer a la mayoría de que tiene cualidades para dirigir acertadamente la "empresa España".

No sé quién puede sustituir a Rajoy. A mí no me incumbe porque no soy militante de su partido, aunque sí votante. Pero me temo que hay tiempo para hacer varios intentos. Un 60%-40% del voto no da muchas opciones a corto plazo. Excepto accidentes, políticos o económicos. Que siempre ocurren. Cuando menos se espera.

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