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Un país sin fronteras

En la medida en que los inmigrantes legalizados se integren en la vida económica española y en el estado de bienestar, llegarán millones de personas que se acogerán a la inserción familiar.

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Reproducimos a continuación el primero de una serie de artículos escritos por Alberto Recarte para Libertad Digital que conforman el ensayo titulado La nueva España. El trabajo completo consta de los siguientes capítulos:

  1. Un país sin fronteras
  2. Nuestra economía
  3. A la espera de reformas
  4. Nuestra inmigración: ¿qué inmigrantes tenemos?
  5. Aspectos positivos de la inmigración
  6. Aspectos negativos de la inmigración
  7. Conclusiones

Un país sin fronteras

1. Introducción

Este pequeño ensayo pretende ayudar a entender cómo es la España actual, de más de 44 millones de habitantes. Desde un punto de vista económico es muy diferente un país con 39,6 millones de habitantes (de los cuales sólo 140.000 eran extranjeros) y 12,5 millones de ocupados, como era la España de 1996, a otra de 44 millones y casi 20 millones de empleos. Nuestra economía se ha transformado, no cualitativamente, pero sí cuantitativamente. En los últimos diez años hemos pasado de tener un PIB de 464.000 millones de euros en 1996 a otro de 972.000 millones de euros en 2006. Ello ha sido posible por un conjunto de decisiones y acontecimientos políticos y económicos, por la incorporación de la mujer española al mercado de trabajo y por la contratación de mano de obra inmigrante. Nuestro acercamiento a la Europa más desarrollada en términos de renta per cápita no debe hacer olvidar que nuestra economía es muy diferente de la de esos países, entre otras razones porque es ahora cuando se ha producido en España el fenómeno del crecimiento del empleo, que en la Europa más desarrollada ocurrió en los años sesenta.

Este análisis no habría sido posible sin el trabajo del economista del Estado Alberto Nadal titulado "Efectos económicos de la inmigración en España". En concreto, las cifras referentes a los inmigrantes, a su evolución y todos los datos que reproduzco en mi análisis sobre el fenómeno inmigratorio han sido elaborados por Alberto Nadal. También son fruto de su trabajo los cálculos sobre ingresos y gastos públicos, en concreto los cuantificables, así como las proyecciones y la valoración sobre lo que aportan al PIB.

2. España: un país sin fronteras

España no es dueña de sus fronteras. Por diversas razones: desde las históricas, que explican que alrededor del 40% de los más de 4 millones de inmigrantes llegados a España en los últimos años sean latinoamericanos; hasta las legales, pues España es un país muy garantista y permisivo, como ocurre tantas veces con los países que acceden a la democracia tras largos años de dictadura; hasta el funcionamiento de la justicia, que, en temas de derechos personales, extrema interpretaciones que son completamente ilegales; hasta la propia intervención de las administraciones públicas, desnortadas por un permanente conflicto de competencias entre la administración central, la autonómica y la local, y que en el tema concreto de la inmigración tienen intereses muchas veces contrapuestos, pues los ingresos fiscales de las administraciones locales y autonómicas están ligados al número de habitantes, lo que, en teoría, convierte a éstas en potenciadoras del crecimiento de la población censal por cualquier medio.

Por su parte, en la administración central se produce un conflicto permanente entre el Ministerio del Interior, desbordado por la presencia de delincuentes organizados entre los inmigrantes, y la seguridad social, que pretende cobrar el máximo posible, en concepto de cotizaciones sociales, de los trabajadores inmigrantes, y a quien apoya tradicionalmente el Ministerio de Economía, interesado en fomentar, por motivos electorales, el crecimiento económico a corto plazo.

Finalmente, las políticas electorales, tanto entre partidos como entre políticos del mismo partido, pueden ser diferentes porque los ingresos y los gastos públicos, y por tanto el resultado de la gestión presupuestaria, ligados a la inmigración difieren, según el ámbito nacional, autonómico o local.

El resultado final es que nuestras fronteras están permanentemente abiertas. Y que seguirán llegando inmigrantes por dos vías: en primer lugar, siempre que haya demanda de trabajo y, en segundo lugar, en la medida en que los inmigrantes legalizados se integren en la vida económica española y en el estado de bienestar, llegarán millones de personas que se acogerán a la inserción familiar. En este aspecto, España es, nuevamente, un país con leyes muy permisivas.

3. España: un país sin estadísticas fiables

Si unimos a la inmigración el efecto de la globalización y la integración en el euro, nos encontramos con un país que desafía los análisis económicos –que se hacen mejor sobre la base de parámetros estables–, pues el descontrol sobre la población, sobre las relaciones exteriores y el desconocimiento de nuestra base monetaria, se traducen en la incapacidad del sistema para recoger los datos necesarios y en un correspondiente desorden estadístico, lo que dificulta la explicación del presente y las proyecciones a futuro. La última prueba de lo que digo la acaba de dar una vez más el Instituto Nacional de Estadística, que ha vuelto a revisar, al alza, el PIB de los últimos años. Por ello creo positivo recapitular sobre cómo es, hoy, la economía española, tras más de doce años de crecimiento ininterrumpido, acompañados de un aumento sustancial de la población.


Próxima entrega: Nuestra economía

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