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Alberto Recarte

Votar no a la Constitución Europea

Quiero escribir en la papeleta “sí a la Unión Europea, no a la Constitución de Giscard”. Porque yo, como creo que la inmensa mayoría de los españoles, somos europeístas.

Alberto Recarte
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Hace tiempo que había decidido emitir un voto nulo en el referéndum del próximo 20 de febrero, en el que se pedirá nuestra opinión sobre el nuevo Tratado constitucional de la Unión Europea, vulgarmente denominado "la Constitución Europea".
 
Voto nulo, porque quiero escribir en la papeleta “sí a la Unión Europea, no a la Constitución de Giscard”. Porque yo, como creo que la inmensa mayoría de los españoles, somos europeístas. Sabemos que nuestros derechos y nuestra libertad se garantizan mejor dentro de la Unión Europea que fuera. Y tenemos la experiencia de que cuanto más se estrechan nuestras relaciones económicas, más posibilidades tenemos de competir con libertad y de ampliar la penetración de nuestras empresas en el mercado europeo. La traumática experiencia de dos guerras mundiales y la defensa contra el comunismo, provocaron una reflexión entre los mejores políticos conservadores y liberales europeos, que les condujo a defender la colaboración entre naciones en lugar de la confrontación como forma de asegurar la paz, y la mejor de las colaboraciones, concluyeron, era asegurar la libertad: la libertad de movimientos de personas, bienes y servicios y capitales. Por eso, los que tenemos objeciones de fondo al texto de la nueva Constitución, elaborada por Giscard, –un hombre que protegió al entramado terrorista de ETA durante los años más difíciles de implantación de nuestra democracia, ratificada por Chirac y Schroeder, y, por supuesto, aceptada dócilmente por Zapatero, tenemos que explicar nuestra posición.
 
Al margen de desarrollar más ampliamente –tiempo tenemos todavía–, las razones para votar no a la nueva Constitución, las inmediatas son abrumadoras:
 
1ª) En la actualidad, la Unión Europea se gobierna de acuerdo con el Tratado de Niza, que fue ratificado por todos y cada uno de los miembros de Unión a 15 y aceptado, también, explícitamente, por los nuevos diez miembros. Por tanto, si no se ratificara la Constitución de Giscard seguiría en vigor el Tratado de Niza. No hay vacío legal, ni constitucional. De hecho, la Unión Europea seguiría funcionando –bien o mal– como hasta ahora, por tiempo indefinido.
 
2ª) Es verdad, y se señala como gran ventaja, que el texto de la nueva Constitución permite tomar decisiones con más agilidad. Pero no a todos: sí, sobre todo, a Alemania, y también al Reino Unido, Francia e Italia. El poder de decisión de España y Polonia, las grandes perjudicadas, sin embargo, disminuye. Por eso mi asombro, y el de muchos españoles, ante la falta de objeciones por parte del gobierno de Zapatero al texto que vamos a votar. Si se aprueba la nueva Constitución, el poder de España para influir en las decisiones políticas y, sobre todo, económicas, de la Europa a 25, se reduce drásticamente. Y quizá la constatación de este hecho, que habría sido puesto de manifiesto en la reunión con Polonia, explica la vagancia de Zapatero. No quiere saber nada que le recuerde sus debilidades. No quiso celebrar en Madrid la firma de la nueva Constitución, para no acordarse de que es presidente del gobierno como consecuencia directa del atentado del 11-M y no quiere reunirse con Polonia, para que no le recuerden que su posición en Europa ha quedado debilitada como consecuencia de su antinorteamericanismo, que le lleva a firmar cualquier cosa que le presente Chirac.
 
3ª) El tratado de Niza, actualmente en vigor, ya representó un sacrificio para España. Es verdad que logramos un número de votos superior, proporcionalmente, al que nos correspondía de acuerdo a nuestra población, pero también lo es que para equilibrar esa situación España cedió escaños en el Parlamento Europeo. Con la nueva Constitución tenemos menores escaños que en Niza y menos votos en el Consejo de Ministros. Por eso era necesario negociar, y por eso esta Constitución es negativa para España.
 
4ª) Contrariamente a lo que opinaba hace poco Ramón Pérez Maura en ABC, no es verdad que la nueva Constitución garantice la integridad territorial española. Si decidimos matarnos entre nosotros, la Unión Europea se abstendrá. No hay compromiso en ese sentido. La historia reciente europea ratifica lo que digo. La guerra civil en la antigua Yugoslavia estalló porque Alemania decidió apoyar la secesión de Eslovenia, aún a riesgo de prender la mecha de la confrontación. Nada detuvo a los políticos alemanes. Y en caso de conflicto territorial en España, cada país europeo tomará sus decisiones para defender sus intereses, incluso si eso supusiera una confrontación civil en España. La Unión Europea, en este sentido, ni es, ni será, con la nueva Constitución, una auténtica unión política. Otra cosa sería si los parlamentarios europeos se eligieran directamente por todos los europeos, y si el poder ejecutivo y judicial emanaran directamente también del voto ciudadano y desaparecieran los parlamentos, junto con los poderes ejecutivos y judiciales nacionales. Pero eso no se ha planteado, ni está en el texto de la nueva Constitución que es, básicamente, un acuerdo entre países, un Tratado, no una auténtica Constitución.
 
5ª) Es curioso que el argumento más contundente que emplean los partidarios del sí dentro del PP y los intelectuales del entorno conservador y liberal, es que votar no es votar lo mismo que los nacionalistas de Esquerra, el PNV y el BNG. Un argumento sin peso, porque las razones de los separatistas son, precisamente, las que he expuesto en el apartado anterior; que la nueva Constitución es un tratado entre países europeos y ellos no reconocen la existencia de España. Los que desde un entorno liberal o conservador, incluso quizá socialista, vamos a votar no, o emitir un voto nulo, a la nueva Constitución, sabemos que estamos votando un tratado entre naciones, pero nos horroriza la disminución del peso de España; por eso nos quedamos con Niza.
 
Seguiremos. Pero adelanto que estoy dispuesto a votar directamente que no y sacrificar mi explicación –en la propia papeleta– de porqué defiendo el fortalecimiento de la Unión Europea, pero sobre la base de la participación directa de los ciudadanos.

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