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Alfonso García Nuño

...y salió Benedicto XVI

El nombre elegido ha sido Benedicto. Pidamos a Dios que así lo sea él y que sea también para todos cauce de la bendición divina.

Alfonso García Nuño
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Suele decirse que el que en el cónclave entra Papa sale cardenal. En este caso no ha sido así, ha salido Benedicto XVI; casi todos habían puesto su confianza, incluso algunos sus temores, en Josef Ratzinger, uno de los cardenales que fue clave en el pontificado de Juan Pablo II y que ya desde su etapa de profesor de teología había acreditado unas grandes dotes y profundidad para la reflexión sobre las cuestiones divinas. Al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la que siempre tuvo la máxima confianza del anterior Papa, hizo siempre bueno lo que en la homilía de la misa por la elección del Papa dijo ayer: "Tener una fe clara, según el credo de la Iglesia, a veces es etiquetado como fundamentales. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse llevar de un lado a otro por cualquier forma de doctrina, aparece la única manera de comportarse en la actualidad". Y parece que lo sigue haciendo, ya que, apenas salido al balcón a bendecir a la Urbe y al Orbe, se han podido oír a diversos comentaristas tildarlo de ultraconservador, fundamentalista y otras lindezas. Sin embargo, de lo que podemos estar seguros es de que tendremos doctrina sustanciosa e inteligente y, por supuesto, los hechos irán desmintiendo a los augures de desgracia, pues la leyenda sobre su persona no es sino un decorado creado por determinados intereses mediáticos.
 
Benedicto XVI ha tenido unas primeras palabras muy significativas. En primer lugar, ha hecho referencia a que viene después de un gran Papa, lo cual no hace sino confirmar lo que ya podíamos esperar de él, alguien que aprecia y valora profundamente a Juan Pablo II y que seguramente tendrá en su antecesor el cimiento sobre el que construir su pontificado. También cabe destacar que ha hecho referencia a la alegría Pascual, algo muy central en su teología, altamente cristocéntrica y anclada en la Resurrección de Cristo, que siempre ha sido el centro del anuncio del Evangelio y el quicio del Credo. De esas sus primeras palabras, señalar por último que se ha confesado como un instrumento inútil que se pone en manos de la gracia divina y, cómo no, también de la Virgen María. Creo que este rasgo es sumamente significativo, Benedicto XVI es alguien con una gran firmeza y claridad en su fe, pero es también alguien que nos ha aparecido con un rostro que transparentaba la humildad del que sabe que la tarea le desborda y con el gozo y serenidad de quien confía en Dios.
 
Respecto al comienzo del pontificado de Juan Pablo II, los retos con los que se enfrenta Benedicto XVI son, en buena parte, diferentes, aunque muchos de ellos hunden sus raíces algunas décadas atrás. Si ya no hay guerra fría, sin embargo no estamos ayunos de tiranías de distinto tipo, incluidas las marxistas, y también ante el deterioro de diferentes regímenes que tímidamente comenzaban a democratizarse y que con la estación intermedia de la demagogia parecen caer irremisiblemente en el autoritarismo. Por otra parte, el 11-S y el terrorismo de corte islamista con los movimientos fundamentalistas aledaños presentan retos muy importantes tanto para la convivencia internacional y la estabilidad de los países democráticos, en la que están influyendo decisivamente los flujos migratorios que se desencadenaron a raíz de la caída del muro de Berlín. Y, desgraciadamente, la inmensa pobreza de tantos cientos de millones de hombres que, mientras hay sociedades que rinden culto al consumo y el placer, continuamente reta a nuestra conciencia. Benedicto XVI será una mano tendida a la reconciliación de los pueblos y una palabra firme a favor de los más necesitados.
 
Pero un Papa, además de ser la referencia moral más importante del mundo, es, ante todo, pastor de la Iglesia. Juan Pablo II preguntó a todos sobre la forma de ejercer el papado y, tal vez, Benedicto XVI va a tener que dar respuesta a ello en su propia carne; siendo fiel a lo que la fe nos dice que es el Papa, seguramente tendrá que seguir profundizando en la colegialidad episcopal y continuar acentuando los rasgos de servidor de la unidad de la Iglesia que vayan posibilitando cada vez más la tarea ecuménica. Junto a esto, creo que seguramente el reto más importante es el que se puso a sí mismo en la susomentada homilía: "Guiar a la grey de Cristo hacia una fe adulta".
 
Si su labor, hasta ahora, se ha centrado en la ortodoxia de la fe, sobre todo, en la teología, tal vez una de las tareas más apremiantes ahora sea la purificación y el fortalecimiento internos de la Iglesia, que demanda, por una parte, una sólida iniciación cristiana que lleve al que desee ser católico a serlo y que culmine en la incorporación a una comunidad de creyentes donde pueda vivir en plenitud su fe y, por otra, que la conversión y la fe no sean accesorios a la hora de acceder a los sacramentos.
 
El nombre elegido ha sido Benedicto. Pidamos a Dios que así lo sea él y que sea también para todos cauce de la bendición divina.

Alfonso García Nuño, sacerdote.

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