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El New Deal latinoamericano

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Anthony Giddens, padre de la “Tercera Vía”, ha dado a Lula y a Kirchner la bienvenida al club. Kirchner habla de un New Deal latinoamericano como respuesta a dos fracasos sucesivos: el despilfarro fiscal que llevó a la hiperinflación en los 80, y la política de privatizaciones y liberalización que causaron desempleo y endeudamiento en los 90.

¿En qué consiste el New Deal latinoamericano? En promover el crecimiento a través del gasto público sin inflación ni deuda, y en protegerse de la globalización no con aranceles altos sino a través de un bloque regional que negocie con Estados Unidos o Europa desde la fuerza. Así, Kirchner ofrece un monumental programa de obras públicas; Brasil y Argentina dinamizan el Mercosur, con miras a una integración constructivista, al estilo de la Unión Europea. Quieren negociar un ALCA con calendario más lento y vericuetos.

¿Es viable el New Deal latinoamericano? No. Las premisas son equivocadas. Se pierde de vista que las experiencias de los 80 y los 90 fueron variantes de un mismo mal. En los 80, el Estado, productor de bienes y servicios, usó agobiantes mecanismos de coacción, incluyendo la manipulación monetaria, para obligar a los ciudadanos a sostener el Ogro Filantrópico; en los 90, el Estado, aun cuando descargó responsabilidad productiva y comercial, usó agobiantes mecanismos de coacción, esta vez sin inflación, para forzar a los ciudadanos a sostener monopolios que, a cambio de exclusividad, financiaron al Ogro Filantrópico con crédito y algunos impuestos. El resultado en los 80 fue la hiperinflación y el estancamiento. En los 90 fue la suspensión de pagos (efectiva o potencial) y el estancamiento.

La segunda premisa equivocada: creer que el New Deal salvó al capitalismo norteamericano. El New Deal golpeó la inversión privada y el empleo, y postergó la recuperación. Según Harold L. Cole y Lee E. Ohanian, el empleo debería haber vuelto a su nivel normal hacia 1936 y los salarios hacia 1939. Pero en 1939 el desempleo seguía muy alto y la producción estaba 25 por ciento por debajo de lo normal. Robert Higgs demuestra que el daño a los derechos de propiedad retardó la inversión de largo plazo hasta 1941.

Ya en 1938, Garet Garret, uno de los escritores de esa brillante generación –conformada también por Albert J. Nock, H.L. Mencken, Rose Wilder Lane y Frank Chodorov– que denunció la deriva estatista de los Estados Unidos, escribió que en el mejor momento de 1937 la producción per cápita era todavía inferior a la de 1928. El New Deal no afectó los grandes intereses. Como ha escrito Sheldon Richman, “el New Deal fue la defensa del statu quo corporatista amenazado por la Gran Depresión”.

Partiendo de premisas equivocadas, Lula y Kirchner eluden la causa del subdesarrollo. Tanto en el Brasil como en la Argentina el gobierno expropia la insuficiente riqueza de sus ciudadanos. El Estado devora 40 por ciento del PIB en Brasil y 39 por ciento en Argentina (incluyendo gobierno central y provincias, además del servicio de la deuda, suspendido temporalmente en la Argentina). Un sistema de privilegios mantiene al 40 por ciento de los asalariados al margen de la economía legal en la Argentina, y el Brasil tiene más informales que el número combinado de empleados públicos y empleados de la industria formal. Inscribir una pequeña empresa en ambos países toma un cuarto de año y cuesta dos tercios del PIB per capita, como lo muestra un estudio serio de Harvard.

Nada de esto se está atacando. Lo que se ataca son síntomas, no causas. Lula pone topes e impuestos a las pensiones, y aumenta la edad de la jubilación, para que la situación fiscal no se descarrile y Wall Street no se rompa de nervios. El resto son programas y agencias gubernamentales para combatir el desempleo y la pobreza. Kirchner anuncia un programa de obras públicas de casi 3 mil millones de dólares en vista del superávit generado por la suspensión de pagos y del crecimiento económico (6 por ciento en mayo y 5 por ciento en el primer trimestre del año, el mayor de América Latina). Olvida que ese crecimiento se debe a las exportaciones que se beneficiaron con la devaluación y al fuerte consumo de capital.

Finalmente, a través del Mercosur, ambos aspiran a reproducir a nivel regional el Estado que impera en casa. (Mientras tanto, Chile, más pequeño y libre de estructuras regionales, acaba de firmar en Noruega un enésimo acuerdo comercial, esta vez con la Asociación Europea de Libre Comercio). El “New Deal” latinoamericano apunta al fracaso porque salva lo insalvable: la estructura que condujo tanto a la hiperinflación de los 80 como al desempleo de los 90. Los New Dealers quieren evitar inflar la moneda o endeudarse más. ¿Qué les queda? Impuestos. Y cuando los nuevos impuestos sean incapaces de sostener el aumento del gasto fiscal, y el gasto fiscal sea incapaz de sostener el crecimiento, ¿qué ocurrirá? Elemental, querido Watson: lo que ocurre en estos momentos en el Perú.

© AIPE

Alvaro Vargas Llosa prepara, bajo el auspicio de The Independent Institute, un libro sobre las reformas latinoamericanas de los años 90.

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