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Amando de Miguel

De política y religión

Amando de Miguel
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José Abelda (Valencia) asiste con frecuencia a este corralillo, pero echa de menos “algún artículo de opinión aportando su visión sobre los muchos temas de actualidad”. Puede ver usted mis opiniones sustantivas en La Razón, en la COPE, en los chateos de LD, en La Ilustración Liberal y de tanto en tanto en televisión. Ahora mismo estoy escribiendo un ensayito sobre “Los españoles y la religión”. Materia más trascendente no puede haber. No tendría espacio si en esta seccioncilla incluyera también opiniones sustantivas. Aun así, a veces se deslizan a propósito de las solicitudes de los visitantes.
 
Raúl de Juan (de 32 años) sostiene que el saludo “¿qué tal?” no se explica por la intención de sustituir el tradicional “buenos días”, según decía yo, un contracción de “buenos días nos dé Dios”. Su interpretación es que el asunto “nada tiene que ver con la supuesta laicización que usted menciona”. Añade que la tal laicización es “algo a lo que la sociedad tiende de forma natural al aumentar su nivel cultural y científico”. En primer lugar, yo no empleaba esa palabra de “laicización”. Simplemente aludía que la palabra “Dios” desaparece de muchas expresiones cotidianas. Es una pena, porque con esa palabra se forman frases muy felices. Recuerde: “A quien Dios se la de, San Pedro se la bendiga”. O también, “Ojo al Cristo que es de plata”. No hace falta ser una persona religiosa para dar cabida a esas frases tan expresivas. Por otra parte, laicización es una palabra religiosa: reducir al mínimo el círculo de lo sagrado o trascendente. Otra cosa, no hay evidencia de que lo religioso desaparezca según avance la ciencia. No hay más que ver el caso de los Estados Unidos donde se acumula la ciencia y la espiritualidad. Recomiendo el estupendo libro de Antonio Fernández Rañada, Los científicos y Dios (Nobel).
 
Javier Gil comenta: “Hasta más o menos 1993 la palabra fascista representaba, a mi entender, una persona que era proclive a las ideas fascistas, representadas por Mussolini y por el General Franco. A partir de esa fecha… se está utilizando ese término para señalar a toda persona que no está de acuerdo con el pensamiento, las ideas o la chorrada que se le ocurra a una persona de izquierdas”. Don Javier desea saber qué término es el correcto.
 
Como es sabido, el término fascista procede de Fascio, el movimiento político de Mussolini. La palabra proviene de los fasces o haces, el símbolo de la Justicia romana. (Lo utiliza la Guardia Civil en España). Unamuno propuso que los fascistas fueran llamados fajistas en España, puesto que los fasces latinos dieron en español haces y también fajos. Ya en la República y sobre todo en la guerra civil el término fascista fue utilizado por la izquierda como un insulto. Se impuso también facha con el mismo sentido. Esa derivación entroncaba con faccioso, que era como llamaban los liberales a los carlistas en el siglo XIX. Así pues, no hay que esperar a 1993 para que fascista o facha sean insultos en boca de la izquierda menos educada. Otra cosa. No está claro que Franco pueda ser considerado fascista (en sentido técnico), por muy Jefe Nacional de Falange que se autoproclamara. Con más propiedad sería fascista José Antonio Primo de Rivera, pero tampoco lo fue del todo, por mucho que admirara a Mussolini. También algunos socialistas españoles admiraron al primer Mussolini, quien originariamente fue socialista. Recuérdese que el partido de Hitler se llamó “nacional-socialista”.
 
Un tal “Flavio” (su “pseudónimo en la red”) me comenta que el “mal llamado saludo fascista”, es realmente el saludo romano y más propiamente el saludo ibérico. Se trata del gesto de alzar el brazo con la mano abierta, que al parecer practicaban los iberos (no hace falta hacerla esdrújula). En mi opinión, la historia es bonita y satisface mucho nuestro nacionalismo ibérico, si es que existe tal cosa. Pero la historia no se sostiene. Muchos pueblos antiguos (no solo los iberos o los romanos) practicaron ese lenguaje de los gestos por el que el de alzar el brazo con la mano abierta significaba saludo, paz. Es algo que se le ocurre a cualquiera. Es la manera más expresiva y directa de señalar al interlocutor que uno no lleva armas; luego viene en son de paz. Otra cosa es que luego los belicosos fascistas eligieran ese mismo saludo por su reminiscencia romana.
 
Más verosímil es la otra historia que cuenta don Flavio sobre la “espada ibérica” (creo que se llamaba falcata), que fue copiada por los romanos. Me remito a la estatua de Viriato que está frente al Parador Nacional de Zamora. Visto de perfil, la falcata del caudillo lusitano semeja un soberbio atributo viril. Viriato alza su brazo con la mano abierta en perfecto signo de salutación ibérica. Es algo digno de ver. Esa imagen me ha dado pie para el argumento de una novela que acabo de terminar.

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