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Amando de Miguel

Dichos, frases hechas

Recuerdo que la frase citada de “no hay mal…” la repitió Franco como comentario del asesinato del almirante Carrero Blanco. Fue en el discurso de Navidad en 1973. Los españoles de entonces nos quedamos estupefactos.

Amando de Miguel
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e-pésimo [vaya nombrecito] me pregunta qué quiere decir “Verde y con asas”. Muy fácil. El dicho completo es “verde y con asas, alcarraza”. La alcarraza es una especie de botijo que refresca muy bien el agua. Se suele fabricar con un barniz verdoso en ciertas partes de Andalucía, siguiendo la tradición de los alfares musulmanes. El dicho se toma como una charada de lo obvio o evidente. Es como decir “¿de qué color era el caballo blanco de Santiago?”. A mí lo que me intriga es saber el significado de “e-pésimo”. No acabo de entender la obsesión del anonimato de algunos de los libertarios. Tampoco es tan complicado firmar con un seudónimo. Aquí no se pide ningún carné de identidad. Pero me gusta dirigirme a personas.

José-Vicente Martín aduce que la expresión, tan difícil, de “solución de continuidad” viene de la Medicina. “Así, por ejemplo, una fractura es la solución de continuidad, total o parcial, de un hueso. Es decir, el hueso queda interrumpido en su continuidad […]. La Patología médica clasifica las lesiones como sin solución de continuidad de los tegumentos (por ejemplo, un hematoma) o con solución de continuidad de tegumentos (por ejemplo, una herida)”. Resumiendo ─a ver si lo he entendido bien─ sin solución de continuidad equivale a sin interrupción, sin corte, sin fractura. Qué rebuscamiento.

Antonio Velázquez Rivera (Ceuta) sostiene que el refrán “nunca es tarde si la dicha es buena” no tiene lógica. En su lugar, el refrán original debió de ser “nunca es tarde si la dicha llega”. Es razonable lo que dice, pero en todos los diccionarios que he visto se lee la primera versión. La dicha se refiere a que nuestra suerte está prevista en la mente divina o de alguna otra potestad mágica. Aunque la dicha sea buena (la mala sería “desdicha”), puede que quepan grados de bondad. Por ese lado, el refrán tradicional tendría su lógica. Tampoco es que sea muy feliz.

José María Iboleón Adarraga (Sevilla) aduce que la manida y misteriosa expresión de “ladran, luego cabalgamos” debe de asociarse a la caza del zorro en Inglaterra. Lo ignoro. Dejo ahí la sugerencia por si algún conocedor del inglés sabe decir algo sobre el particular. Seguimos sin saber de dónde procede la frasecita de marras.

Mario Salinas comenta una frase de Fernando Sánchez Dragó en El Mundo: “El Tao nos enseña que no hay mal que por bien no venga”. Añade don Mario, con gracia, que a él se lo enseñó su abuela y que a don Fernando le faltó decir: “El Tao nos enseña que a quien Dios se la dio, San Pedro se la bendiga”. En efecto, muchas frases hechas lo son seguramente en diferentes culturas y no hay que buscar orígenes nobles. Recuerdo que la frase citada de “no hay mal...” la repitió Franco como comentario del asesinato del almirante Carrero Blanco. Fue en el discurso de Navidad en 1973. Los españoles de entonces nos quedamos estupefactos. La broma macabra habría sido genial de insistir Franco en que eso es lo que nos enseña el Tao.

Un correo con el nombre intraducible (qué manía, no poner ni siquiera un seudónimo) señala, con buen acuerdo, lo absurdo de la frase hecha “amasijo de hierros retorcidos” al referirse a un grave accidente aéreo. Comenta don anónimo: “No me extraña que el avión se estrellara, estando hecho de hierro en vez de aluminio”. Lo que pasa es que no queda muy dramático lo de “amasijo de aluminio y de plásticos retorcidos”.

Silvia Carretero (Madrid) se pregunta de dónde puede venir el uso vulgar de “estar empanao” para calificar a “una persona medio adormilada, que no se entera de nada”. El origen está claro. En el lenguaje coloquial una empanada mental es un lío o confusión de la mente, del lenguaje. Es fácil adivinar que así se describe un cerebro fofo, reblandecido, pastoso, en el que no se establecen bien las conexiones o sinopsis entre las neuronas. Así pues, el “estar empanao” es un insulto más, por si tuviéramos pocos donde escoger. Por cierto, el Inventario general de insultos, de Pancracio Celdrán, no lo recoge. Sí lo trae en cambio, el Diccionario del insulto de Juan de Dios Luque y colaboradores. Señala que es una variante de “tonto” que se aplica especialmente al recluta recién llegado al cuartel. El novato suele entender mal el funcionamiento de las normas no escritas que se aplican a la institución que lo admite.

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