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Amando de Miguel

Don de lenguas

Respecto al chino mandarín, don Mikel observa que la tendencia actual es que la población joven de China se pase en masa al pinyín o chino mandarín estándar. Ha sido fundamental la utilización generalizada de la comunicación telemática.

Amando de Miguel
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Mikel Morris me envía una documentada información que corrige o matiza algunas de las afirmaciones que yo había hecho sobre el vascuence y el chino. Reconozco mi ignorancia sobre el particular, si bien esos dos idiomas me interesan mucho por la especial significación que tienen para España y para el mundo respectivamente. Hablo de oídas o de leídas; por eso lo que yo he afirmado aquí sobre el vascuence o el chino no se sostiene mucho. Don Mikel confirma que oficialmente se ha suprimido la <ñ> en el vascuence unificado, pero no en todos los casos. Yo lo que quiero saber es si puedo seguir llamando a mi hijo "Iñaki". Asimismo, según don Mikel, hay una tendencia en el euskera oficial a suprimir la <c> y la <v>. Incluso ahora se estila escribir "Bartzelona" para evitar la infausta <c>. Me sumo a la melancolía que todo eso le produce a don Mikel. Respecto al chino mandarín, don Mikel observa que la tendencia actual es que la población joven de China se pase en masa al pinyín o chino mandarín estándar. Ha sido fundamental la utilización generalizada de la comunicación telemática. Eso significa la pérdida definitiva de los dialectos, algunos antaño tan poderosos como el cantonés. No me queda claro si la adopción generalizada del pinyín supone aceptar una escritura alfabética. Eso sí sería una verdadera revolución de alcance universal. De no ser así, el mandarín no llegará a ser una lengua de comunicación internacional, por mucho que lo hablen mil millones de personas.

Carlos Muñoz-Caravaca anota un error cada vez más frecuente. Consiste en la fórmula vocativa de "señor + nombre propio", por ejemplo, "Oiga usted, señor Carlos". En efecto, yo también he observado ese lamentable uso. Una vez, en un debate televisivo, un líder sindicalista se dirigió a mí como "señor Amando". Le contesté, "Por favor, dígame don Amando o señor De Miguel". El hombre no entendió bien a qué me refería yo. Seguramente creyó que era un capricho mío. Esa manía del "señor + nombre propio" quizá provenga del catalán o, más probable, de la ignorancia generalizada. A mí me suena como un vulgarismo, si bien la cosa tampoco es tan grave.

Agustín Fuentes (siempre tan pulido) me dice que no entiende la expresión "corregir exámenes", cuando realmente no se corrigen sino que se evalúan. Añado que los exámenes escritos ni siquiera se devuelven a los interesados, por los problemas de reclamación que podría ocasionar esa acción. Si de mí dependiera, los exámenes tendrían que ser orales y, a poder ser, delante de un tribunal. Así hice yo mi examen de preuniversitario para poder culminar mi bachillerato. Recuerdo el tema que me tocó: "La organización del trabajo en el Perú de los incas". Me dieron premio extraordinario. Los exámenes escritos que he tenido que "corregir" recientemente aparecen llenos de faltas de sintaxis y de sindéresis. Y luego dicen los estudiantes que no encuentran trabajo.

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