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Amando de Miguel

El discutido porqué de los dichos

Respecto a la expresión de "tocar madera", Raúl Muriel (Jaén) advierte que en Italia el dicho equivalente, que da buena suerte, es "tocar hierro". A saber de dónde proceden tales supercherías.

Amando de Miguel
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Álvaro Vivar me pregunta si el nombre de capisayo (al parecer del vasco kapusay) no tendrá algo que ver con la frase "hacer de la capa un sayo". Y aún algos. Se trata de dos prendas holgadas parecidas: la capa o capote con capucha y el sayo o vestido con botones. El capisayo puede ser una combinación entre las dos prendas. "Hacer de la capa un sayo" equivale a hacer lo que a uno le venga en gana, con prescindencia de la opinión de los demás.

Respecto a la expresión de "tocar madera", Raúl Muriel (Jaén) advierte que en Italia el dicho equivalente, que da buena suerte, es "tocar hierro". A saber de dónde proceden tales supercherías. Seguramente lo que quieren decir es que, para que no nos sorprenda la desgracia, hay que estar apercibidos. Lo de menos es que sea madera o hierro lo que uno toque. Lo de más es que el interlocutor vea ese gesto de tocar algo que trae suerte.

Herbert García Nalón (Brasil) disiente de mi interpretación sobre la palabra "puñetas" (literalmente los puños de encaje de las togas) como ñoñismo para evitar decir "putas". Don Herbert sostiene que "hacer puñetas" es una expresión auténtica equivalente a "masturbarse". Por tanto, no es un ñoñismo y sí una expresión malsonante. Añade don Herbert que esa misma expresión de "mandar a hacer puñetas" con el significado de desprecio tiene su propio ñoñismo: "mandar a freír churros". Me convence don Herbert y retiro lo dicho. La única defensa parcialísima que cabe es que "puñeta" sin más puede ser una interjección que equivale a "tontería" o "cosa sin importancia". Pero, por lo demás, don Herbert tiene razón. No es el único que me ha hecho observar mi ignorancia sobre ese particular.

José M. Sexto (Vigo) anda intrigado con el dicho "aquí paz y después gloria" con el que indicamos el fin de una discusión un tanto pesada. Don José M. sostiene que originariamente quizá fuera "aquí gracia y después gloria", que aparece en algunos clásicos (Quevedo, Calderón). Sin embargo, la expresión tiene su lógica, derivada de los ritos católicos. El predicador solía concluir su sermón deseando a la feligresía la paz en este mundo y la gloria en el otro.

Paco Izquierdo se plantea la idoneidad de algunos dichos populares. Por ejemplo, "buscar tres pies al gato" (= meterse en complicaciones inútiles y mendaces) o también "no hay mal que por bien no venga" (= los malos ratos tienen algún efecto bueno). Don Paco asegura que los dichos auténticos deberían ser "buscar traspiés al gato" (= los gatos nunca se mancan cuando se caen) o "no hay mal que para bien no venga". Algo de razón tiene don Paco. Veamos. Según Covarrubias el dicho original es "buscar cinco pies al gato", porque "uno quiso probar que la cola del gato era pie" como extremo de "sofisterías y embustes". La cosa cambió porque en el Quijote (contemporáneo de Covarrubias) se dice "buscando tres pies al gato". Ya se sabe, un errorcillo de Cervantes se convierte en norma. O puede que funcionara aquí la ironía cervantina que se deslizaba algunas veces por retorcer las frases hechas. Sean cinco o sean tres, el meollo del asunto es que los gatos solo tienen cuatro patas, como todos los cuadrúpedos. Así pues, intentar hacerlos trípodos es una complicación inútil y mendaz.

Respecto a "no hay mal que por bien no venga" se trata de aplicar la sabiduría popular a un proceso que técnicamente se llama serendipidad. El más famoso lo cuenta el mismo Newton. Estaba durmiendo la siesta a la sombra de un manzano cuando se desprendió una manzana y le dio en la cabeza. Lejos de maldecir el incidente, Newton (que era muy religioso) empezó a cavilar hasta llegar a la formulación de la ley de la gravitación universal. La secuencia puede parecer fantasiosa, pero se ha probado muchas veces que los descubrimientos geniales se deben a circunstancias fortuitas que se muestran primero como desagradables. Vamos, que se hace de la necesidad virtud.

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