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El insólito descubrimiento de la familia

La derecha ya la había descubierto hace mucho tiempo. Lo nuevo es el redescubrimiento de la familia por parte de la izquierda sedicentemente progresista.

Amando de Miguel
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La derecha ya la había descubierto hace mucho tiempo. Lo nuevo es el redescubrimiento de la familia por parte de la izquierda sedicentemente progresista, laica y promiscua. Son abundantes los indicios de ese renovado familismo. Atónitos nos quedamos los españoles al ver cómo una aguerrida lideresa de la izquierda más radical amamantaba a su infante en medio de una solemne sesión del Congreso de los Diputados.

También hemos comprobado gozosos cómo los hoplitas de la sinistra fomentan el matrimonio de los homosexuales, bisexuales y transexuales. Es señal de que ahora valoran al máximo la institución matrimonial, antaño despreciada por burguesa y católica.

Y qué decir de la intensa solidaridad de ciertos clanes familiares: padres, hijos, yernos, nueras, cuñados, sobrinos, exes, etc. De modo más decidido, los descamisados de Podemos, instalados en el poder de algunas grandes ciudades, recompensan con suculentos altos cargos a la turbamulta de parientes y allegados. De nuevo, es otra demostración de la confianza que depositan en la familia, la gran familia. Antes rezaba unida; ahora cobra unida del generoso erario.

Las sospechas de corrupción en todos los partidos se apoyan muchas veces en la colaboración de los parientes. No pocos de los capitales acumulados en paraísos fiscales se disfrazan de herencias de un abuelo cariñoso, un padre solícito y previsor. Claro está, los muertos no delinquen; ni siquiera testifican.

En la operación de buscar testaferros para burlar al Fisco nada mejor que confiar en los vínculos de hermandad de sangre. Todo queda en casa. En los casos que digo el vínculo de parentesco sale reforzado. La familia española parece gozar de excelente salud para consuelo de obispos, teólogos y predicadores.

El asunto es más general. Los españoles confían muy poco en las personas ajenas a la familia o al pequeño grupo de amigos. Por eso proliferan tanto las pymes, los autónomos, los negocios familiares. Se creía que era una virtud exclusiva de la derecha, pero ahora vemos que no. La izquierda se aburguesa al descubrir las ventajas del parentesco, la estirpe.

Lo que irradia un admirable fervor por la parentela es la lista de grandes fortunas que han colocado sus ahorros en paraísos fiscales. Lejos de dilapidar sus caudales consumiendo cosas, los guardan en islas remotas para que alguna vez los lleguen a disfrutar sus herederos. Los más provincianos los depositan amorosamente en Gibraltar o en Andorra para que los hijos o los nietos no tengan que desplazarse mucho para cobrar el botín.

El amor filial se desborda en el caso de algunos líderes políticos. No solo se preocupan de asegurar un buen porvenir para los suyos. En el entretanto se desviven por ellos. Disfrutan de luengas vacaciones, no digamos si se añaden los dilatados periodos en los que tratan de formar Gobierno. De esa forma gozan de todo el tiempo para solazarse con sus respectivos cónyuges e hijos. Son un ejemplo de virtudes familiares.

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