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Epistolario de los libertarios consuetudinarios

A propósito del rubalcabose, José Antonio Martínez Pons, recoge la afirmación del candidato de que "tenemos el mejor sistema educativo del mundo para formar funcionarios".

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Hace unos pocos meses, en este mismo rincón, anuncié que un libertario, José María Navia-Osorio (de los Navia-Osorio de toda la vida) llegaría a ministrín de Sanidad en Asturias. Por fin lo consiguió, bajo la égida de Cascos. Acerté. Por una vez la Sociología ha cumplido s pósito fundacional de savoir pour prevoir, prevoir pour puvoir. Nos alegramos todos de que el primer libertario llegue al poder. Es un libertario sanitario y hospitalario. No se hará millonario con el erario. Me encantará ser su turiferario.

Por cierto, Silvino Blanco Vallina me aporta un dato interesante. Como es sabido, en Asturias menudean las palabras (generalmente cariñosas) terminadas en <-in>. Por ejemplo, ministrín para lo que en austero castellano es "consejero". Pues bien, observa don Silvino que a los calcetines en Asturias los llaman "calcetos". Son ganas de llevar la contraria. Añado que eso de la desinencia en <-in> debe de ser cosa reciente. La prueba es que en "La Regenta" no aparece. Escribo de memoria. Alguien me corregirá.

Asunto estrafalario por demás es el que me cuenta Agustín Fuentes. En Austria se ha planteado la cuestión de que un ciudadano ha solicitado hacerse la foto para el carné de identidad tocado con una especie de colador. Aduce que pertenece a la iglesia del espagueti volador y que se declara ateo militante. Ya es contradicción lo de ateo e iglesia. Sin embargo, el hombre exige que se le permita fotografiarse oficialmente con el colador sobre la cabeza, lo mismo que otras personas van con turbante o con velo. El ateo se ha salido con la suya; no en vano estamos en una época de tolerancia, también en la patria de Hitler.

Otro libertario entrañable, mi amigo y vecino José Manuel Morán, toledano él, me comunica su plan de dar la vuelta al mundo sin subir a ningún avión. Espero que nos vaya enviando sus crónicas desde los varios continentes, selvas y desiertos. Si alguno se encuentra a mi amigo en Tanganika, le dirá: Doctor Morán, I presume.

Ignacio Frías me critica el rubro de "La rubalcabose" que he dado a uno de mis billetes en el facebuc. Él sostiene que tendría que haber sido "el rubalcabose", si es que quiero jugar con "el acabose". Tiene razón. No sé por qué me salió el femenino. Quizá me contagié de la caraba o la órdiga, exclamaciones que quizá sean ñoñismos.

A propósito del rubalcabose, José Antonio Martínez Pons, recoge la afirmación del candidato de que "tenemos el mejor sistema educativo del mundo para formar funcionarios". El mallorquín deduce que esos funcionarios deben de ser los irresponsables que ahora medran. Como profesor que es, don José Antonio opina que el fracaso escolar no es que los alumnos no aprueban, sino que no aprenden. Rubalcaba prefiere la etiqueta de "abandono escolar". Es curioso, un socialista prefiere el término "abandono", que es individualista, y no el de "fracaso", que alude al sistema escolar. Me cuenta el de Mallorca que un conocido se sacó la carrera de ingeniero sin haberse examinado jamás. Simplemente, se valía de distintos amigos para que se examinaran por él. Es una idea.

Certifico un suceso parecido que a mí me sucedió hace algunos años. Tenía un alumno que iba todos los días a clase, pero no tomaba apuntes. El hombre seguía muy atento la clase y hacía algunas preguntas interesantes, pero no tomaba apuntes. Al final de curso ese atento estudiante me pidió la excepción de hacer un examen oral. Ante mi razonamiento de que el examen era escrito para todos como forma de comparar y de que hubiera una constancia documental, el mocetón se sinceró. Me dijo: "Mire, tengo un invernadero y el negocio me va muy bien. Hay un empleado que me lleva las cuentas y los papeles. Ahora me he decidido a adquirir una cultura, pero no necesito el título para seguir en mi trabajo. El problema es que yo no sé escribir. Estoy terminando la carrera y he pedido a todos los profesores que me hicieran los exámenes orales. Así he ido aprobando todas las asignaturas. He ido a todas las clases y he aprendido mucho, pero me es imposible poder escribir. A mis años ya no puedo aprender". Parece un sueño, pero el suceso fue real. Como puede verse, yo también soy un libertario estrafalario y septuagenario.

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