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Amando de Miguel

Gramática para andar por casa

El femenino tradicional es "poetisa", aunque recientemente las escritoras insisten en llamarse "poetas". Viva la ambigüedad. Observo que lo de "ciudadanos y ciudadanas" (tan empalagoso) no se sigue para lo de "parados y paradas".

Amando de Miguel
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Jacinto Guerra Pizarro (Badajoz) se refiere a la cuestión del cambio de género de algunas palabras en el lenguaje popular. Aduce que en la Tierra de Barros dicen "la aceite". "Aceite" es masculino en toda tierra de garbanzos. Esto es, los pacenses que observa don Jacinto prescinden de ese capricho gramatical y dicen "la aceite". Más grave es mi caso, que sabiendo la norma se me escapa decir "la aceite". Es posible que también se dijera así en mi Zamora natal.

Más interesante es la observación que hace don Jacinto de feminizar algunos sustantivos masculinos que se relacionan con la fuente de la vida, como "la mar o el calor".

Luis Lebredo (Redlands, California, Estados Unidos) asegura que cada vez se oye más lo de "ese agua" y otros ejemplos afines en los que el sustantivo femenino empiezan con una <a> tónica. Corroboro esa impresión. No es lo que prescribe la norma, pero el uso tiene mucha fuerza. Personalmente, me considero uno de los contagiados. Por lo mismo que digo "el agua" se me va la mente hacia "ese agua", aun sabiendo que "agua" es femenino.

Betty Gomeza desea saber si los números ordinales después del vigésimo pueden ser también los cardinales, "el cuarenta y cuatro (o el 44) presidente de los Estados Unidos". Efectivamente esa es la práctica. La teoría es que hay tantos ordinales como cardinales. Luego lo fetén sería el "cuadragésimo cuarto (o el 44º) presidente de los Estados Unido". Me inclino por aceptar la práctica. De otra forma la cosa queda un tanto ridícula. Por ejemplo, este año se celebra el setecientos noventa y siete (797) aniversario de la Batalla de las Navas de Tolosa. A ver quién logra decir sin atragantarse "el septingentésimo nonagésimo séptimo (797º) aniversario".

Gabriel Ter-Sakarian aconseja colocar los pronombres junto al verbo del que son complementos. Así, "voy a dártelo" es mejor que "te lo voy a dar". Mi oído me aconseja que ambas fórmulas son correctas y ligeramente distintas, pero no sabría decir cuál es el matiz de cada una.

Francisco Guadiana polemiza con un amigo suyo sobre si se puede llamar "poetisa" o "poeta" a una mujer que escribe poemas. El femenino tradicional es "poetisa", aunque recientemente las escritoras insisten en llamarse "poetas". Viva la ambigüedad. Observo que lo de "ciudadanos y ciudadanas" (tan empalagoso) no se sigue para lo de "parados y paradas".

Eneko Píndola (si entiendo bien el nombre) vuelve con lo de "las mil y una noches". Es una expresión tan establecida que resultaría forzado alterarla. Cierto es que "mil", como sustantivo, es masculino. Pero entiendo que, en la expresión dicha, "mil y una" aparece como adjetivo, por lo que la concordancia se mantiene con el femenino "noches". En cambio, se podría decir "los mil y un atardeceres" o "los mil y un jinetes".

Hug Banyeres (que sí sabe lo que hay que saber de Lingüística) está de acuerdo con que el uso del infinitivo como imperativo es algo que no supone "menoscabo de cultura ni ofensa a la lengua". No sólo eso. "Además ahorra, porque incluye tanto el vosotros como el ustedes". Estupendo. A mí me suena mejor "no fumar" que "no fumen" o "se prohíbe fumar". La Gramática (como el sábado) debe estar al servicio del hombre.

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