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Amando de Miguel

La grey de los españoles

Los españoles nos sentimos muy a gusto formando parte de una grey, quizá porque nos ayuda a generar ciertas defensas, una especie de 'inmunidad'.

Amando de Miguel
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La actual hecatombe de la pandemia ha generalizado la exótica expresión "inmunidad de rebaño". Traduce, literalmente, del inglés: herd immunity. Pero en inglés herd es tanto conjunto tumultuoso de animales como de individuos. Por tanto, la verdadera traducción debería ser la de "grey"; sirve, igualmente, para los animales y las personas. Quiere decir que las acciones o incidencias individuales tienen mucho que ver con lo que le sucede al conjunto de la sociedad.

España es algo más que una nación o un Estado. Es, también, una grey, no solo porque su censo es un amasijo de grupos étnicos, de algunas regiones cuyas minorías intelectuales y políticas pretenden que sean naciones. Es decir, los hechos colectivos determinan las situaciones individuales. Los españoles nos sentimos muy a gusto formando parte de una grey, quizá porque nos ayuda a generar ciertas defensas, una especie de inmunidad.

Por ejemplo, el ocio, para los españoles actuales, poco tiene que ver con el sosiego. Más bien, se entiende, hoy, como el resultado de estar con otras muchas personas y con el mayor ruido posible. Ese ocio significa, más que nada, extraversión. El verbo que le acompaña es salir. Se comprenderá, ahora, la enorme aflicción que ha supuesto el confinamiento de la pandemia del virus chino (ahora, de otras nacionalidades).

Para defenderse de la masa indiferenciada, los españoles se parapetan en el círculo íntimo: parientes, amigos compañeros, etc.; no todos ellos, sino los que el sujeto elige. Así pues, aparece un gregarismo controlado. Un criterio selectivo se basa en que la relación continua con unos pocos individuos se considera, implícitamente, que "trae suerte". La creencia en la suerte es fundamental en la vida cotidiana de los españoles. Nótese que, como cortesía o expresión de afecto, se desea "suerte", sin más, a la persona seleccionada. Se entiende que la suerte, como tal, tiene que ser buena. Las loterías, apuestas, juegos de azar o de envite son parte del paisaje cotidiano de relación. Los deportes como espectáculo (y posterior comentario) son otro elemento primordial del gregarismo. De igual forma, la identificación con un club de fútbol es una forma de identificación personal, que trasciende el deporte mismo. Por cierto, durante el tiempo de la pandemia han seguido funcionando los partidos de fútbol, solo que sin espectadores en los estadios. No importa, los programas deportivos de la radio o de la tele han seguido siendo centrales.

Lo anterior no quita para que la sociedad española se dibuje con un grado extremo de desigualdad. Ya no se establece en términos de patrimonio, como en el pasado reciente. La gran desigualdad es la que se fija entre los que mandan y los mandados o meros contribuyentes al Fisco. La distinción no es, solo, política. Se basa en la general desconfianza de los españoles hacia el prójimo, fuera, claro está, del elenco, que cada uno incluye en su círculo íntimo.

Lo dicho acarrea muchas consecuencias. Por ejemplo, en el mundo de las preferencias políticas, pesa más el implícito voto en contra que el voto a favor, establecido por la norma. Históricamente, ha sido siempre así. En la alborotada historia política contemporánea, cada cambio de régimen se fundamentó en el expreso rechazo colectivo del anterior. Se trata de posiciones duraderas. Un dato: en la actual vida pública española hay más antifranquistas que en tiempos de Franco. Es lástima que el sistema electoral no haya posibilitado el voto negativo, esto es, el partido político que rechaza vivamente el votante. Daría resultados consonantes con la realidad.

Rectificación. Mis amigos José María Navia-Osorio y David Amado me señalan, con acierto, que me confundí con el asunto del trabalenguas reseñado en un artículo anterior ("El tiempo fluctuante"). Pido perdón y rectifico para quedarme tranquilo. Anoten: bimensual (= dos veces al mes); bimestral (= una vez cada dos meses). Bianual (= dos veces al año); bienal (= una vez cada dos años). Ya decía yo que era un trabalenguas o trabateclas.

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