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Amando de Miguel

Las anfractuosidades de la política

Lo urgente parece ser ahora superar el desmoronamiento de la nación que han permitido los últimos Gobiernos de los dos grandes partidos establecidos.

Amando de Miguel
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Me fascinan las palabras que muestran significados dispares según el contexto al que se apliquen. Por ejemplo, política. Como sustantivo equivale a la habilidad para desenvolverse con astucia y soltura en la vida de relación. Como adjetivo se refiere a la familia del cónyuge de uno. Así, la suegra es la madre política. Interesa también la política como el arte o la capacidad relacionada con el gobierno de la sociedad en su aspecto público. Es claro que proviene del griego polis (= ciudad autónoma), que también da lugar a policía. Aquí la palabra es un tanto confusa. La prueba es que se traduce al inglés de tres maneras: a) politics equivale a los saberes que tratan de la gobernación de lo público; b) policy se refiere a una medida legal o una decisión que toman los poderes de una nación, y c) polity alude al espacio o lugar natural de la cosa pública.

Lo cierto es que, entre nosotros, la política, en cualquiera de sus acepciones, genera desconfianza, suspicacia o desprecio. La explicación está en que los cargos públicos, al manejar los dineros del erario, se sienten tentados de hacer favores con ellos, o incluso de distraer una parte de esos fondos. Es lo que entendemos por corrupción. En Estados Unidos se utiliza la voz político en español para aludir a los cargos públicos corruptos, o por lo menos a los que anteponen el afán de mandar a la idea de servicio a la comunidad.

Es claro que la política en España tiene mala prensa. Permítaseme un liviano recuerdo personal. De muchacho, a la hora de elegir carrera universitaria, me costó mucho convencer a mis padres de que mi deseo de estudiar Ciencias Políticas era una decisión respetable. Solo conseguí matricularme en esa facultad con la condición de hacerlo también en Derecho, una opción que parecía más segura.

A pesar de haber estudiado Políticas, nunca me dio por aceptar las diversas solicitaciones de acceder a un cargo político. En cambio, me ha interesado siempre estudiar, analizar y explicar los fenómenos políticos, sin ser propiamente un científico de la política, sino más bien un sociólogo generalista.

El Movimiento Nacional con el que se alzó Franco supuso un rechazo visceral de la política de la II República, de modo particular la del Frente Popular. Cuarenta años más tarde, otro movimiento inverso, el de la Transición, supuso una decidida oposición a la política autoritaria del franquismo. Otros cuarenta años después, nos encontramos en otro punto de inflexión que todavía carece de nombre. Lo urgente parece ser ahora superar el desmoronamiento de la nación que han permitido los últimos Gobiernos de los dos grandes partidos establecidos. Se añade la repulsa que ha producido la corrupción de todos los partidos que han gobernado. Cada uno se lo echa en cara a los otros, pero es como lo que le dijo la sartén a la cazuela: "Quítate que me tiznas". La actitud crítica la representan mejor tres partidos nuevos: Podemos (y sus sucesivas versiones, masculinas o femeninas), Ciudadanos y Vox.

La irrupción de Vox (realmente una palabra femenina) es la más reciente y del todo espectacular. Por cima de sus aspiraciones objetivas (por ejemplo, su programa económico, el único resueltamente liberal), se vislumbra la figura de su jefe, Santi Abascal. La primera impresión es que se trata de un tipo normal, con sentido común, sincero, cercano. Por ejemplo, se atreve a contestar "no sé" ante una pregunta sobre un asunto difícil. Se agradece la llaneza.

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