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Amando de Miguel

Lengua y política

Ni por asomo Zapatero es un pensador. Sus obras completas cabrían en un librillo de papel de fumar.

Amando de Miguel
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Miguel A. Taboada me envía el recorte de unas recientes declaraciones del premio Nobel Joseph Stiglitz sobre el presidente Zapatero. El famoso economista es un hombre muy agradecido, pues formó parte del grupo de expertos internacionales que asesoró al PSOE en la confección del programa en las pasadas elecciones. Transcribo parte de las ideas de Stiglitz: "Zapatero es uno de los pensadores más influyentes en el movimiento socialdemócrata. La manera en que se ha aproximado a temas como la inmigración, la igualdad de género y un amplio abanico de temas sociales y económicos es un modelo de referencia para otros socialdemócratas en el mundo. Ha creado un verdadero liderazgo." Al menos, el renombrado economista resulta coherente respecto a su opinión sobre Obama: "Obama nos trae esperanza. Es un símbolo de los valores de oportunidad y de honestidad que han caracterizado siempre a Norteamérica. Sus políticas económicas son como una bocanada de aire fresco para nuestro país."

Me siento muy satisfecho de opinar exactamente lo contrario del tal Stiglitz. No veo que Zapatero sea un socialdemócrata sino más bien un radical republicano en el sentido español de esos términos. Desde luego, ni por asomo Zapatero es un pensador. Sus obras completas cabrían en un librillo de papel de fumar. La forma en que se ha enfrentado Zapatero con el problema de la inmigración o de la crisis económica es particularmente irresponsable. El modo que ha tenido Zapatero de plantear la cuestión de la igualdad entre los sexos me parece ridícula y dañina, a la par de sexista. Desde luego, resulta consonante la admiración que siente Zapatero por Obama. Son dos pájaros de cuenta, tal para cual. A salvo queda la diferencia de que Obama es un buen exponente de la ética protestante de la vida, mientras que Zapatero es un ateo anticristiano. Por lo demás, ambos políticos solo saben manejar un tipo de política económica muy antigua y hoy nefasta: el aumento del gasto público, es decir, de los impuestos. Los dos son maestros en la retórica de no decir nada con palabras huecas.

José Mª Navia-Osorio comenta la socorrida metáfora de Francisco Camps al decir que el PP es como un gran trasatlántico. Sigue: "Yo no sé qué obsesión tenemos en el PP en compararnos con un barco. Recuerdo una reunión de la junta directiva del PP asturiano... [Uno de los asistentes pidió la palabra para decir que el PP era] la frágil barquichuela que se había convertido en una fragata poderosa". Añado que son muchos los clichés políticos que aluden a la navegación: "la nave del Estado", "el buque insignia de un partido político", "la velocidad de crucero con que avanza un proceso político", "el submarino [espía o infiltrado] de una organización política", "un discurso de gran calado", "el golpe de timón que da un dirigente político", "la deriva de tal o cual facción política", "el periplo de un presidente (= un viaje a distintos países"), "capear el temporal" (dificultades de todo orden). Las metáforas náuticas siempre son elegantes, como los blazer con botones de ancla.

José Mª Navia-Osorio me escribe que anda de "mudanza" laboral después de algunos pleitos. Le recuerdo que "mudanza" en griego es metáfora, así que seguimos con la lengua. Me pide don José Mª mi opinión sobre el último congreso del PP y sobre el tiempo que va a durar Rajoy. Me explico. Todos los discursos significativos del congreso me han parecido igualmente retóricos, con exceso de anáforas, un truco muy gastado. Nadie ha ido a la sustancia del asunto: cómo hacer que el partido sea verdaderamente democrático. No vale decir que los otros partidos tampoco lo son. Para acercarse a ese ideal democrático (es decir, vencer el tirón oligárquico) hay que ser mínimamente autocrítico y dejarse de triunfalismos.

Por otro lado, lo fundamental es aportar ideas concretas para la gobernación del país, sea capear la crisis económica o el desastre de las autonomías. Veo demasiada obsesión en "ganar las elecciones". Antes de eso hay que plantearse cómo convencer a la mayor parte de los españoles de que uno tiene ideas buenas para resolver los problemas colectivos. Parece que, para nuestros políticos, lo primordial es "ganar" y luego ya veremos cómo se dialoga. El diálogo no es nada si no se dice la sustancia de esa conversación. Tampoco me dice gran cosa lo de ser centrista o moderado. ¡No va a ser uno extremista! Para mi gusto, primero deben ir las ideas, luego los líderes y los equipos. Desgraciadamente ese orden lógico no es el que se ha seguido en el congreso del PP. Tampoco se va a seguir en el del PSOE, pero ese capítulo me atañe menos. Por eso me parece vana la especulación de cuánto va a durar Rajoy. Al menos me gustaría que el de Pontevedra dijera, como su antecesor en el cargo, que él solo piensa estar ocho años como máximo en el caso de llegar al poder. Un asunto fundamental es cómo define Rajoy su posición respecto a la enseñanza obligatoria en español (no solo del español). "Cómo se define" sin retóricas.

La última vez que hablé con Rajoy (hace un mes, a mi vuelta de los USA) me saludó así: "¿Cómo va lo de Villalba?" Por lo menos está informado e interesado en lo que ocurre en este rincón de la provincia de Madrid. Lo resumo. En Villalba la mayoría del electorado vota al PP en todas las elecciones menos en las municipales, donde la mayoría vota al PSOE. El problema es tan escandaloso como claro. El equipo que se presentó a las elecciones locales fue nombrado a dedo desde las alturas, sin intervención suficiente de las "bases" (las "jodidas bases" como se admite coloquialmente). Ese hecho, lejos de ser anómalo, es muy corriente en otros muchos municipios españoles. Azaña ya habló de los "burgos podridos". Era una mala traducción del inglés; quería decir los "distritos podridos" (rotten boroughs). Ahí le duele al sistema español de partidos, aquejado de "fulanismo", como decía Unamuno.

Por otra parte, no me lamento demasiado. En la Comunidad de Madrid el PP es el partido más sólido y prestigioso, más efectivo y cumplidor. No en vano, la comunidad madrileña es la más próspera de España en todos los terrenos. Lo cual no quiere decir que Gallardón sea la mejor salida para el PP nacional. Gallardón acarrea numerosos vicios de la izquierda, singularmente el derroche del gasto público. En tiempos de crisis es un remedio peor que la enfermedad. Decididamente la mejor solución para el PP está en seguir las ideas liberales (en el sentido español del término) y ahorrar dineros públicos. Verde y con asas.

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