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Los vaticinios se cumplen, maldita sea

Los contribuyentes todos sufragamos el ascenso al poder de los totalitarios.

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En la noche triste del 20 de diciembre pasado me tocó participar en la tertulia La Marimorena, de Carlos Cuesta. Había que improvisar un vaticinio sobre lo que iba a pasar después de los extraños comicios, en los que todos parecían haber ganado. Me atreví a pensar en voz alta que tendríamos un Gobierno de izquierdas con separatistas, la combinación que se impuso desgraciadamente en las elecciones de 1936. El resultado, ahora y entonces, es una España ingobernable.

Sigo con mi predicción, aunque matizo. Son evidentes las diferencias con la España de hace 80 años. Ahora hay mucha menos violencia en todos los campos y más igualdad en todos los órdenes. Algún progreso hemos logrado. Por cierto, me niego a admitir que la actual conjunción de la izquierda populista con los separatistas signifique un progreso, por mucho que se autoproclamen "fuerzas progresistas". Más bien significan el regreso a ninguna parte, la reacción contra la libertad, la igualdad y la fraternidad. A esta última la llaman ahora todos "solidaridad", un término anarquista. Vaya por Dios.

La degradación de la izquierda se observa en un PSOE que, ante la necesidad de coaligarse con Podemos, solo le exige que retire la idea del derecho de secesión para Cataluña. La condición no puede ser más ingenua o más tramposa, según se mire. Los separatistas catalanes, que son legión, no necesitan ningún referéndum, ni que se les reconozca el derecho a decidir su independencia. Ya han decidido separarse de España y lo han conseguido parcialmente como una cuestión de hecho. Por tanto, el PSOE se coaligará con Podemos, y con el Diablo, si hace falta. Todo sea por el privilegio de que los ágrafos publiquen en el BOE. Supondrá la liquidación del viejo partido socialista, obrero y español. Ya no es ninguna de las tres cosas. Se impone ahora una izquierda que llaman populista, esto es, totalitaria.

Hace un par de años estampé mi pronóstico en un libro sobre el ascenso de Podemos. Me llamaron de todo menos sociólogo. Sostuve que se trataba de la réplica como farsa del asalto al poder de los nazis. Lo fundamental era hacerlo a través de sucesivas elecciones. En ello estamos. Los contribuyentes todos sufragamos el ascenso al poder de los totalitarios. Habrá nuevos comicios en este año y los podemitas y sus secuaces seguirán ganando escaños. Entonan perfectamente con lo que se lleva en todos los órdenes. Ya se han instalado en el poder de algunas grandes ciudades. Pasito a pasito siguen el cuaderno de bitácora (mall traducido como "hoja de ruta") de Mi lucha.

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