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Amando de Miguel

Neologismos

Los lingüistas suelen decir que los neologismos son "préstamos" de los idiomas de procedencia. No me acaba de gustar esa imagen. El préstamo exige pago del precio y devolución de la cosa. En la lengua no se producen ninguna de esas dos situaciones.

Amando de Miguel
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Manuel Gago García insiste en que no encuentra la palabra sponsor en los diccionarios. Habrá que mirar bien. El DRAE trae esposorizar (= patronizar). El Diccionario de Manuel Seco acoge sponsor, pronunciado corrientemente como espónsor (= patrocinador). El Diccionario de Manuel Alvar Exquerra incluye espónsor (véase sponsor), sponsorizar (véase esponsorizar) y esponsorizado (= patrocinado). El Panhispánico incluye sponsor [sin tilde], pero remite a "patrocinador". La verdad es que la cosa está un poco liada. La palabra latina spónsor (= fiador) ha pasado al inglés en el sentido de "patrocinador de una acción deportiva o de cualquier otro evento masivo por parte de una empresa o marca comercial". Ese mismo sentido lo hemos incorporado al idioma español, pero entiendo que deberíamos decir espónsor y sus derivados, por mucho que el Panhispánico desaconseje esa hispanización del término latino o anglicano.

La importación es necesaria por cuanto "fiador" es más bien para un contrato civil y "patrocinador" tiene un sentido más general de amparar o proteger a alguien o algo. La esponsorización es una elegante fórmula de publicidad comercial. En los Estados Unidos la radio o la televisión públicas no suelen admitir anuncios comerciales pero sí listas de firmas comerciales, profesionales o instituciones que "esponsorizan" la correspondiente emisión. Es notorio el esfuerzo del negocio publicitario para convencer al público de que no vende lo que vende. Así, los anuncios pasan a ser "consejos".

Rolando D.H. Morelli (Philadelphia, Estados Unidos) me dice que ya existe el vocablo papisa; por ejemplo, "la papisa Juana" (un personaje de leyenda). Por otro lado, además de "banquetería" para el catering, también se dice "servicio de cantina a domicilio". Agradezco esas precisiones, aunque lo de "banquetería" (una sola palabra) me sigue pareciendo un estupendo hallazgo. Supongo que las brigadistas del lenguaje no sexista tendrán mucho que decir respecto a la voz "papisa" para un hipotético Papa que fuera mujer. Seguramente les gustaría más "Mama".

José María (sin más) me comunica un neologismo de su invención: alarmario, un vocablo que enlaza "alarma" con "armario". "Es algo así como un conjunto de temas o asuntos que producen, o pueden producir, alarma social". Añado que están muy de moda los vocablos terminados en -ario, como ideario, planetario o argumentario.

Sebastián de la Rica Castedo (Madrid) se introduce en la discusión sobre los aerogeneradores, que de momento se quedaba con la versión de aspavientos. Don Sebastián propone molinetes, palabra que ya existe para designar al juguete clásico de una varilla terminada en una rueda que gira con el viento. Sigue el concurso de los cazapalabras.

Santiago Roig revela un último neologismo en valenciano: aixerme. No es una palabra valenciana antigua sino la adaptación de Alzheimer, el médico alemán que bautizó esa epidemia de nuestros tiempos. Imagino que en castellano bien podríamos decir aljeme, que resulta tan castizo.

Advierto que los lingüistas suelen decir que los neologismos son "préstamos" de los idiomas de procedencia. No me acaba de gustar esa imagen. El préstamo exige pago del precio y devolución de la cosa. En la lengua no se producen ninguna de esas dos situaciones. Se dice "préstamo" porque en varios idiomas europeos se recurre a la metáfora de troquelar o acuñar las palabras nuevas como si fueran monedas, pero esa metáfora monetaria no resulta muy feliz.

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