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Amando de Miguel

Neologismos discutibles

Sigamos escribiendo internet aunque digamos interné, como decimos mirusté y escribimos "mire usted". No es malo que el habla se aleje un poco más de la escritura.

Amando de Miguel
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Daniel Ramos Sánchez se cachondea de mi parecer sobre el nombre de internet, que algún día puede que sea interné, según lo pronunciamos muchos en España. Don Daniel me envía un correíllo en estos términos: "Estimao don Migué. En su koluna de libertáz dijitá... etc.". Viene a decirme que se siente "un poko ofendío, triste y abergonzao" por mi propuesta ortográfica. Dios me libre de proponer nada. Simplemente razono que el idioma es cosa viva e irá evolucionando. Pero en ningún caso entreveo que el español se vaya a escribir de manera fonética. Ya en el siglo XVII el profesor de Salamanca Gonzalo Correas (o Korreas) propuso una escritura fonética del español, pero la iniciativa no prosperó. Ha fracasado muchas veces. Cierto es que el español es más fonético que el inglés, en el sentido de que presenta pocas dudas ortográficas (spelling), pero no siempre todas las letras equivalen a un solo sonido. Esa variación tiene una explicación histórica y al final confiere cierta gracia al idioma. Así que, estimado don Daniel, sigamos escribiendo internet aunque digamos interné, como decimos mirusté y escribimos "mire usted". No es malo que el habla se aleje un poco más de la escritura. La afectación nos pierde a los españoles. Cervantes dio con la genial idea de que el lenguaje afectado era el rasgo de un loco.

Carlos M. Padrón no está de acuerdo con mi tolerancia por el nombre de móvil con que llamamos al telefonillo personal que llevamos con nosotros a todas partes. Se pregunta don Carlos si no será una reacción de xenofobia ese nombre de móvil, como en el caso del ordenador en lugar de "computador". Mi impresión es que el llamado ordenador hace mucho más que ordenar o computar. Además, lo de "computador" suena muy mal en español. Para mi gusto tendría que ser llamado "ordenanza", pues cumple las órdenes del usuario. Pero el gusto personal poco puede hacer frente a la inercia de los neologismos. La inercia es que se imponen por la fuerza del uso general. No ha cuajado en España la etiqueta de celular para el teléfono que llamamos móvil. Lo de la técnica "celular" le trae al fresco al español del común. Lo de móvil se entiende porque el artilugio se mueve con nosotros, como parte de los objetos que llevamos encima. Son los que hay que dejar en la bandeja cuando nos obligan a pasar por el humillante arco de seguridad de los aeropuertos. Cierto es que en casa o en la oficina puede haber también un teléfono "inalámbrico", pero no es para que lo llevemos con nosotros cuando salimos fuera de esos recintos. Dice don Carlos que el nombre de móvil está "asociado casi siempre a crímenes y otras bajas pasiones". Hombre, no exageremos. Móvil es lo que se mueve, cualquier cuerpo en movimiento, como las galaxias todas del universo. Es inútil discutir. El teléfono con tecnología celular en España es el móvil. Para mi gusto sería mejor denominarlo teléfono sin más, por ser ya el más general y visible. El teléfono fijo o el inalámbrico serían variaciones interesantes, pero un tanto anticuadas. Es como el coche, que se refiere normalmente al de motor y no al de caballos. La lógica del lenguaje es la que impone el uso.

Josefina Poropat (Indiana, USA) arguye que las "tiendas de conveniencia" deberían ser llamadas tiendas de emergencia o de último minuto. No está mal, pero tampoco hay que rechazar lo de "conveniencia" por mucho que nos recuerde el inglés. En buen castellano conveniencia es "utilidad, provecho", derivado directamente del latín. ¿Qué mayor utilidad y provecho que disponer de una tienda cerca de casa, abierta las 24 horas?

Santiago Roig Mafé (Vinarós, Castellón) no está muy acorde con las nuevas palabras biocombustible, bioetanol, etc. En su lugar, propone un genérico para todas ellas fitoil, de "etimología irreprochable" según su criterio. Creo que la Academia Real de Libertarios la aceptará con gusto.

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