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Amando de Miguel

Neologismos y barbarismos

Quizá en español nos falten muchas palabras que indican voluntarismo. Nuestro idioma cristalizó para el fatalismo y la sumisión.

Amando de Miguel
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Agustín Fuentes comenta el uso eutrapélico que hago de ismaelitas, como los autores de los ismaeles (e-mails, emilios o correos electrónicos). Como todos saben, esa irónica propuesta de ismaeles procede de mi colega, en la Universidad de San Antonio, Francisco A. Marcos-Marín. Don Agustín sugiere que debíamos llamarlos ismailitas, como los miembros de la secta chií cuyo jefe es el Aga Khan. Añado que debe hacerse la distinción entre ismaelita (= descendiente de Ismael, hijo de Abraham y Agar) e ismaelí (= perteneciente a la secta chií cuyo jefe es el Aga Jan). Puesto que se trata de una broma para derivar una traducción coloquial de e-mail, parece más razonable quedarse con el neologismo de ismael. Así nadie puede considerarse aludido. Es fundamental tener en cuenta que las cuestiones del habla se enlazan muchas veces con el lado amable de la vida.

Fernando Villar y Villalobos (Guadarrama, Madrid) dice que le molesta el término constatar por ser un galicismo. Es cierto, tenemos el castizo comprobar, pero me da que lo de constatar tiene más fuerza. El hecho de que provenga del francés no es razón para rechazar su uso, sobre todo porque se halla establecido en España. Al constatar algo se indica una comprobación expresa, cuasi notarial o con apariencia científica. El tono asertivo que empleamos tantas veces los españoles agradece esas palabras rotundas como constatar. Yo no la empleo casi nunca, pero no me hagan mucho caso.

Fernando Guisado Cuéllar (gaditano residente en Huelva) propone una traducción de convenience store, tal como se emplea en su tierra: tienda de desavío o desavío a secas. No me convence mucho, pues desaviar es "quitar o no dar el avío o prevención que se necesita para algo". Lo más lógico sería "tienda de avío", es decir, tienda que vende provisiones a todas horas, de la manera más conveniente. Sugiero, gratis, un nombre comercial para ese tipo de establecimientos de conveniencia: Aviotiendas.

Xabier De la Maza y Aramburu comenta cuatro neologismos que se están abriendo paso en el mundo de la Economía. Consignados quedan:

  • Partenariado (de partnership = asociación o colaboración profesional o empresarial). Viene en el diccionario de Manuel Alvar Ezquerra.
  • Coopetitivo (= mezcla de "cooperador" y "competitivo").
  • Glokal (= mezcla entre "global" y "local").
  • Proactivo (= con iniciativa e imaginación).

José Olivares me asegura que en el mundo empresarial se acepta lo de proactivo en el sentido de "gran cooperador, entusiasta, positivo". José María Losada Liniers precisa que ese término describe a la persona que "hace que las cosas sucedan sin esperar a ver lo que pasa".

Sara Rivas (Santander) añade otro matiz: el carácter proactivo es "detectar lo que el cliente necesita antes de que me lo diga o incluso antes de que lo sepa él mismo".

Alejandro Alonso González opina que la proactividad es parte de la llamada "inteligencia emocional". Es la habilidad para afrontar cambios desfavorables a priori de un modo activo". En síntesis, "la persona proactiva busca siempre la ventaja que sea posible obtener de esa nueva situación". Más aún, "la actitud opuesta es la agresividad pasiva: talante lastimero ante lo que se considera una injusticia [...] Es el origen de muchas depresiones laborales".

Creo que hay que incorporar lo de proactivo al vocabulario cotidiano. Quizá en español nos falten muchas palabras que indican voluntarismo. Nuestro idioma cristalizó para el fatalismo y la sumisión. Sospecho que el éxito de esta seccioncilla es que se nutre de las espontáneas colaboraciones de muchos tipos proactivos.

Alberto Ace Ceinos (Montreal, Canadá; procedente de Santiago de Compostela, La Coruña) razona que la palabra fitoil para denominar al bioetanol no le cuadra mucho, "porque el etanol no es un aceite sino un alcohol. ¿Quizás fitol o fitohol?". Al final se inclina por el anglicismo biofuel. De todas formas, opino que hay un exceso de neologismos y nombres comerciales que introducen el prefijo –bio.

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