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Onomástica

A propósito de nombres propios que son rarezas, José Luis Germán me asegura que en la República Dominicana hay algunos niños que se llaman Usmail. La razón proviene de las cartas que provienen de los parientes que residen en los Estados Unidos. En el sello se lee "U.S. Mail" (= Correos de Estados Unidos). Estupenda ocasión para llamar a un hijo Usmail. Es una forma de adelantar su futura emigración a "los Estados".

Ya de paso, don José Luis aduce una magnífica imagen para concluir que nuestro idioma común es el español y no el castellano. El gran río tranquilo que es el Amazonas se forma en su origen con varios zigzagueantes ríos que son como sus fuentes. Uno de ellos es el Marañón. Sería injusto llamar Marañón al gran río Amazonas. Por lo mismo, el español es al final mucho más que la fuente del castellano. Hasta aquí el impecable razonamiento de don José Luis. Una única observación. ¿Qué hacemos con los españoles, hijos de españoles, que hablan español y no quieren ser españoles?

Lo de los nombres propios con imaginación no tiene límite. Ángel Guerrero Eguíluz me cuenta que conoce a una señora de Madrid que, al quedarse embarazada, pensó en ponerle el nombre de Christian Dior a su vástago. Pero la criatura resultó ser niña. La solución es que la niña se llama Diorena.

Más ilustraciones. Fausto Deza Pulido ha encontrado que algunos niños de Honduras llevan nombres tan curiosos como los siguientes: Yonboi (= young boy, muchachito), Viagra (= como gratitud al medicamento), Obimar (de "obispo y mártir" como se trata a algunos santos en los calendarios).

Leonardo Masina me envía una lista don docenas de imaginativos nombres propios que ponen a sus hijos los maracuchos (= los habitantes de Maracaibo, Venezuela). Ahí van algunos de muestra: Dilaila, Emigdio, Ukrania, Yosmary, Zuleyma. Los iremos viendo como personajes de las telenovelas.

Mikel Gómez Urkijo (Leioa, Vizcaya) se pregunta por qué nos referimos a Carlos V con ese nombre cuando en España es Carlos I. La verdad es que ambos títulos corresponden a nuestro gran Rey. En inglés es conocido como Charles I (por el título de los reinos españoles, Castilla y Aragón) o bien como Charles V (por Emperador alemán). Aun así, en España aparece muchas veces con su título de Emperador, por lo que la denominación de Carlos V parece acertada. Lo que impresiona es que el hombre más poderoso de su tiempo se retirara al monasterio de Yuste, un lugar humildísimo, bien que situado en un paraje pintoresco. Hace unos años el Gobierno alemán tuvo una generosa iniciativa. Hizo levantar un cementerio, pegado a Yuste, para acoger los restos de los soldados alemanes que accidentalmente habían fallecido en territorio español durante las dos guerras mundiales. Ha sido una forma elegante de reconocer que allí estuvo el retiro de Carlos V de Alemania. Sugiero a los visitantes de Yuste que no dejen de acercarse al cementerio alemán, una expresión del buen sentido patrio. Lo asocio en el recuerdo al cementerio de los ingleses en el Monte Urgull de San Sebastián.

Es innúmera la retahíla de emilias con el argumento de que no es cierta mi interpretación de Paco como un hipocorístico de Francisco, adaptado así al habla balbuciente de los niños. En su lugar, los atentos comunicantes me señalan que se trata de las dos primeras sílabas de Pater Communitatis con que se le conoce a San Francisco de Asís. Me lo advierte, por ejemplo, un franciscano Francisco Javier Alcalá. La piadosa leyenda me parece inverosímil. Los hipocorísticos responden las más de las veces a la adaptación de los nombres propios a la simplicidad de las sílabas infantiles. Un niño de dos años que lleve el nombre de Francisco dirá naturalmente que se llama Paco.

Fernando Carmona me da la clave de la leyenda. La interpretación de Paco como Pater Communitatis procede del Google. Bueno, tampoco es que el tal Google sea una autoridad infalible.

José Pérez precisa una versión parecida de la piadosa leyenda. Paco provendría de las sílabas iniciales de Pater Communis. Por lo mismo, Pepe significaría Pater Putativus, es decir, San José. Repito que me parece una historia inverosímil.

José Antonio Arenaza (Bilbao) propone que el nombre de Guzmán significa en su origen "hombre bueno". Es muy posible que así sea. Es clara la asociación germánica: gut (= bueno), man (= hombre). Curiosamente, en España tenemos un héroe muy popular, Alonso Pérez de Guzmán, apodado "el Bueno". Ha quedado más bien como el arquetipo del valiente. En el castellano antiguo, guzmán era equivalente de hombre valeroso, soldado distinguido.

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