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La lengua viva

Paso palabra

Fidelio Herrera (Madrid) me plantea una duda curiosa:

Cuando se saborea, por ejemplo, un caramelo de menta queda después en la boca una sensación como de frescor parecida a la que se siente después de un trago de gaseosa. No se si me entenderá lo que quiero decirle porque no conozco un sustantivo para definirla. Si entiende lo que quiero decir ¿podría decirme si existe efectivamente ese sustantivo y cuál es?

No encuentro la palabra apropiada para definir ese "agradable picor refrescante". Espero que algún libertario curioso encuentre la respuesta. Es sabido que, así como definimos muy bien los colores o los sonidos, nos es muy difícil asignar voces abstractas a los distintos sabores u olores. Quizá haya algo orgánico en todo eso, pero, de todas formas, las variaciones son grandes de una a otra cultura.

Ignacio Frías arguye que no hace falta buscar una palabra para designar la situación de una persona a quien se le ha muerto un hijo. Según el Diccionario oficial esa palabra es huérfano. Don Ignacio entiende que es más sensible la adorada María Moliner, para quien huérfano también "se aplica a la persona o animal que ha perdido a sus hijos". Bastaría con haber perdido a un hijo, que es la desgracia mayor que cabe en este mundo.

Ramón Tomás reconoce que están muy bien los adjetivos de dominical (= referido al domingo) y sabatino (= referido al sábado). Pero ¿cómo adjetivar las obligaciones de los viernes?, se pregunta, angustiado, don Ramón. Muy sencillo. Viernes es Véneris (= de Venus). No es cuestión de apelar a "venéreo", que ya está adjudicado, pero sí podríamos decir "venusiano", que es más amoroso.

Francisco Javier Bernard Morales se queja de algunos usos léxicos que son corrientes en los medios de comunicación, pero que no son correctos. Por ejemplo, lo de "celebrar el aniversario de una muerte". Para don Francisco "la celebración implica un matiz de conmemoración jubilosa". No tiene por qué. La acción de "celebrar" se aplica correctamente a la misa (el sacrificio de muerte de Cristo), los funerales o los actos públicos de todo tipo. "Celebrar" como "dar realce a un acto alegre" es solo uno de los significados del vocablo. El origen está en el latín celebris (= famoso, concurrido, abundante, solemne, acelerado). No se asocia con "júbilo". Ese sentido lo hemos puesto después para indicar que, cuando se reúne mucha gente, es para alegrarse. Pero no es así por necesidad.

Don Francisco opina que el neologismo procesionar (= sacar en procesión) es un abuso. No me parece justificado ese recelo. Dada la intensa presencia de las procesiones en la vida española, no hay razón para rechazar la acción de procesionar. Está incluso el procesionista (= aficionado a las procesiones). Tenemos también esa criminal oruga que es la procesionaria (thaumatopoea pityocampa). Recuérdese el dicho "la procesión va por dentro" (ocultar la verdadera preocupación, el auténtico malestar). Es una idea interesante de una sociedad tan hipócrita y reservada como la española.

Se queja también don Francisco de ciertos neologismos que despliegan los curliparlantes, como icono, emblemático, fashion o ancestros. Bien, aceptados están, pero su profusión puede resultar empalagosa. Qué curioso, las tres primeras palabras son parte del mundo de la comunicación, que es ahora la mitad del mundo.

Felipe Arriagada Fuentes (Viña del Mar, Chile) me pregunta si el sustantivo metamorfosis (= transformación radical) puede coexistir con el verbo metamorfosear. Claro que sí, aunque esos polisílabos sean de difícil pronunciación. Pero hay más. Tenemos metamórfico (= referido a la metamorfosis), metamorfismo (= modificación de algunos minerales), metamorfizar (= transformar radicalmente), metamorfizante (= que metamorfiza), metamorfoseante (= que metamorfosea) y metamorfósico (= referido a la metamorfosis). Para mi gusto habría que decir "metamórfosis".

Gabriel Ter-Sakarian se refiere a algunos términos de carácter técnico que se repiten sin saber qué significan: por ejemplo, "peso específico". Yo añadiría "salto cualitativo" y no digamos "salto cuántico" (que parece muy grande pero es infinitamente pequeño). Don Gabriel cita el caso del locutor Carlos Ferrando (o un nombre parecido): "Le oí rogar a sus fans que no le enviaran tantos elogios porque le daba vergüenza ajena".

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