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Amando de Miguel

Tecnología

Otrosí, "también gracias al corrector ortográfico [del ordenador], que en realidad no es tal, se me escapan faltas que jamás de los jamases habría cometido". Me parece bien el desahogo y la actitud de rebajar la tontería tecnológica.

Amando de Miguel
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Fernando Villar (Guadarrama, Madrid) se pregunta por qué llamamos móvil al telefonillo portátil o de bolsillo, que, en todo caso, vibra, pero no se mueve. No le veo más explicación que la inercia, que es siempre la ley más cómoda. El nuevo invento recibió el nombre de móvil por oposición al teléfono fijo, de clavija. Es móvil porque permite moverse mientras se habla. Así pues, móvil es propiamente la persona que lo utiliza. Llegará un momento en el que el móvil será el teléfono sin más.

Juan Puyol me corrige lo de "making tape" de la empresa 3M (Minnesota Mining and Manufacturing). Realmente es masking tape (= cinta protectora para resguardar los bordes al pintar superficies). Son varios los libertarios que han detectado ese error. Don Juan cuenta la historia de RISA (= Rural Informática, Sociedad Anónima), la empresa de informática para las Cajas Rurales. El acrónimo se prestaba al cachondeo, por lo que decidierion cambiarlo a RSI (= Rural Servicios Informáticos). ¿No habría sido mejor SIR? Por lo menos es más eufónico y forma una expresión más correcta.

Agustín Fuentes, un científico apasionado por la lengua, me envía algunos comentarios sobre la ausencia de términos técnicos en el DRAE. Señala estos tres: antropogénico (= referido al origen y evolución del hombre), antrópico (= referido a la especie humana) y criogénico (= referido a las temperaturas muy bajas). Sin embargo, anoto que esos tres vocablos sí aparecen en el Diccionario de Manuel Seco y colaboradores, que es más completo. Señala don Agustín que no es lo mismo el CO2 de la atmósfera producido a lo largo de la evolución (antropogénico) que el producido por la actividad industrial (antrópico). Curiosamente, ni antropogénico ni antrópico figuran en el monumental Vocabulario científico y técnico de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

José Antonio Martínez Pons llama "devotos de Santa Tecla a los alumnos que son incapaces de multiplicar por uno sin usar la calculadora". Son también los que, si resuelven mal un problema, le echan la culpa a la calculadora. Don José Antonio opina que la calculadora, útil como es, puede llegar a ser también un "instrumento de castración mental". Otrosí, "también gracias al corrector ortográfico [del ordenador], que en realidad no es tal, se me escapan faltas que jamás de los jamases habría cometido". Me parece bien el desahogo y la actitud de rebajar la tontería tecnológica.

Por otra parte, no estaría mal que reserváramos la Tecnología para el tratamiento científico o teórico de la técnica. En los demás casos, hablaríamos simplemente de técnica. En el supuesto escolar, la tecnología acaba reduciéndose a trabajos manuales.

Manuel M. Ramos me envía una emilia edificante. La transcribo para solaz y estímulo de todos los libertarios.

Me extraña que se extrañen los españoles de que alguien de 77 años use internet. Yo aprendí computación en la Universidad de Yale en 1959. En 1960 fundé una cátedra de computación en la Universidad Central de Venezuela. En 1966 enseñe a mi hijo de ocho años a programar en Fortran, un lenguaje ahora olvidado. Uso internet así como mi mujer de 74. Ella hace chat hasta con niños de seis y siete años. Ese mundo cibernético no tiene nada de nuevo ni de juvenil exclusivamente.

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