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La "aportación social" de García Márquez

Esta ignorancia consiste también en no reconocer que todas las actividades humanas, pequeñas o grandes, sencillas o complejas, constituyen una aportación social y quienes las realizan contribuyen a la sociedad por el mismo hecho de emprenderlas.

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Colombia está de fiesta por los 80 años de Gabriel García Márquez "Gabo" y el 40 aniversario de la publicación de Cien años de soledad. Con motivo de esa celebración, una emisora radiofónica preguntaba sobre la aportación de Gabo a Colombia. La respuesta no puede dejar de ser positiva, pero tuvimos que escuchar un montón de sandeces.

Decía un oyente que él calificaba muy altamente a Gabo como literato, pero "como aporte social, cero". Otros se quejaban de que Gabo no ha financiado hospitales ni regalado casas; algunos lo compararon negativamente con otros personajes colombianos como Shakira y Juanes, quienes de manera muy visible han estado involucrados en actividades filantrópicas. ¿Conclusión? Para muchos oyentes, Gabo merece ser censurado por no haber hecho suficientes "aportaciones sociales". Lamentablemente, los conductores del programa cayeron en el juego y se apresuraron a dar ejemplos de intervenciones humanitarias de Gabo, cosa que no era para nada necesaria, pues su aportación no sólo a Colombia sino a la humanidad ha sido inmensa; es el resultado de su actividad como escritor.

Una respuesta seria y sensata a la pregunta sería que el aporte de Gabo a Colombia y al mundo ha consistido en una vasta y excelsa obra literaria, compuesta de novelas, cuentos, crónicas y guiones. La obra de Gabo abrió nuevas perspectivas en la literatura y enriqueció el cuerpo cultural y literario de la humanidad. Así brindó a millones de lectores muchas horas de disfrute, plenitud y satisfacción; les brindó también la ampliación de sus horizontes y de su capacidad de reflexión. Gabo dio a conocer al mundo la riqueza narrativa de Colombia y puso a nuestro país en el centro de la literatura mundial. No en vano se han vendido millones de ejemplares de sus libros y se seguirán vendiendo muchos más. ¿No es esto una aportación suficientemente valiosa?

Tratar de descalificar a Gabo como mal ciudadano sólo porque no se ha involucrado visiblemente en proyectos filantrópicos es un absurdo conceptual, agravado por la grosería, la ignorancia y la mediocridad. En algunos casos, esto ha sido impulsado por la perceptible y mezquina envidia hacia la muy merecida fortuna personal de Gabo.

Esta ignorancia consiste también en no reconocer que todas las actividades humanas, pequeñas o grandes, sencillas o complejas, constituyen una aportación social y quienes las realizan contribuyen a la sociedad por el mismo hecho de emprenderlas. Esto queda confirmado por el hecho de que otras personas se benefician de esa actividad y deciden disponer de parte de sus recursos para obtener tales beneficios. La aportación social del panadero consiste en poner sus habilidades al servicio de los demás elaborando el alimento que otros necesitan; mal haríamos en reclamar que, además de eso, debe remodelar hospitales o construir casas para los pobres. Ahora bien, puede hacerlo si lo desea y esa es una de las ventajas las sociedades libres: las actividades humanas que sirven a la sociedad generan recursos para quienes las emprenden y ellos pueden destinar voluntariamente parte de esos recursos a obras filantrópicas.

Se ha puesto de moda hablar de la "responsabilidad social de la empresa", doctrina según la cual una compañía privada, después de brindar a la sociedad los productos y servicios que esta demanda, pagar salarios y beneficios a sus trabajadores, pagar impuestos, innovar, fomentar la profundización del conocimiento técnico y aumentar el capital productivo de la sociedad, está también obligada a contribuir con una "aportación social", como si ya no hubiese hecho bastante.

Los dueños de las empresas pueden hacer caridad, algo que siempre es bienvenido, pero desconocer que con la operación de su empresa ya han hecho una gran aportación social es incurrir en un grave error conceptual.

© AIPE
 
Andrés Mejía Vergnaud es Director Ejecutivo, Instituto Libertad y Progreso (ILP), Bogotá

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