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Lo ocurrido en el referendo

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El 25 y 26 de octubre ocurrieron en Colombia dos hechos de gran importancia política, cuya lectura, análisis y comprensión no ha sido fácil para los observadores extranjeros. En primer lugar, fracasó en las urnas una de las iniciativas más importantes de la administración Uribe, a saber, un referendo que pretendía introducir importantes reformas constitucionales relacionadas con aspectos políticos y fiscales. Luego, el día siguiente, fue elegido como alcalde de Bogotá el izquierdista Luis Eduardo Garzón, uno de los más visibles opositores de las políticas de Alvaro Uribe. Una primera lectura de estos hechos, que es la que hemos visto reportada en muchos medios internacionales, nos dice que en Colombia se ha producido un giro hacia la izquierda y que el pueblo ha expresado en las urnas un rechazo hacia las políticas del presidente Uribe. Eso no corresponde con la realidad.
           
Tomemos el caso del referendo y veamos si su fracaso en las urnas realmente significa un rechazo de las políticas de Uribe. En primer lugar, es importante aclarar que el fracaso del referendo no se debió a que el “no” haya sumado más votos. El fracaso ocurrió porque nuestras normas jurídicas exigen que, para que un referendo sea válido, debe haber participado en él por lo menos una carta parte del censo electoral, es decir, de los ciudadanos habilitados para votar. El referendo del 25 de octubre alcanzó una votación muy cercana a esa cuarta parte (cerca de 24,8%), sin llegar a cumplir el requisito. Pese a que no se alcanzó ese umbral de validez, el “sí” ganó de forma abrumadora en cada pregunta.
           
Eso difícilmente puede explicarse como una muestra de rechazo al presidente. En primer lugar porque tradicionalmente los niveles de abstención electoral han sido muy altos en Colombia y la abstención ocurrida en este referendo está dentro de esos niveles normales. Difícilmente podrían cantar victoria los opositores de Uribe (promotores de la “abstención activa”), pues nadie se “movió” a abstenerse.Ocurrió el nivel acostumbrado de abstención. Ahora bien, varios analistas han señalado la necesidad de revisar nuestro censo electoral, que yo también creo está mal compuesto y debe ser menor en número.
           
El triunfo en Bogotá del candidato de izquierda Garzón responde a otro fenómeno de orden político. El electorado colombiano ha madurado de forma significativa y ha adquirido la capacidad de separar mentalmente los temas involucrados en una elección local de aquellos pertenecientes al ámbito de la política nacional. Es por esto que Garzón, fuerte opositor de Uribe, ganó la alcaldía de Bogotá, al tiempo que el presidente Uribe conserva márgenes de popularidad que no tienen precedentes en nuestra historia. Es un  mandatario que disfruta del apoyo casi unánime de la ciudadanía, en especial en sus políticas de seguridad democrática.
           
El referendo sí contenía reformas muy importantes y urgentes para Colombia, en especial aquellas dirigidas a frenar la peligrosa expansión del gasto público. El fracaso del referendo ha obligado a Uribe a presentar una alternativa, el Plan B, el cual lamentablemente no podrá tener el profundo alcance que hubieran logrado las medidas propuestas en la consulta popular. Uribe está conciente que el nivel de gasto del Estado colombiano es insostenible y perjudicial; a menos que se controle, vamos hacia una crisis de gran magnitud en pocos años.
           
Lo ocurrido en ese fin de semana electoral dejó a la izquierda colombiana con un sabor de triunfo, pero sin argumentos. Su bandera, tanto en Colombia como en el mundo a través de las ONG, ha sido afirmar que la administración Uribe ejerce un gobierno autoritario que sofoca la oposición. Los resultados muestran con claridad –para quien quiere ver la realidad- que eso no es verdad.
 
© AIPE
 
Andrés Mejía-Vergnaud es director general del Instituto Desarrollo y Libertad de Bogotá.
 

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