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Muéstrense, señores candidatos

Si algo me tranquilizó viendo las entrevistas a Rivera, Abascal y Casado fue que el bloque de derechas revelase ser un conglomerado de centristas.

Antonio Escohotado
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Imágenes de las entrevistas de Bertín Osborne a Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal | Telecinco

Dando a Rivera, Abascal y Casado la oportunidad de explayarse un rato ante un presentador tranquilo, quién diría que la lección de profesionalidad informativa iba a ofrecerla Tele 5, una criatura que nació del ínclito Berlusconi y sigue ligada a él, cuando los canales públicos sirven indisimuladamente al Gobierno, y su único rival de entidad resulta ser el señor Roures, otro cultivador del género donde vociferar, interrumpir, dar prisa y abonarse a tertulianos ni elocuentes ni independientes abona su pretensión de que el público se aburriría sin la bufonada, presto siempre a ver en la serenidad y los buenos modales un pecado de elitismo.

Como comprobarán repasando entrevistas en YouTube, el señor Roures afirma que en ninguna parte se declaró Marx contrario al rico, y al empresario en particular, un aserto tan típicamente posverdadero como bien avenido con otros del señor Iglesias colacionados también por YouTube, entre ellos que la brújula del progreso sigue siendo "el rencor de clase", según explicó al presentar cierto libro, mientras lamentaba no haber dispuesto de ese norte tanto como habría deseado, porque solo una de sus abuelas experimentó de lleno la explotación, y el resto la familia se vio mermado por el status alienante de la clase media.

Pero volvamos a lo fundamental, que es conocer a quienes se postulan como nuestros mandatarios, evitándonos pesquisar los prolijos programas de cada partido —al fin y al cabo papel impreso—, o el recurso a los happenings prefabricados como mítines, donde sartas de eslóganes se suceden como silbidos del pastor a su rebaño. Todo cristo tiene hoy pantallas más o menos grandes donde reproducir en HD cada mensaje; y por eso mismo no es solo anacrónico sino absurdo que la ciudadanía ignore su derecho a oír y ver en directo cómo improvisan los líderes de partidos con alcance nacional. El cine trajo la veracidad multiplicada por fracciones de segundo, e internet se encarga hoy del resto.

De hecho, un par de horas bastan para hacerse una imagen fiel sobre la naturaleza de cada pretendiente, si presentadores educados le sugieren hablar sin prisa, suplicándole también no andarse por las ramas en lo posible, ya que todo se torna elocuente bajo el escrutinio de sensores audiovisuales tan finos como los nuestros, y ni el mago Houdini lograría dar gato por liebre, viéndose interrogado sobre asuntos no convenidos de antemano. Por supuesto, ese par de horas dedicadas a cada uno deberán repartirse en secciones más breves —tantas como presentadores—, y si se hiciere así el país dispondrá de la información que precisa para acabar de decidir sin etiquetas ni reflejos condicionados, cada cual en conciencia.

Pero si no me equivoco solo Tele 5 tomó esa dirección, cuando andamos a una semana de las elecciones, y ni Sánchez ni Iglesias se dignaron acudir a su cita. Lo comprendo perfectamente del primero, cuando ya el primer párrafo de su tesis doctoral propone investigar "las innovaciones que han liderado…", pues con semejante sintaxis podría ser temeridad explayarse sobre cualquier tema imprevisto. Me sorprende, en cambio, que Iglesias declinara la invitación, porque su entendimiento es despierto y fluido, con dones de convicción limitados solo por su compromiso con el eje islámico-chavista.

Sea como fuere, no me cabe duda de que mis padres y sus amigos habrían suspirado de alivio sabiendo que llegaría la difusión universal y gratuita de noticias lograda por internet, y me pregunto cuánto tardará en ser preceptiva la comparecencia a cuerpo descubierto de quienes se postulan para gobernar. De hecho, si algo me tranquilizó viendo las entrevistas a Rivera, Abascal y Casado fue que el llamado bloque de derechas revelase ser un conglomerado de centristas, dispuestos a seguir arrimando el hombro en empeños realizables. Cuanto más puedan mostrarse menos viable será identificarles con una ideología textualmente "extrema, ultra y fascista", y comprenderemos de paso que el colapso de tal infundio crea un sentimiento análogo al del Subcomandante Marcos ante el derrumbe del muro berlinés.

Por alguna razón abunda el resuelto a cerrar los ojos y taparse los oídos si preciso fuere, tras haber decidido que Albert, Santiago y Pablo son enemigos del pueblo, guiados por la misoginia de salvajes agresivos, y deben aislarse mediante cordones sanitarios. Pero Comité de Salud Pública se llamó la primera máquina de matar en masa, y tanto "extremo" como "ultra" llegaron al diccionario unidos al comunismo ruso, que tras coincidir con el socialismo en la reclamación de derechos civiles prefirió derogarlos, y sustituyó el sufragio universal por el voto de consejos correspondientes a un régimen de partido único, alegando que la democracia es un fraude al servicio de la burguesía. Financiado regiamente por el Alto Mando alemán, Lenin derrocó al más democrático y socialista gobierno de los establecidos en Rusia, y es cuando menos curioso que no nos lo enseñasen ni en el colegio ni en la universidad, donde siguen dando por evidente y necesario identificar a Norteamérica con un imperio opresor, y a los Castro o Sendero Luminoso con movimientos de liberación popular.

En una semana veremos hasta qué punto el agua docente derramada fructifica o no en una segunda versión de Zapatero, pues falta el ministro Acebes contando una mentirijilla sobre la masacre de Atocha, y la palanca es sin duda la crisis catalana, añadida a la política de gobernar por decreto, imponiendo el dedazo. En la recta final, con todo, las maniobras vendidas por teóricos en alta estrategia electoral, mezclando estímulos subliminales con claroscuros podría desconcertar al elector más que ilustrarle. No entiendo, por ejemplo, que alguien tan concreto como Abascal –a quien solo conozco por la tele— pase por verdugo apocalíptico a ojos de nadie, aunque menos aun entiendo cómo Ciudadanos deja pasar la oportunidad de reivindicar su clara prelación temporal, a la hora de plantarse ante vendedores de patrias chicas.

Esos vendedores son hoy el papel de fumar que sostiene la entente Sánchez-Iglesias, un compendio de lo políticamente correcto cuya supervivencia depende a su vez del miedo a la derecha cerril, un fantasma sin apoyo distinto de la amnesia. Ya en 1977 la coalición encabezada por Blas Piñar fue incapaz de obtener representación en Cortes, y si hoy pudiese lograr un solo escaño se debería sin sombra de duda al contubernio de la recién mencionada entente y el separatismo. Lo único preocupante del caso son electores como mi querido yerno, un profesional de alto nivel que anteayer me decía: "Cualquier cosa, antes de que vuelva a gobernar la ultraderecha". Le dije lo que acabo de contarles; pero no volvió a abrir la boca, y me dejó pensando si era por cortesía, o por evitarse cualquier roce con su suegro.

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