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Lo que Gallardón da...

El hundimiento de los precios del gas y del petróleo podría revelar los pies de barro de Chávez, Putin y los 86 ayatolás. Dejemos que la economía y sus propias bravuconadas los borren del mapa sin que tengamos que disparar un solo misil.

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...Berlusconi lo quita. Hace unos días, el alcalde de Madrid presentaba las 269 obras en que se gastará los 554 millones de euros concedidos por el Gobierno de Zapatero para la reactivación económica de España. Si les molestan, piensen en los puestos de trabajo que estamos creando, dijo a modo de consolación. De Bush a Zapatero pasando por Ruiz Gallardón, todos aspiran a convertir los colegios electorales en oficinas del INEM. La guinda la pone Gordon Brown, quien acaba de prometer un nuevo bailout para la clase media y los jubilados, casualmente los grupos más proclives a votar al Partido Conservador.

Mientras tanto, Berlusconi presenta la porno tax, un recargo del 30% sobre los productos donde aparezca cualquier imagen de sexo explícito, como medida anti-crisis. Al menos Il Cavaliere nos ha ahorrado la prédica (la próxima vez que... piensen en los parados). De aplicarse aquí el impuesto Torquemada, la práctica totalidad de las revistas de humor y de tendencias y la mitad de las de cotilleo, incluyendo a los diarios que las regalan, verían su precio aumentando en un 30% debido entre otras a la publicidad consistente en exhibir dos o más cuerpos desnudos en posición de traer niños al mundo. Cuántos puestos de trabajo se perderán en Italia es algo que todavía nadie sabe, pero como dicen algunos, no sólo de pan vive el hombre. Pobres pero decentes.

En los Estados Unidos el Gobierno ha tenido la gentileza de publicar los contratos con distintos bancos y firmas de abogados para la gestión de los planes de rescate. El único problema es que han tapado los nombres de los firmantes, así como el dinero que estas empresas recibirán por parte de quienes las eligieron a dedo. Nadie sabe lo que The Bank of New York Mellon, Ernst & Young, Pricewaterhouse y otras compañías del estilo cobrarán por sus valiosos servicios a la humanidad. Tampoco el criterio que aplicarán a la hora de repartir el dinero del público. Todo puede empeorar, pero se me hace difícil imaginar cómo.

Cuando estuve trabajando en Brasil, un amigo nordestino me contó que en su pueblo un político avispado tuvo la genial idea de regalar un zapato a cada votante. La obtención del otro dependía del resultado electoral. Antes de reírse, echen un vistazo a las últimas encuestas. El clientelismo trasciende razas, etnias y religión. De poco vale que Rajoy repita que "no podemos gastar lo que no tenemos" si una mitad de su partido lo desmiente y la otra se frota las manos pensando en la pedrea monclovita. Ni cuando acierta le hacen caso.

La buena noticia es que en algunos puntos del planeta el impacto de la crisis está siendo todavía peor que aquí. Me refiero a los países cuyos gobiernos llevan el estilo de vida político más caro del mundo. El hundimiento de los precios del gas y del petróleo podría revelar los pies de barro de Chávez, Putin y los 86 ayatolás. Dejemos que la economía y sus propias bravuconadas los borren del mapa sin que tengamos que disparar un solo misil. Cualquier intento de no convertir el nuevo conflicto entre Israel y la provincia palestina del imperio iraní en una película de buenos y malos, o de seguir defendiendo la alianza estratégica entre la dictadura rusa y Europa Occidental como una alternativa a la OTAN no sólo es una frivolidad, sino una irresponsabilidad de consecuencias trágicas para todos. Si al menos la factura la pagasen ellos...

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