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El titiritero de Bruselas

Si se quiere armonizar la regulación en esta materia queda claro que los eurócratas pretender hacer obligatorio el canon para todos. A los eurócratas les encanta igualar al alza siempre que se trata de impuestos y similares.

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Miedo. Eso es lo que da el comisario europeo de Mercado Interior y Servicios, Charlie McCreevy, al anunciar que la reapertura del debate sobre el canon digital en el seno de la Unión Europea. Si pensamos en el lugar de origen del miembro en cuestión de la Comisión no deberíamos desconfiar. Procede de Irlanda, que junto con el Reino Unido y Luxemburgo conforma el trío de países miembros de la UE en los que no existe la llamada compensación por copia privada.

Sin embargo, sí hay motivos sobrados para temerse lo peor. En primer lugar, si se quiere armonizar la regulación en esta materia queda claro que los eurócratas pretender hacer obligatorio el canon para todos. A los eurócratas les encanta igualar al alza siempre que se trata de impuestos y similares. De hecho, McCreevy no pone en duda en ningún momento que este tenga que existir, tan sólo las cantidades, a que productos se aplica y cómo se cobra. Si se sale con la suya, Rajoy ya puede ir olvidándose de eliminar dicho sobreprecio y tanto británicos como irlandeses, así como los luxemburgueses, deberán ir preparándose para abrir sus carteras.

Hay otra cosa hace desconfiar profundamente de sus intenciones: la pretensión de casi duplicar, al pasar de 50 a 95 años, el periodo de "protección" de los derechos de intérpretes con la excusa de acercarlo al vigente para los compositores. Ni se plantea la posibilidad de reducir la de estos últimos en vez de aumentar la de aquellos. Al fin y al cabo, tan arbitraria es una cifra como la otra. De hecho, y como ya se explicó en esta misma columna hace tiempo, el propio concepto de propiedad intelectual es cuando menos discutible.

Dice el comisario europeo –que decide actuar tan sólo después de que Philips haya denunciado a España por su elevado canon– que en la cuestión de la "tasa" en cuestión debería articularse una "solución razonable" y "acorde con las perdidas causadas por la realización de copias privadas". Aunque es más que dudoso que cause perdida alguna la copia privada en sentido estricto, esto es, para uso personal de alguien que haya adquirido el original de forma legal (¿quién se va a comprar dos veces el mismo disco para poder escucharlo en el portátil mientras trabaja y en el coche mientras conduce?), ya se ha puesto encima de la mesa esa solución razonable en más de una ocasión: aplicar el canon al original.

Pero dudamos que las ideas de McCreevy vayan por ahí. Nos tememos que, una vez más, las malas noticias lleguen de la Unión Europea. El comisario tan sólo quiere hacer un pequeño maquillaje para que todo continúe básicamente igual, y para que a algunos les vaya peor. Desconocemos si ya tiene apodo, ganado en el Ejecutivo comunitario o en el Parlamento irlandés. En todo caso proponemos uno: "el titiritero de Bruselas".

Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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