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Antonio Robles

Chávez, peronismo místico

Las elecciones que le han dado el triunfo demuestran una vez más que la democracia no es un sistema para ratificar ni la verdad ni el mejor gobierno, sólo el modo para que la gente acepte convivir bajo reglas sin matarse.

Antonio Robles
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Las formas en un sistema democrático lo son todo. Los contenidos ideológicos van y vienen, se cruzan, a veces se encaman, pero las formas se mantienen. Ellas son la esencia, el fundamento. Cualquier quiebra en ellas puede poner en riesgo el sistema. Son como las estructuras de los edificios actuales, una vez levantadas, todo lo demás es accesorio. Hasta la fachada es intercambiable porque no es fundamental, sólo funcional, como las baldosas del baño o la marca de la lavadora.

Esta evidencia democrática es la asignatura pendiente de los países latinoamericanos. Desde Perón hasta Castro, desde Alan García a Pinochet, pasando por Hugo Chávez, todos confunden su cosmovisión con la democracia auténtica. La tentación de todos ellos es siempre la misma: imponer su verdad y en vez de cambiar el color del cuarto de baño, o meter agua corriente para todo el edificio, acaban por adecuar la estructura al sueño de tener una pista de tenis para sus horas de ocio.

Hugo Chávez es el último error de un continente quebrado para la democracia. Su origen golpista delata sus intenciones. Él no quiere gobernar una nación con un programa, pretende amoldar el Estado entero a la horma de sus zapatos. ¡Pobre Constitución! Con mayoría absoluta Chávez la podará a su modo y manera de ver el mundo. Y cuando lo haya hecho ya no será la Constitución, sólo la funda de la pistola de una nueva mente totalitaria.

Las elecciones que le han dado el triunfo demuestran una vez más que la democracia no es un sistema para ratificar ni la verdad ni el mejor gobierno, sólo el modo para que la gente acepte convivir bajo reglas sin matarse.

El populismo de Hugo Chávez es el peronismo argentino después de pasearse por Cuba de la mano de Fidel Castro. El petróleo venezolano es el trigo argentino vendido en sendas guerras mundiales. Para lo que pretendo decir, lo mismo. Las arcas llenas del Estado le sirvieron a Perón para derrocharlo en comprar la voluntad de las masas sin crear las infraestructuras empresariales que les sacaran de la miseria; en el caso de Chávez servirán para seguir importando lechugas en el país más privilegiado del mundo. Aunque parezca paradójico, la riqueza del petróleo no ha servido para crear una red empresarial capaz de hacer autosuficiente al Estado. Al contrario, el tono muscular burgués se hizo tan flácido por culpa de esta riqueza negra que casi cualquier cosa se debía de importar de fuera. La corrupción y un inmenso 75% de la población fuera del sistema de bienestar han creado al nuevo Perón. El error se agudizará. Hugo Chávez regalará dólares, comprará voluntades como hacía Evita, la corrupción aumentará proporcionalmente al grado de totalitarismo del Estado y la poca voluntad empresarial por seguir creando tejido productivo se acabará yendo a Miami.

Chávez no es un gobernante, es un Mesías. ¡Que Dios padre todopoderoso se apiade de las calamidades que su hijo bastardo ocasione en tierras venezolanas!

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