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Del submarino nuclear chino a los Diez Mil Hijos de Putin

Los delirios de esta generación de poseídos por la nación nos tienen acostumbrados a tantas excentricidades que cualquier cosa podría formar parte de sus planes.

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No sabemos si Rusia se comprometió a mandar 10.000 soldados a Cataluña y hacerse cargo de su deuda si Puigdemont declaraba la independencia, o si es una más de las fantasmadas nacionalistas; pero sí que TV3 emitió una entrevista de Jaume Barberà al físico y supuesto experto en geoestrategia militar Jordi Molins en enero de 2013 para exponer con todo lujo de detalles el ofrecimiento de Cataluña a China para que desplegara sus portaaviones y submarinos nucleares en los puertos de Barcelona como garantía para neutralizar militarmente a España y disuadir la UE para expulsarla de su seno. “Imaginemos que ofrecemos a los chinos un contrato a largo plazo del puerto de Barcelona o Tarragona para que pudieran instalar su fuerza naval; es decir sus portaaviones y submarinos nucleares…”. No es la excentricidad, es el alto valor que estas cosas tienen en el secesionismo.

Los delirios de esta generación de poseídos por la nación nos tienen acostumbrados a tantas excentricidades que cualquier cosa podría formar parte de sus planes. No debemos olvidar que todas las convicciones humanas son ficciones compartidas por muchos. Desde la creencia en los dioses a la confianza en las leyes, desde la defensa de ideologías racistas a la creencia en los Derechos Humanos. A decir de Yuval Noah Harari, esa capacidad del Homo sapiens para la creación de fabulaciones compartidas fue la causa de su dominio sobre el resto.

Me preocupa más la deriva religiosa, sectaria, fanática de esta generación de nacionalistas catalanes poseídos por su propia ficción que las detenciones de los sumos sacerdotes empresariales y políticos que diseñaron y dirigieron el Tsunami Democràtic. Esta mañana, mientras en el Congreso discutían sobre la peor epidemia del siglo, en los medios del régimen lazi se rasgaban las vestiduras por las detenciones de sus chamanes. ¿Acaso alguien se cree que David Madí (el Iván Redondo de Artur Mas y antiguo secretario de comunicación de Jordi Pujol), Xavier Vendrell (exmilitante de Terra Lliure y exconsejero de Gobernación por ERC), Oriol Soler (director del diario Ara acusado de malversación de caudales públicos: 3 millones de euros), Xavier Vinyals (presidente de la Plataforma Pro Seleccions, acusado de financiación irregular: 1,3 millones de €) y Víctor Tarradellas (responsable de asuntos internacionales y delegado por Puigdemont para negociar con Rusia) vivían del aire mientras dedicaban su vida a la agitación del Tsunami Democràtic? ¿Alguien se cree a estas alturas que el tráfico de influencias fue otra ensoñación? ¿Que el 3% se redujo a la familia Pujol? ¿O más bien ha sido y es un modelo de comportamiento institucional en nombre de la nación? El propio juez Joaquín Aguirre concluye que la investigación ha revelado "una estructura clientelar en la Administración catalana en la que, impune y arbitrariamente, se repartían los fondos públicos”.

Una estructura clientelar y cómplices para ocultar cualquier rastro del delito. Como ocurría en el Chicago de los años veinte, ¿quién no sabía entonces que Al Capone era un mafioso criminal? Sin embargo, las autoridades hubieron de esperar a cazarle por fraude fiscal para poderle condenar a 11 años de prisión. Ninguno por asesinato, extorsión o robo.

Más allá de las pesquisas de la Guardia Civil y las tramas delictivas que los tribunales logren desvelar, sus acciones durante años demuestran que la revolución de las sonrisas no procede de la gente sencilla, sino de las élites económicas y culturales catalanistas. De arriba abajo. En lenguaje antiguo, de la burguesía catalana y sus ramificaciones institucionales hasta los más revoltosos del barrio, los chicos y chicas de las CUP, que son los hijos bien alimentados y mejor amamantados por las ficciones xenófobas del nacionalismo. Son esta mezcla de empresarios y funcionarios, todos engrasados por los presupuestos de la Generalidad, la ultraderecha xenófoba de verdad. A diferencia de Vox, que ladra mucho y de momento no ha roto un plato, esta derecha emboscada en el lenguaje democrático lava con la palabra lo que ensucia con hechos. Fíjense en Puigdemont, es capaz de ir por Europa de la mano de la ultraderecha belga, Nueva Alianza Flamenca (N-VA), y sin embargo nadie lo identifica con la ultraderecha. Cosas veredes, amigo Sancho.

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