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Antonio Robles

La nostalgia montonera y ETA

El océano que nos separa y las leyendas políticas que nos empeñamos en cultivar nos llevaron a idolatrar a las revoluciones socialistas del cono sur americano y les han convencido a ellos de que nuestros terroristas son libertadores.

Antonio Robles
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La conocí un verano del pasado siglo, en la sede de Madres de Plaza de Mayo en Buenos Aires. Había ido expresamente a documentarme sobre el destino trágico de los 30.000 desaparecidos de la dictadura argentina. Pronto me di cuenta que, o asentías, o se rebotaba. Pero aún estaba demasiado desinformado como para hacerme una opinión certera sobre su carácter y el del movimiento de catorce madres más que la seguían como una secta.

Hebe de Bonafini, presidenta de Madres de Plaza de Mayo, es el reverso de la dictadura. Si hubieran ganado los suyos, estoy convencido de que hubieran hecho lo mismo que los verdugos de sus hijos. Lo supe el día que un taxista me espeto: "Si los hubiéramos eliminado a tiempo, hoy no tendríamos desaparecidos". Se refería a los milicos (militares).

El océano que nos separa y las leyendas políticas que nos empeñamos en cultivar nos llevaron a idolatrar a las revoluciones socialistas del cono sur americano y les han convencido a ellos de que nuestros terroristas son libertadores. El Che fue para nosotros un icono y ETA es para ellos la valiente resistencia de la revolución obrera frente a la opresión capitalista. Simple y estúpido, pero real.

A la vez que cientos de miles de españoles se manifestaban el sábado 4 de marzo en Madrid contra ETA, se rendía homenaje en Buenos Aires a "los presos políticos" de esa misma organización terrorista. No es tan extraño. En general, la izquierda y el progresismo argentino, junto a los medios de comunicación adictos, sienten una debilidad especial por todo lo que sea antigubernamental, y como la ETA lo es, "tienen una especial consideración con estos asesinos y la organización a la que pertenecen, a la que denominan eufemísticamente 'movimiento independentista del País Vasco', en la misma forma que lo hacen cuando llaman 'jóvenes idealistas' a quienes sembraron el terror en Argentina en la década de los 70".

Esta mirada que me llega por correo de Argentina guarda intacto el sectarismo intelectual y político de una generación de sudamericanos que tienen en el capitalismo y los yanquis la disculpa perfecta para enmascarar su propia ineptitud. La misma que asoló a Europa a partir de mayo del 68 y que aún hoy encarnan a la perfección Llamazares y todos los Madrazos "progres" que tienen en la revolución cubana la pomada perfecta para no tener que plantearse cada mañana la complejidad del mundo.

Aún hoy, nuestro periodismo tira de archivo fotográfico de la imagen de Hebe de Bonafini cada vez que se habla de las Madres de Plaza de Mayo, obviando que hay una escisión desde finales de los ochenta que representa realmente a ese movimiento en dos organizaciones hermanas: "Madres de Plaza de Madre línea fundadora" y "Abuelas de Plaza de Mayo". Su lucha por la recuperación de sus hijos y nietos desaparecidos durante la dictadura argentina tiene la virtud añadida de hacerlo sin sectarismo.

Ese desconocimiento o la tendencia al tópico, lleva a nuestro periodismo a no percatarse que lo que representa esa señora en el cono sur americano es lo mismo que Herri Batasuna en el País Vasco. Una prueba más. Me llega por correo desde Buenos Aires (Sigfredo):

La reciente excarcelación por "razones humanitarias" de De Juana Chaos, responsable del asesinato de 25 personas, fue especialmente festejado por quienes estaban reunidos en la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo realizando el mencionado homenaje, el que era presidido por Hebe de Bonafini, presidenta de la entidad y a quien el Señor Kirchner considera su madre adoptiva.

Esta "madre" de Plaza de Mayo, la misma que le deseó a Juan Pablo II que se quemara en el infierno el día de su muerte y que festejó alborozada la destrucción de las Torres Gemelas el 11-S porque "total, las víctimas eran norteamericanos ricos", no oculta sus simpatías por ETA, Hezbolá, las FARC y cuanta lacra terrorista exista en el mundo.

Es así que Jesús María Lariz Iriondo, un etarra reclamado por la justicia española, acusado del asesinato de varios policías y del que el Gobierno argentino negó su extradición, cumple actividades docentes en la universidad presidida por Hebe de Bonafini.

No es difícil de entender esta fijación infantil que tienen aún hoy tantos "idealistas" del otro lado del océano. La misma que tienen muchos aún entre nosotros por Fidel Castro y los jóvenes abertzales. La distancia crea mitos y extrañas complicidades en mentes perezosas y poco dadas a contradecirse. Yo me fui a la Argentina a documentarme para denunciar la desaparición de 30.000 desaparecidos y me encontré con su tragedia y su reverso. El cainismo y el sectarismo presentes en nuestra genética cultural es allí hoy más poderoso aún que entre nosotros. ¡Que ya es decir!

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