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PSC de usar y tirar

Hijos todos de la burguesía catalanista, nunca les importó un carajo el destino del mundo obrero no catalanista del que vivieron siempre, al que manipularon siempre y al que siempre despreciaron. Por fin ha recalado en CiU.

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Ferran Mascarell, flamante consejero de Cultura de la Generalitat de Cataluña con CiU, lo ha dicho con la indiferencia de un extraño: "España ha fracasado". Y cuando reflexiona sobre sus consecuencias y concluye que la secesión será inevitable reconoce que tras ella quedará "una España bastante más pobre"; pero eso parece no preocuparle, al contrario, el ex consejal de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona con el PSC y ex consejero de Cultura de la Generalitat con el Tripartito y actualmente en las filas convergentes suelta sin inmutarse: eso será "un problema de España, no de Cataluña". Esta es la humanidad y la lucha por la igualdad y la justicia de los socialistas de pacotilla que nos han dado la vara durante décadas en Cataluña. Hijos todos de la burguesía catalanista, nunca les importó un carajo el destino del mundo obrero no catalanista del que vivieron siempre, al que manipularon siempre y al que siempre despreciaron. Por fin ha recalado en CiU.

Ha comenzado el goteo: la vieja guardia nacionalsocialista deja el barco y vuelve a la clase social de la que salieron, a la que siempre pertenecieron y a la que sirvieron desde las filas socialistas para neutralizarlas. Mira que lo hemos repetido veces: el PSC está haciendo el trabajo sucio al nacionalismo. Con Pascual Maragall, flanqueado por históricos del PSC como el filósofo Xavier Rubert de Ventós, o el ex concejal de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona y arquitecto Oriol Bohigas, comenzó la romería: los barones que siempre habían utilizado el aparato del PSC para controlar las bases obreras y castellanohablantes han aguantado su presión hasta dejarlas exhaustas, envejecidas y sin descendencia. Muerta la vaca electoral, habrá pensado el socialista Jaume Sobrequés, ex director del Museu d'Història de Catalunya, es hora de mudarse. Comienza la romería de vuelta a casa; o sea, a CiU. Muchos dirigentes del PSUC ya lo hicieron poco después de la transición. Su socialismo se disolvió como un azucarillo en el catalanismo, su verdadera ideología. Jugada maestra. Tras ellos, el mundo obrero había sido desactivado y su cultura española avergonzada.

Una ola de autoestima soberanista (así es como llaman a la secesión para adornarla de legitimidad, autonomía y libertad) se extiende y penetra en el inconsciente colectivo sin oposición política progresista. Se sienten de una casta superior, desprecian cuanto ignoran e ignoran los principios más elementales del respeto a la diferencia. Es el fascismo postmoderno basado en el racismo cultural no asumido, pero evidente. En Cataluña, por unas causas o por otras, el catalanismo ha logrado que la oposición a sus tesis se visualice como fuerzas extrañas al ser de Cataluña, exteriores a su territorio, y cuando no pueden negar su existencia dentro, las arrinconan con el espantajo de la derecha española y la caverna mediática.

Desactivada la generación biológica de la transición, su hegemonía político-mediática y la escuela están cambiando la piel de Cataluña.

Sin una movilización de cariz liberal y social, socialdemócrata o de centro izquierda; en una palabra, que se responsabilice del espacio abandonado por el socialismo de raíz cultural española no habrá relevo generacional. La biología se encargará del resto. Para entonces, el soberanismo será el horizonte natural de los anhelos de las nuevas generaciones. La oposición de derechas al nacionalismo es imprescindible, pero insuficiente; sólo la incorporación de una oposición progresista capaz de romper la sensación de homogeneidad y transversalidad del catalanismo dará aire a la cultura española en Cataluña. Sin esa brecha, la superioridad cultural del catalanismo será irreversible de aquí a dos décadas.

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