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Secesión y ruptura

Artur Mas no ha logrado todavía romper España, pero ya ha cosechado su primera derrota: acaba de fracturar Cataluña.

Antonio Robles
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Hoy se ha consumado en el Parlamento de Cataluña un acto insurreccional contra la nación española. Su responsable máximo, el presidente de la Generalidad, Artur Mas no ha logrado todavía romper España, pero ya ha cosechado su primera derrota: acaba de fracturar Cataluña.

Hasta hoy mismo, todos los partidos catalanes, menos C’s y PPC, participaban de la omertá nacionalcatalanista, incluido el PSC. Con ella, habían impuesto todo tipo de exclusiones culturales, lingüísticas y nacionales. La cobarde colaboración de los socialistas les permitió imponer la inmersión, multar la rotulación en castellano, incumplir sentencias de los tribunales, excitar el egoísmo más inmoral con el cuento del expolio fiscal, convertir la progresión fiscal en progresista a pesar de ser el espectro más reaccionario del Antiguo Régimen, hacer de España un burdel (por lo de "Puta España") y la cueva de Alí Babá y los 40 ladrones (por lo de "España nos roba"). Como si aquí, y más allá del Ebro, nuestros compatriotas no tuvieran intereses ni sentimientos.

Pero ayer Xavier Sabaté, presidente del grupo parlamentario socialista, hizo lo que no había hecho el PSC en los últimos 30 años: ejercer de socialista, denunciar la deriva identitaria del catalanismo nacionalista y oponerse a la ruptura con España. ¡Qué lástima que ese discurso de pedagogía social y respeto democrático a la legalidad no lo hubieran utilizado antes los socialistas! Ahora no irían a remolque del estigma de anticatalanes, que lo neutraliza todo y les vacía de votantes y nos convierte en ciudadanos de segunda a todos los demás.

Con argumentaciones rechazó el concierto económico, la ruptura con España, cualquier consulta o referéndum fuera de la legalidad vigente, y contrapuso el ardor independentista de Mas a su dependencia de intereses antisociales y corrupciones económicas. Aire fresco, saludable después de tanta atmósfera viciada de sectarismo y anatemas. Hasta se atrevió a acusarlo de envolverse en la senyera para robarnos la cartera.

El mayor triunfo del pujolismo fue destruir los sindicatos y los partidos de izquierdas ganándolos para la causa nacionalista. La avaricia ha roto el saco, y hoy esa inmundicia ideológica ha perdido la unanimidad. La deriva nacionalista/independentista de los varones del PSC, como los Maragall, los Ros, los Nadal, las Geli, los Sobrequés, las Turas, hubiera cerrado el círculo independentista. Con este giro del PSC, el nacionalismo ha roto Cataluña en dos. Sus planes de secesión ya no serán un camino de rosas. La realidad, al fin.

Pero no lancemos las campanas al vuelo, a la vez que han roto la estrategia independentista de unanimidad nacional han solidificado todas las exclusiones nacionalistas logradas hasta la fecha como mal menor, y han convertido el lenguaje independentista en su lenguaje. No apoyan el concierto económico, pero quieren un pacto fiscal. "Queremos un nuevo marco de relaciones". "Queremos bilateralidad con el Estado". Y eso significa que abundan en la idea nacionalista de que Cataluña está maltratada fiscalmente. Es decir, quieren trato preferente. No apoyan la ruptura con España, pero "el PSC quiere un nuevo Estado, como el Estado libre de Baviera (...) un Estado que preserve mi lengua, mi cultura en todos los ámbitos y en definitiva que preserve nuestra identidad y personalidad tradicionales". Vuelta la burra al trigo. Ni una palabra de los derechos culturales, lingüísticos o nacionales de los castellanohablantes o de la identidad individual de cada uno de los catalanes. "Nuestra propuesta es concreta, negociación, pacto y libre decisión de catalanes y catalanas y por procedimientos legales". O sea, lo que votaron con enmienda propia hoy, "para que los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña puedan ejercer su derecho a decidir a través de un referendo o consulta acordado en el marco de la legalidad". Y se abstuvieron en la propuesta del gobierno. O sea, la puta y la ramoneta de CiU.

El bolero no da para más: Los socialistas, acostumbrados a ir a rebufo de los nacionalistas, van ocupando los espacios que abandonan estos en su constante huida hacia el Estado propio. Es decir, no les siguen al precipicio, pero administran y asientan lo conquistado por ellos. O por decirlo más claro, ahora ocupan los socialistas el radicalismo identitario que era patrimonio de los nacionalistas antes de ayer. Esto significa que los derechos de la mitad de la población de Cataluña seguirán con los socialistas tan maltratados como lo han estado con los nacionalistas.

Bien por C's, bien por Albert Rivera y Jordi Cañas. Los únicos que dejaron claro de quiénes se pueden fiar los no nacionalistas. Si les sorprende que no incluya al PP, reparen en su rechazo a la propuesta de ley orgánica para prevenir y erradicar la discriminación lingüística y asegurar la libertad de elección de lengua en cualquier lugar de España presentada por UPyD el pasado martes en el Congreso de los Diputados. Obras son amores y no buenas razones. Su flacidez los retrata ante la historia.

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