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Vox no es España ni Sánchez un patriota

En el Congreso sorprendió el despliegue de símbolos nacionales en las mascarillas de Sánchez y Abascal. Éste por exceso y el otro por cálculo.

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En el Congreso sorprendió el despliegue de símbolos nacionales en las mascarillas del presidente del Gobierno y de Santiago Abascal. Éste por exceso y el otro por cálculo.

Hasta ahora eran los diputados nacionalistas los que hacían esos alardes. Una forma imperativa de mostrar su identidad o el rechazo a la identidad común. Pero las cosas están cambiando. A pesar del deterioro. Algo tiene el agua cuando la bendicen.

A bote pronto, que Pedro Sánchez lleve la enseña nacional impresa en una mascarilla cuando su Gobierno se sostiene sobre los votos de populistas, nacionalistas y filoetarras, todos contrarios a ella, pudiera parecer un compromiso del presidente con la nación española. O, si quieren, una manera de decir a sus socios: ese es el límite, ni un paso más, necesito vuestros votos, eso me obliga a ceder ante vuestras exigencias, pero no a costa de la nación.

Pero barrunto que no van por ahí los tiros. Ya lo hizo una vez, huele al mismo camelo. ¿Se acuerdan de aquella descomunal bandera española que cubría el fondo de sus mítines en las elecciones generales de 2015? Por entonces sus socios del PSC, encabezados por Miquel Iceta, defendían el derecho a decidir con fervor nacionalista. Ese flanco nacional desatendido lo quiso cubrir el PSOE para evitar a los adversarios. Idea de Pedro Sánchez. No le salió bien. No lo volvió a repetir.

Hoy, su excesiva exposición a la toxicidad de los enemigos de España que mantiene en el Gobierno podría erosionar su futuro electoral. Y parece que vuelve a recurrir al símbolo que lo evite.

Juega a todas las bandas. Y lo volvió a demostrar humillando a Inés Arrimadas después de que la usara para advertir a ERC de que tiene recambio. La bisoñez de Edmundo Bal y la desesperación de Inés por evitar la extinción de Cs le vinieron de perlas para mantener a la coalición unida. Hasta la próxima.

Mientras Sánchez parece utilizar la bandera como táctica, Santiago Abascal parece hacerlo por apropiación. Me temo que confunde Vox con España.

Frente al minimalismo de una pequeña bandera española en la mascarilla impolutamente blanca del presidente español, Santiago Abascal optó por una mascarilla azul con cuatro banderas españolas y dos símbolos de la Brigada Almogávares VI de Paracaidistas (Bripac) con la leyenda “¡Desperta Ferro!”. El lema alude históricamente al grito de guerra de los mercenarios almogávares de la Corona de Aragón en su expansión imperialista por el Mediterráneo. Hoy es un lema de los independentistas. Tanto en el uso amontonado de banderas y símbolos como en su voluntad identitaria, su apropiación de la simbología española empieza a resultar nociva para la propia defensa de España.

Vox no es España, ni la bandera de la nación debe utilizarse como identificación partidista. La bandera, el escudo o cualquier otro símbolo de la nación son de todos, y nadie debe apropiarse de ellos. Bien está que se enarbolen, mejor aún que se respeten.

Es cierto que cuando los partidos se desentendían de la bandera española como si tuviera tiña, Vox la desplegó con orgullo y sin complejos. Bien está, y se le debe reconocer. Pero nadie, tampoco Vox, puede obviar que la identificación partidista que hizo Franco de España y sus símbolos con su dictadura ha sido aprovechada por todos sus enemigos para rechazarla. Comete un error Vox apropiándosela. No la defiende más, muy al contrario, da argumentos torticeros, pero argumentos al fin y al cabo, a los enemigos de España para seguir identificando España con una ideología. No importa cuál. En 1977, Santiago Carrillo lo advirtió a su propio partido: “La bandera española es de todos, si no la utilizamos nosotros, se la apropiará la ultraderecha”. Así fue y el error aún se sigue pagando. Que no convierta Vox por exceso de celo la necesidad en vicio.

PS: “Allí donde veo ondear la bandera española, sé que mis derechos están defendidos”, alegó en su favor Fernando Savater hace muchos años en circunstancias dramáticas. No es cuestión de alardear de quién la tiene más larga, sino de darle sentido a lo que representa. Y compartirlo como bien universal.

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