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Alto el fuego permanente, contradictio in terminis

El que dispone el alto el fuego no es la autoridad militar superior ni, por supuesto, la autoridad política, sino el jefe de la unidad armada que está operando en un sector reducido del campo de batalla.

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En el comunicado de ETA llama la atención que no se use la palabra "tregua", tan esperada por algunos.

La expresión "alto el fuego" utilizada por ETA pertenece a la terminología del derecho de guerra. Ocupa un lugar determinado en la escala de calidad de los instrumentos legales que condicionan, limitan o ponen fin a la guerra o conflicto armado. Ese lugar es el más bajo posible en esa escala, inferior en contenido y alcance a "suspensión de armas", "tregua", "armisticio", "capitulación" y "tratado de paz". Ninguno de esas situaciones jurídicas, excepto la última, pretende ser permanente. Tanto menos puede pretenderlo el "alto el fuego".

En puridad, "alto el fuego" pertenece más al catálogo de medidas tácticas en una operación de combate que al derecho de guerra. El que dispone el alto el fuego no es la autoridad militar superior ni, por supuesto, la autoridad política, sino el jefe de la unidad armada que está operando en un sector reducido del campo de batalla. Siempre lo hace para adaptar el ritmo del combate a la economía militar, no para alcanzar cuanto antes la terminación de la guerra. Por tanto, el fuego se reemprenderá cuando la economía del combate lo permita.

Los otros instrumentos que el derecho de guerra contempla para limitar o poner fin al conflicto armado están en manos de los jefes militares supremos o de las autoridades políticas soberanas.

Para el caso de ETA, debemos entender dos cosas. Primera, que aunque el aparato armado de su estructura declare ahora el cese permanente de la actividad armada (violencia o terrorismo), sólo lo hace al nivel que le es propio como unidad armada, esto es, a un nivel bajo, como si se le hubiesen terminado las municiones o se encontrase privada de espacio de maniobra y le conviniese estarse quieta (su economía de guerra). En cuanto a "esta ETA", el combate ha terminado si no se la hostiga demasiado. Esto puede indicar tanto el que se siente "militarmente" derrotada como su contrario, que el éxito de la etapa armada permite alcanzar sus fines sin necesidad de fuego. Seguramente ésta última es la interpretación correcta.

Pero también quiere decir una segunda cosa: que hay una autoridad superior (digamos, por ejemplo, el Movimiento Vasco de Liberación Nacional, el conglomerado batasuno y sus aliados PNV y EA), y que esta autoridad ha decidido elevar el conflicto a un nivel de confrontación más complejo, en el que, ¿quién sabe?, la lucha armada, ahora relegada, no queda cancelada como herramienta política que es, sin que por ello "esta ETA" quebrante su palabra de "alto el fuego permanente".

Esta autoridad política superior del movimiento independentista vasco, comoquiera que esté conformada, luchará a partir de ahora para ser admitida como la persona jurídica adecuada para negociar con el estado español la "tregua definitiva", o imponerle un armisticio, término éste que casi siempre es sinónimo de capitulación, y llegar así al feliz día en que le sea posible firmar la paz con España. Para ello, la suspensión del "alto el fuego permanente" ahora declarado por "esta ETA", no será otra cosa que un expediente transitorio más del conflicto que tienen con el estado español.

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