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El declive de Ahmadineyad

Es probable que la "tercera revolución" de Ahmadineyad entre pronto en su Termidor. Seguro que entonces la comunidad internacional abriría los brazos a Irán.

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Un día de febrero Irán entra en la era espacial con el lanzamiento de un satélite de investigación y otro día el embajador iraní en España justifica los bárbaros métodos de justicia aplicados a los ladrones en su país: amputación de la mano. Podía haber mencionado otra especialidad local: la amputación de un pie y una mano, para que el reo no pueda valerse de muletas.

Es el Irán de Ahmadineyad, del que se ocupa un Adelphi Paper del International Institute for Strategic Studies. Su autor, el iraní Ali M. Ansari, es profesor e investigador en el Reino Unido. El retrato que hace del presidente nos autoriza a contemplar a Ahmadineyad como un personaje risible en su papel de "coco" internacional, y a la sociedad iraní que le eligió penosamente confundida y desorientada.

Según Ansari, Irán se encuentra en una tercera fase de su evolución como potencia posrevolucionaria. Tras fallecer Jomeini en 1989, Irán entró en la "era de reconstrucción" liderada por Hashemi Rafsanjani, seguida por la "era de reformas" de Mohamed Jatamí, para llegar a "la tercera revolución" de Ahmadineyad. Para éste, la primera revolución habría sido de orden interno (el derrocamiento del sha) y la segunda de orden externo (la ocupación durante 444 días de la embajada de los Estados Unidos).

Ansari atribuye el triunfo del iletrado Ahmadineyad en las elecciones del 2005 al apoyo del círculo del Supremo Líder, Ali Jamenei. La revolución está siendo conducida por los que Ansari llama "principistas", esto es, los defensores de los ideales puros de la revolución jomeinista, comprometidos en su día por el oportunismo burgués de Rafsanjani y las desviaciones doctrinales de Jatamí. Ahmadineyad está tan convencido de la pureza de su causa que anuncia de vez en cuando, sin rubor, el inminente retorno del Décimosegundo Imán, "el Escondido". El mundo de fantasía de Ahmadineyad se ejemplifica, nos asegura Ansari, en el encumbramiento público de una muchacha de 16 años por haber descubierto, ella solita, ¡los principios de la energía nuclear!

La zafiedad de Ahmadineyad no debe confundirse con simpleza. Es lo suficientemente astuto para rodearse de principistas inteligentes y hasta aseados, como el bien conocido y ultraconservador Ali Larijani, que "toreó" a la diplomacia europea durante años en la cuestión nuclear. Según él, los negociadores de Jatamí habían cedido a Occidente "diamantes a cambio de chocolatinas".

Los principistas pretendían imponer la hegemonía política de su movimiento mediante el culto de la personalidad ("es el Sócrates de nuestra era", dicen los seguidores de Ahmadineyad), el populismo económico, la represión y la provocación de crisis internacionales. Pero Ahmadineyad ha ido aún más lejos: ha hecho de la confrontación, no un medio para un fin, sino "la realidad constante". La cima de la confrontación fue la amenaza de borrar a Israel de "las páginas de la historia". Esta amenaza tuvo un efecto galvanizante en la sociedad internacional contra el programa nuclear iraní, lo que ha propiciado la aplicación de sanciones y la amenaza de otras mayores. No es esto lo que pretendían las otras fuerzas políticas y sociales de Irán. "Para consternación de los altos dirigentes de la República Islámica, Ahmadineyad parece realmente buscar pelea". En efecto, nombró para la comisión de derechos humanos de la ONU al fiscal jefe de Teherán, un hombre implicado en el asesinato de una periodista irano-canadiense. Y luego provocó la guerra del Líbano en el 2006.

Ahmadineyad empezó a chocar con las fuerzas del interior no mucho después de su elección. Su nombramiento para el ministerio de Energía fue rechazado por el parlamento, y se le impuso un ministro no de su gusto. Ahmadineyad dispuso en los dos primeros años de su presidencia de 120.000 millones de dólares, y aún gastó las reservas acumuladas por Jatamí. No se pueden identificar las inversiones realizadas. Se supone que ha gastado el dinero en el aparato de seguridad, el programa nuclear, armamento (un misil continental), créditos de interés negativo a los comerciantes y limosnas entre los pobres. La inflación está al 20% y en desempleo un tercio de la población trabajadora.

Ahmadineyad puede ser ya una figura amortizada. En 2006 sufrió dos derrotas electorales (municipales y para la "Asamblea de Expertos"). Larijani dimitió en 2007 en el consejo nacional de seguridad, y es hoy asesor del Líder Supremo, al que como jefe espiritual no debe gustarle mucho la familiaridad de Ahmadineyad con el "Escondido", pues su portavoz en la tierra es él, Jamenei. Noticias recientes dan a conocer planes del Ministerio de Energía para la privatización de empresas petroleras por valor de 90.000 millones de dólares. Esto no debe ser del agrado de Ahmadineyad, que tiene en el petróleo su fondo de reptiles.

¿Cómo incide sobre lo dicho por Ansari el reconocimiento hecho por la inteligencia norteamericana de que el programa de armamento nuclear iraní fue suspendido en el 2003? Una hipótesis es que los Estados Unidos, ante la perspectiva de que Ahmadineyad no sea reelegido en 2009, cuando cesa su mandato, se hallan dispuestos a hablar con Irán de energía nuclear pacífica, a cambio de compromisos mutuos en la esfera exterior y en hidrocarburos. Rusia acaba de anunciar la reanudación de su ayuda nuclear a Irán, sin escándalo de los Estados Unidos. A mediados de febrero debía comenzar la segunda ronda de conversaciones EE.UU-Irán.

Es probable que la "tercera revolución" de Ahmadineyad entre pronto en su Termidor. Seguro que entonces la comunidad internacional abriría los brazos a Irán.

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