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El problema era Bush

Lo único que le interesa a Maliki, nos dice el periódico, es "fortalecer el poder político chiíta y explotar las inmensas reservas de petróleo del sudeste de Irak". Pero claro, Maliki no es el problema.

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El New York Times está tan resuelto o más que el diario El País a destruir la figura política del presidente Bush. Su editorial del pasado día 24 es un ataque general con todo. Se titula Maliki no es el problema. El problema, nos viene a decir, es Bush. Imagínense lo malo que es el presidente norteamericano, que el editorial dice de Maliki que "ha resultado ser una catástrofe para Irak". Así que Bush, para qué les voy a contar...

El Times no le concede al presidente el beneficio de una sola duda. Sin venir a cuento cita al primer jefe de gobierno iraquí elegido democráticamente, Al Jaafari, y dice que se dedicó a instigar el sectarismo chiíta, pero no aclara qué tuvo que ver Bush con esto. Le sucedió Maliki, apoyado entonces por los Estados Unidos con la esperanza de que pudiese apartar a los partidos chiítas de la vía sectaria e integrarlos en procesos parlamentarios y responsabilidades de gobierno. Maliki acabó recayendo en el sectarismo, sobre todo bajo la presión de su socio de gobierno al-Sadr, el clérigo extremista. Pero Maliki no es el problema.

La milicia de al-Sadr, el ejército del Mahdi, se dedicaba a matar soldados norteamericanos, a otros chiítas y a los sunnitas. Habiendo agotado su paciencia al cabo de dos años, Bush tuvo finalmente que acogotar a Maliki para que rompiera con al-Sadr. Pero Maliki no es el problema.

Lo único que le interesa a Maliki, nos dice el periódico, es "fortalecer el poder político chiíta y explotar las inmensas reservas de petróleo del sudeste de Irak". Pero claro, Maliki no es el problema.

En otro punto el Times parece que va a decir algo bueno de la política de Bush, cuando admite que su ejército ha logrado éxitos en alistar a fuerzas sunnitas contra Al Qaida. Pero se muerde la lengua y atribuye el éxito "al sentido de nacionalidad de los sunnitas locales".

Como él solo no puede derrotar a Bush, el New York Times ofrece con frecuencia sus páginas para que sus colaboradores le tiendan trampas saduceas. Hace pocos días fue el turno de Carlos Pascual y Brian Cullin, analistas de la Brookings Institution. Ellos tienen el secreto de la solución para Irak: echar mano de la diplomacia internacional.

Pascual y Cullin abogan por el liderazgo de la ONU. En su artículo, primero hacen unas propuestas muy concretas, y después detallan la fórmula diplomática que la ONU deberá seguir, consistente en "un pacto político entre los iraquíes", apoyado por los vecinos y la comunidad internacional. Nada más y nada menos.

Nos dicen los autores que las fuerzas políticas iraquíes deben abrazar una agenda de "cinco más uno", que incluya relaciones internas y regionales, compartir los ingresos del petróleo, rectificar la des-baasificación, desarmar, desmovilizar e integrar a las milicias, y otorgar derechos a las minorías. El "más uno" es el referéndum de Kirkuk para decidir en qué región sectaria del país se integra esta ciudad. Si estas propuestas, que coinciden punto por punto con la política de Bush aunque los autores lo callan, no han dado todavía el apetecible resultado, habrá que preguntarse por qué. Ya sabemos que Maliki no es el responsable. ¿Lo será Bush por no aplicar la fórmula diplomática de Pascual y Cullin?

Veamos qué contiene esta fórmula: hay que declarar una tregua de cinco años, crear confianza entre las partes, que todos condenen a Al-Qaeda, que los vecinos de Irak se pongan de acuerdo sobre una misma agenda y señalen con el dedo a los aguafiestas, que la ONU diseñe un plan de reparto del petróleo (¿otra vez?), que este organismo asegure que los acuerdos en que pueda entrar Irak sean "genuinos" (sea lo que eso signifique) y que los iraquíes no saquen ventaja partidista de los compromisos a que se pueda llegar. Y si esto no se hace, las fuerzas norteamericanas se retirarán. Como se ve, este programa diplomático se resume en lo que decía Groucho Marx: la parte contratante de la primera parte, etc. etc. Toda esta diplomacia no es sino un pie in the sky, como dicen en Estados Unidos. Ya que recomiendan diplomacia, preguntemos: ¿ha habido o no encuentros en Bagdad con los vecinos, incluido Irán? Los ha habido. ¿Ha habido o no un encuentro regional en Sharm el Sheik? Lo ha habido. ¿Resultados? Cero.

Entonces, ¿por qué Pascual y Cullin confirman la política sustancial de Bush pero la ponen en un marco totalmente ilusorio? Para que una vez que las fuerzas norteamericanas hayan sido derrotadas diplomáticamente y se retiren, el New York Times publique un editorial titulado El problema era Bush.

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