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Inminente fin de la doble contención

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Sube la cotización de Irán como país interesado en la estabilidad del sistema internacional, mientras baja la confianza occidental en los países árabes del Golfo Pérsico (o Arábigo). Hay signos que apuntan a la posibilidad de una nueva composición del cuadro estratégico de la región, que se ha basado hasta ahora en la “doble contención” de los Estados Unidos respecto de Irán e Iraq. Esta política es el resultado de dos herencias contradictorias: mientras que la crisis de 1979, con la ocupación de la embajada de los Estados Unidos en Teherán y la toma de rehenes durante más de 400 días, empujó a Washington a apoyar a Sadam Hussein en su guerra contra Irán; poco después, la guerra del Golfo de 1991, alienó a Iraq sin que los Estados Unidos restauraran su influencia en Irán. De esta doble pérdida vino la dependencia estratégica de los Estados Unidos respecto de Arabia Saudita, que está demostrando ser muy precaria bajo las amenazas del extremismo islámico. Lo más vergonzoso es que Kuwait, el país por cuya independencia los Estados Unidos perdió la baza de Iraq, se ha cruzado de brazos y no ha dado el menor signo de apoyar la coalición antitalibán.

El secretario de Defensa de los Estados Unidos, Donald Rumsfeld, ha declarado que esta política, enfrentada a Irán y a Iraq, “no tiene sentido”. Dos señales parecen anunciar su fin. La primera es la respuesta positiva de Teherán a una demanda en solicitud de ayuda en el rescate de los soldados o aviadores de la coalición occidental extraviados accidentalmente en territorio iraní, que fue precedida por enfáticas seguridades de respeto del espacio aéreo y territorio de Irán por parte de Washington.

La segunda fue la intervención del gobierno de los Estados Unidos, el día 16, para inhibir la acción judicial de los rehenes contra el estado iraní. Esta es una reclamación de dudosa viabilidad según el derecho internacional, pero prometedora según la legislación norteamericana. El acuerdo que puso fin a la crisis de los rehenes excluía las acciones legales de los secuestrados. Se trataba, por parte de Irán, de proteger los fondos iraníes embargados por los Estados Unidos. Estos fondos, aún bajo litigio, pueden sufrir una merma considerable si se sustancian las reclamaciones bajo la Anti-Terrorism Act de 1996, que permite indemnizar a las víctimas de las acciones terroristas. Bajo ese acta se ha presentado ya una reclamación individual de 40 millones de dólares por un atentado anterior. Irán ha satisfecho más de 2.000 millones de indemnización por otros daños causados a los Estados Unidos.

El deshielo entre Teherán y la capital del “Gran Satán” ayudaría a Irán a mantenerse en el camino de la reconstrucción nacional, y olvidar su autoatribuida misión revolucionaria en favor del Islam, que no ha tenido muchos seguidores.

En la lista de agravios de un país contra el otro, los producidos por Estados Unidos no son insignificantes. La operación triangular entre la petrolera Conoco, Irán y Dubai, beneficiosa para las partes y para estrechar lazos entre Irán y un país árabe del Golfo amigo de Estados Unidos, fue boicoteada en 1995 por el “lobby” israelí de Washington. A Irán se le alineó con Libia en la Ley de Sanciones de 1995, por sospechas de que había derribado un avión de la TWA; su caída fue más tarde atribuida con mayor probabilidad a un fallo mecánico. En este particular, los Estados Unidos, en 1988, tuvieron que pedir excusas por derribar un avión de pasajeros iraní en el Golfo.

Aunque el líder de la revolución iraní, ayatolá Jomeini, condenó las armas nucleares como “anti-islámicas” y renunció al programa atómico del sha, los Estados Unidos se alarmaron cuando Irán, bajo la amenaza del plan iraquí de armas de destrucción masiva, decidió, muerto Jomeini, reactivar su desarrollo nuclear, sin que se haya puesto en evidencia que tal plan tenía fines militares próximos. Por otra parte, Irán no ha podido encontrar un socio tecnológico que le ayude en ese supuesto intento, aunque Rusia está lanzándole sus lazos más amistosos.

Nada de esto, sin embargo, ha aislado al régimen de Irán. Este, en materia de celo religioso, parece un “alma franciscana” en comparación con el sectarismo talibán y el de Arabia Saudita. Los mulás de Irán han hecho esfuerzos notorios por mantener a la conferencia mundial islámica en un curso conciliador. Por otra parte, Irán ya ha obtenido, incluso de los Estados Unidos, el reconocimiento de que su papel en el tránsito de petróleo del mar Caspio a los mercados es importante y positivo.

Los días de la “doble contención” pueden estar contados, y quedarse en la contención de un sólo país árabe, Iraq. Habría que felicitar por ello a Ben Laden…

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