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La siembra de la secesión

Se autodeterminan los pueblos. Y las conversaciones, diálogo o negociaciones del PSE con Batasuna fortalecen, perfilan y dan sustancia a la noción de un "pueblo vasco".

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Lo más negativo de la decisión del partido socialista vasco (PSE) de mantener conversaciones con Batasuna no es la ruptura del consenso que las dos grandes fuerzas políticas españolas, PP y PSOE, alcanzaron con la Ley de Partidos como instrumento para combatir al terrorismo por medios políticos. Lo más negativo es que la mera expresión de esa voluntad y disposición del PSE a "dialogar" con el brazo político de ETA contribuye a reforzar la imagen y representación de esas dos organizaciones terroristas como expresión natural de una entidad vasca con sustancia propia, que hacia adentro encarna y representa al pueblo vasco, y hacia fuera lo distingue y separa de alguien que es esencialmente "otro", esto es, del pueblo español (y del francés).

Nada más arbitrario que este tipo de representaciones en que, viajando con la imaginación, se trazan las lindes del pueblo deseable y se proclaman los derechos que ese pueblo pretende tener. Las notas que caracterizarían a este pueblo vasco se han transformado según el espíritu de los tiempos: el vasco es un pueblo porque racialmente se distingue de los maquetos (Arana y Arzalluz); es un pueblo porque tiene derechos históricos singulares (Aguirre, Ardanza e Imaz); es un pueblo porque así lo quieren "los vascos y las vascas" (Ibarreche). Ya que es un pueblo, tiene derecho a organizarse democráticamente, y esa organización debe comenzar por el acto democrático primordial: su autodeterminación.

Jürgen Habermas ha estudiado los efectos psico-políticos de este tipo de representación, que de hecho refuerza el sentido de autocomprensión de un grupo humano como entidad "otra", irremediablemente diferenciada y separada. Tan pronto como se toma a los nacionalistas como interlocutores por su condición de nacionalistas, y no por otra razón, se está ayudando a legitimar su pretensión de hablar como pueblo vasco, y se da por supuesto que este pueblo vasco es algo sustancial en sí mismo, que se define no en razón de la posición de los ciudadanos vascos (o que viven en el País Vasco) en un sistema abierto regulado por el Estado de Derecho, sino en razón de su inclusión en un esquema específicamente vasco único, irrepetible, singular e históricamente separado. En términos de Habermas, la "nación" como algo opuesto al "republicanismo".

¿Es que los socialistas vascos (y el PSOE) ignoran estos hechos? Los conocen, claro está. Saben que dentro de la constitución española no puede existir un "pueblo vasco". También saben que en el marco de la ley no pueden mantener diálogo político con una organización aún clasificada como terrorista. Por tanto, si no la toman como organización terrorista, ¿en calidad de qué mantienen el diálogo con Batasuna? Evidentemente, como una expresión de un pueblo vasco, singular, diferenciado y "otro". Pero sobre todo saben que, según la teoría política que explica el acontecer político de nuestro mundo occidental, la constitución de un pueblo como algo sustancial entraña una tensión hacia su autodeterminación.

Por eso cabe la sospecha de que la apertura del diálogo con Batasuna supone en realidad un deslizamiento del PSE hacia el principio de autodeterminación. Falta por ver si en este deslizamiento el PSE se va a ver seguido por el PSOE. De momento el secretario general del PSOE y presidente del gobierno niega que tal deslizamiento sea posible. Tal negativa carece de fuerza de convicción. El partido socialista tiene un alma federalista reprimida por las circunstancias históricas de la política española, y la piedra fundacional del federalismo es el principio de autodeterminación.

La doctrina jurídica que dice que sólo tienen derecho a autodeterminarse las colonias es una sutileza jurídica incompatible con la realidad. Los nacionalistas vascos han saludado el referéndum de independencia de Montenegro como un acto de autodeterminación y como un precedente para el País Vasco. Se autodeterminan los pueblos. Y las conversaciones, diálogo o negociaciones del PSE con Batasuna fortalecen, perfilan y dan sustancia a la noción de un "pueblo vasco". Piénsese en pueblo vasco y no en una ciudadanía vasca dotada de plenos derechos constitucionales, y se abrirá el surco en que sembrar la secesión.

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