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Medrosía de españoles y europeos

En realidad, lo de Afganistán no se lo toman en serio más que los americanos, los británicos, los canadienses y los australianos. Son los que aceptan el enfrentamiento, los que tienen bajas en combate y los que liquidan talibanes y terroristas.

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Hace días nos hemos enterado de que aumenta el número de españoles que desean la retirada de nuestras fuerzas en Afganistán. Dos o tres días después el número dos de al-Qaeda, al-Zawahiri, nos dio motivos para pensar que mejor haríamos en aumentarlas.

La encuesta dada a conocer a mediados de diciembre por el Real Instituto Elcano sobre el apoyo español a las misiones de las Fuerzas Armadas en el exterior indica que un 49% de los consultados está a favor de la retirada de nuestros soldados en Afganistán. En marzo de 2007 quería la retirada sólo el 45%. En paralelo, se ha reducido la valoración positiva de la misión: 60% en diciembre de 2006, 49% en marzo de 2007 y 46% en junio pasado (cuando se realizó la encuesta).

El 14 de diciembre al-Zawahiri lanzó otra de sus amenazas contra España. O los españoles no se las toman en serio, o no saben que Ben Laden y Zawahiri las lanzan desde algún lugar de Afganistán. De otro modo no querrían que nuestras fuerzas se retirasen para que esos dos puedan planificar en paz sus ataques contra España. Ya lo habían hecho hace un año y parece que los españoles encuestados lo han olvidado.

Como es sabido, las últimas amenazas se refirieron concretamente a Ceuta, Melilla y Al-Andalus, que según Zawahiri deben volver al islam. Los métodos para conseguirlo posiblemente no los conozcan la mayoría de los españoles, ya que de hacerlo no pedirían el retorno de nuestras fuerzas. Consisten en cortar cabezas, enviar terroristas suicidas, emplear a niños en labores de terrorismo o como señuelos, destruir escuelas, asesinar a los que reciben ayuda técnica de Occidente, quemar hospitales y devolver las mujeres al analfabetismo y a la lapidación. Estos métodos están ganando la partida en muchas partes de Afganistán. Los talibanes, aliados de al-Qaeda y antiguos protectores de ésta, han puesto en jaque tanto a las fuerzas de la coalición internacional ISAF liderada por la OTAN como a las fuerzas norteamericanas de la misión Enduring Freedom.

En realidad, la medrosía de los españoles indica una falta de liderazgo de los responsables y partidos políticos. Sin excluir al PP. Nunca hemos oído al presidente del Gobierno hacer una valoración sobria de lo que está en juego en Afganistán o de las consecuencias del fracaso de la OTAN. Tampoco hemos oído a los líderes del partido popular más que la cantinela de que en Afganistán hay una guerra, como queriendo decir que el PSOE no tiene nada que reprochar al anterior gobierno por haber entrado en la de Irak: "Zapatero también tiene su guerra". Argumento éste que, como sutilmente analiza la encuesta de Elcano, se vuelve contra las intenciones del propio PP.

La medrosía no es, al parecer, exclusiva de los españoles. El 11 de diciembre pasado el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert M. Gates, advirtió que, aunque en estos momentos era necesario que la OTAN pasase de una política de reconstrucción del país a otra de "lucha contrainsurgente", ni siquiera la primera se estaba cumpliendo. Los objetivos estratégicos de la Alianza para el 2007 no se han cubierto; las operaciones de las fuerzas de la OTAN "están plagada de fallos en sus aptitudes y capacidades, y constreñidas por un puñado de excepciones a su empleo", según el almirante Mullen. Notorias entre esas limitaciones son las puestas por el Gobierno español. La OTAN, en conjunto, ha sido incapaz de dar instructores suficientes a la policía afgana, por lo que los Estados Unidos han tenido que quitar los suyos en el ejército para cubrir el hueco. La impaciencia de Gates es evidente: "No voy a pasar todo esto por alto con la OTAN", advirtió. Y acto seguido ha quitado los helicópteros que le tenía prestados a la ISAF y que los aliados no quieren suministrar.

En realidad, lo de Afganistán no se lo toman en serio más que los americanos, los británicos, los canadienses y los australianos. Son los que aceptan el enfrentamiento, los que tienen bajas en combate y los que liquidan talibanes y terroristas. Parece que sólo los anglosajones, entre los occidentales, están dispuestos a luchar por Occidente; quizás podríamos añadir a los holandeses.

Pero vayamos al efecto no deseado de la posición del PP. Observa Elcano que al insistir los populares en que "también Zapatero tiene una guerra", lo que consiguen es que parte de su electorado mire la misión en Afganistán como algo a lo que deben oponerse. En efecto, Elcano afirma que ha sido entre los votantes del PP donde se ha registrado un aumento del deseo de que las tropas españolas en Afganistán se retiren. El colaborador de estas páginas y asesor de la Fundación FAES Rafael Bardají podría quizás refutar o explicar lo que dice Elcano. En todo caso, el líder del PP podría esforzarse en ilustrar a la opinión pública sobre cómo se relaciona la defensa de España, su soberanía y su seguridad, con los choques en aquellos remotos confines.

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