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Pensamientos "colaterales" a la coalición

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La formación de la llamada “coalición antiterrorista” ha obligado a los analistas a focalizar su atención sobre el amplio espectro de respuestas de las naciones del mundo a la demanda de los Estados Unidos para perseguir y castigar a los culpables del 11 de septiembre. Con menor acuidad, o de forma borrosa, percibimos otras cuestiones a las que vale la pena dedicar algunos “pensamientos colaterales”. Sin pretensión de exhaustividad, se evocan unos cuantos.

El primero es tranquilizador: comprobamos con agrado que el grueso palo y la dulce zanahoria, blandidos legítimamente por una nación agredida, siguen produciendo los consabidos efectos diplomáticos. En efecto, Pakistán sirve de base para las acciones militares de los Estados Unidos y el Reino Unido, después de haber sido cómplice de los talibanes y consentido las escuelas de guerreros de Ben Laden. En cuanto a otros dos miembros de la coalición, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, que rompieron las relaciones diplomáticas con Kabul, es posible que no haya hecho falta mostrarles tan ominosos argumentos, y les haya bastado con haber visto las orejas al lobo del extremismo, disfrazado de islamismo justiciero. La monarquía saudita debe, sin embargo, medir lo que le va en el envite y neutralizar a las fuerzas emergentes que han declarado su propósito de destruirla. De momento, no se atreve a desafiarlas; la prohibición de que las fuerzas aéreas norteamericanas lancen ataques sobre Afganistán desde su territorio revela el temor que siente.

Segundo. La línea del “sagrado Islam”, de la santidad de la tierra de Mahoma y de la “evangelización” asimétrica del infiel (derecho a predicar el Islam, pena de muerte al que predica otra fe y al apóstata) es una aberración contra el derecho natural ius communictionis, ius predicandi de la escuela neoescolástica española y el derecho internacional. Son doctrinas inasimilables por la modernidad. Si el Islam es arrastrado masivamente hacia esa ideología totalitaria, nos habremos acercado al choque de civilizaciones. Esa concepción cerrada del mundo, y la abierta del mundo occidental y de la civilización confuciana, no caben juntas en nuestro planeta.

Tercero. El mundo árabe necesita una clarificación ante los desafíos que le lanza el extremismo disfrazado de religión. Argelia está tratando de hacerla con resultados dudosos; Egipto se defiende bien, pero debe afrontar una más o menos tardía crisis de sucesión, con su potencial desestabilizador. Jordania parece haber despejado sus alternativas, en favor de la moderación, aunque se lo quieren hacer pagar. Arafat es el partenaire perfecto del extremismo israelí, pues su incompetencia permite al otro extremismo, el palestino y el de sus padrinos sirios e iraníes, ocupar el centro de la escena. Fuera del mundo árabe, y cuando termine el furor de la coalición, Pakistán se verá abocado a tres alternativas: el camino de Ataturk, encerrarse en las madrasas o democratizarse en profundidad; esta última es la más deseable pero la menos probable. Irán ha dejado escapar en esta crisis una ocasión de oro para reintegrarse a los estados favorables a la estabilidad del sistema internacional. Veremos lo que dicen los 900.000 jóvenes que salen cada año al mercado de trabajo.

Cuarto. No sabemos lo que nos ha estado llegando por medio de la inmigración ilegal, o si se quiere, también la legal; y observamos una creciente tendencia al fundamentalismo en algunos círculos musulmanes establecidos de antiguo en España. La reciente captura de unas células sospechosas de pertenecer a la organización de Ben Laden nos debería volver precavidos en materia de radicación y estancia en nuestro país. La feroz y eficaz propaganda del movimiento terrorista de confesión islámica, aspira a dar una causa a los más desamparados; una causa que justifica el matar y el morir. El fundamentalismo islámico, si por un lado puede ser visto como un movimiento de autoprotección, también crea el ambiente moral y político en el que los agentes del integrismo revolucionario pueden pescar a placer.

Quinto. Inquieta la ausencia de opiniones que un país moderno occidental, como algunos dicen que somos, debería escuchar de instituciones civiles de estudio y reflexión. Hemos oído análisis y opiniones de muchos individuos, algunos muy cualificados, pero no los de portavoces de centros o institutos que, con solvencia contrastada, nos permitan focalizar nuestra atención sobre lo que de verdad nos va en todo esto. Es ésta una grave deficiencia cultural española, que será preciso corregir.

Sexto. El focalizar los pensamientos ayuda, como sucede con la mira de un arma, a evitar daños colaterales.

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