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Sobre la caída de Mazar-i-Sharif

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Bastantes observadores de la guerra de Afganistán se han venido proclamando generales de tres estrellas. Sólo un mes después de caer la primera bomba ya se habían dado cuenta de que la guerra estaba perdida para los Estados Unidos, dado que hasta ahora no habían caido en manos de la Alianza del Norte o de la coalición internacional ni Mazar-i-Sharif ni Kabul. Los buenos generales deberían saber lo que cuesta mover los cañones y, sobre todo, ponerlos en posición y abrir fuego. Repasemos casos notables.

El 28 de junio de 1914 ocurrió un acto terrorista, el asesinato del archiduque Fernando (el 11-S del imperio austro-húngaro); 28 días despues Austria declaró la guerra a Serbia, y el 4 de agosto comenzaron las hostilidades en el frente occidental. Total, algo menos de mes y medio hasta el primer disparo. Y eso que los territorios de las potencias enemigas eran contiguos. Y las alianzas ya estaban formadas.

Primeros de septiembre de 1939: Francia declara la guerra a Alemania. Enseguida hubo que formar la alianza Francia-Inglaterra. Después, preparar la guerra. La ofensiva la comenzó Alemania más de ocho meses después de la declaración. También ésta fue una guerra entre vecinos de parcela.

En Afganistán, en menos de un mes desde el 11-S, ya estaba formado un núcleo de coalición. Las bombas empezaron a caer el 7 de octubre, llevadas desde 10.000 km. de distancia, volando desde y sobre países considerados hostiles o remisos cuando ocurrió el ataque a los Estados Unidos.

Es el mes y pico de acción transcurrido lo que ha provocado el escepticismo de nuestros observadores-generales, que añaden un corolario a su teoría: si antes de que el invierno llegue no se ha quebrantado a los talibanes, la guerra está poco menos que perdida. Poco les duran las guerras a estos generales. Sin embargo, veamos lo alcanzado en ese breve espacio de tiempo.

En el campo diplomático: parte de los ataques se lanzan desde Pakistán, hasta hace poco aliado de los talibanes. La infraestructura militar afgana destruída. Si se quiere, nada decisivo. Concedido.

Queda cascar la nuez. Para lograrlo, ya se han traído al territorio afgano las primeras piezas del cascanueces: las fuerzas de la Alianza del Norte están siendo reequipadas y una base aérea, de momento modesta, ha sido construida a 75 km. al nordeste de Kabul. Además, se ha llevado a cabo el acuerdo diplomático con Tajiskistán para usar tres bases en su territorio, desde las que lanzar constantes ataques de apoyo a tierra, para ayudar al avance de la Alianza.

Es posible que la Alianza no arrolle al enemigo antes de que sobrevenga lo más crudo del invierno, pues carece de combustible y municiones suficientes, y sus soldados no han sido pagados en meses. Sin duda tampoco tienen el entrenamiento para luchar en un medio de combate con apoyo aire-tierra. Puede que la resistencia de los talibanes sea encarnizada, o que éstos midan un metro más que los soldados de la Alianza. Puede ser, incluso, que la Alianza no quiera luchar, y que haya que traer gran cantidad de infantería de la coalición en la primavera. Quién sabe.

Pero cabe la pregunta: ¿cómo se supone que los grandes generales deben ganar sus tres estrellas?

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