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Un viaje de caridad cristiana

La expulsión de la población turca durante la guerra con Grecia en los primeros años veinte del siglo pasado y la liquidación sistemática de la población armenia en esa época explica la casi desaparición del cristianismo en lo que es hoy Turquía.

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El Papa acude a Turquía en respuesta a una llamada de socorro del patriarca ortodoxo griego, Bartolomé. Entre otros motivos, pero también por ése. Y por ese motivo es un viaje ecuménico en su sentido trascendental, de caridad cristiana. Hay muy pocos "intereses" católicos en Turquía; quizás el primero sea el de que los pocos sacerdotes católicos que hay en ese país no sean asesinados, como ocurrió con uno de ellos y se intentó con otro en este año.

Al gobierno turco no le interesa esa dimensión del viaje papal, naturalmente, pues lo suyo, como gobierno, es hacer capital político de todo gran acontecimiento que le afecte. El capital político que el gobierno turco espera derivar de la visita papal se compone de dos activos: tratar de apuntar al Papa a la Alianza de Civilizaciones, abrazada por el primer ministro Erdogan tan fervientemente como el presidente del gobierno español Rodríguez Zapatero, y hacer méritos ante Europa para la candidatura turca a la Unión Europea.

En Turquía hay alrededor de 100.000 cristianos. Algo muy lejos de los dos o tres millones que vivían bajo el imperio otomano. La expulsión de la población turca durante la guerra con Grecia en los primeros años veinte del siglo pasado y la liquidación sistemática de la población armenia en esa época explica la casi desaparición del cristianismo en lo que es hoy Turquía.

De los cien mil cristianos, 80.000 pertenecen a la iglesia cristiana armenia, sólo 3.000 a la iglesia ortodoxa griega y poco más de 600 a la secta asirio-caldea. Los turcos católicos son aún menos.

Mientras el gobierno turco ha mostrado disposición a proteger a los cristianos armenios, no hace lo mismo con los griegos ortodoxos. No se les reconoce como minoría religiosa. Sus bienes están intervenidos por el estado; el gobierno desconoce el título de patriarca; para él, Bartolomé es un ciudadano turco más. El único seminario ortodoxo que existía en Turquía, el de Halki, fue cerrado en 1971, y continúa cerrado. En pocos años no habrá, pues, renovación de la jerarquía eclesial greco-ortodoxa. Esta política de ostracismo activo quizás obedezca a la hostilidad subyacente de los gobiernos turcos contra todo lo que sea "griego". Para los griegos ortodoxos del mundo entero el patriarca de Estambul posee un carisma universal.

La capitalización política del viaje papal viene envuelta en las abstrusas ideas de la Alianza de Civilizaciones. Para Erdogan, la dichosa Alianza es como una lucha épica: es "una alternativa al Choque de Civilizaciones", declaró ante la televisión italiana el pasado día 23. "Este es el único mensaje que le quiero hacer llegar", añadió.

Ideas tan especulativas y difíciles de probar como el "Choque" o la "Alianza" de Civilizaciones son buen material para la agitación y la propaganda. Pero lo civilizado es ayudar a que la gente practique libremente su fe y que los gobiernos protejan los derechos de las mayorías o minorías religiosas. Lo demás es pura manipulación política.

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