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Camino de perdición

ahora vivimos otros en que la relación entre derechos y deberes se ha invertido por completo y, del mismo modo que el delincuente no ruega compasión sino exige derechos, flaquezas o conductas que antaño se reputaban vergonzosas hoy se exhiben con orgullo

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Decir que la manifestación a favor de la familia fue una manifestación contra los invertidos, sería como decir que un concurso de belleza es una agravio a los feos o a los contrahechos o como afirmar que una campaña contra el sida es una agresión a los enfermos del sida. Cada uno es como Dios lo ha hecho, y el deber de los que le tienen mucho que agradecer es mitigar la suerte de los que tienen que agradecerle menos, ayudándolos en la medida de lo posible a hacer llevadera su condición. Creo que fue a doña Concepción Arenal a la que se le ocurrió aquel lema en el que se encerraba toda una filosofía del derecho penal: Odia al delito y compadece al delincuente. Esa consigna venía muy bien en tiempos en que los deberes superaban a los derechos, pero ahora vivimos otros en que la relación entre derechos y deberes se ha invertido por completo y, del mismo modo que el delincuente no ruega compasión sino exige derechos, flaquezas o conductas que antaño se reputaban vergonzosas hoy se exhiben con orgullo.
 
No hay inglés que no tenga su esqueleto en su armario ni español que no tenga su alma en el suyo. Nadie tiene derecho a tirar la primera piedra. Lo que sí tenemos todos es el deber de luchar contra las supersticiones de nuestro tiempo, distintas y aun opuestas a las del pasado, y tratar de abrirles los ojos a los que van a ciegas por un camino de perdición.

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