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El género y la especie

No quiero llevar más lejos los paralelismos, no se me vayan a ofender hermosos ejemplares de estas últimas, pues soy el primero en reconocer que en la especie animal es frecuente hallar más nobleza que en el género humano

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 La fregona ilustrada que funge de Ministra de Cultura dice que los “grafiteros” son los quijotes de nuestro tiempo. Uno de esos “quijotes” rompía una lanza de tinta en el metro madrileño contra el “especismo”, nuevo molino de viento de la modernidad. La “pintada” rezaba “S.O.S. especismo”, consigna que vendría a ser una superación de “S.O.S. racismo”. El “especismo” viene a ser un grado superior del “racismo”, y si la manifestación práctica de éste es la discriminación por motivos de raza, la de aquél lo es la discriminación por motivos de especie. Dicho en cristiano, lo que rechazan los “antiespecistas” es la discriminación de que los animales racionales hacen víctima a los tenidos por irracionales. Como el antirracista toma partido por las razas oprimidas, el antiespecista lo toma por las especies explotadas. No quiero llevar más lejos los paralelismos, no se me vayan a ofender hermosos ejemplares de estas últimas, pues soy el primero en reconocer que en la especie animal es frecuente hallar más nobleza que en el género humano. Por ejemplo, y ya que salió lo del género, en los animales sólo hay dos: masculino y femenino, mientras que en los humanos los géneros son seis: masculino, femenino, neutro, común, ambiguo y epiceno. La sustitución del sexo por el género es precisamente lo que permite la ampliación de opciones eróticas del mal llamado homo sapiens, a las que la especie animal podría tener acceso por la vía matrimonial, ya abierta por los paladines de la lucha contra la discriminación de género.

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