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Chávez y Fujimori

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Caracas- Los analistas peruanos han señalado múltiples causas para explicar la caída de Fujimori. El video comprobando el soborno fue uno de los elementos, pero no necesariamente el fundamental. Otro detalle curioso que ha llamado la atención de todo el continente es que el régimen parecía sólido y con un respaldo popular inmenso, pero la televisión, ese duende que nos mete el mundo dentro de la casa, nos ha mostrado ahora un Perú alegre y contento, en las calles, celebrando la nueva situación. ¿Por qué Fujimori era hasta hace poco un ídolo y ahora es visto como un villano?

El exceso de autoridad, señalan algunos. Fujimori, fue el hombre que acumuló más poder en la historia del Perú, indican estudiosos del asunto. Llegó un momento, dicen los expertos, que hasta para las cosas más simples era fundamental contar con la presencia y la opinión del presidente. Parodiando una vieja frase, “no se movía una hoja del árbol peruano sin la voluntad del caudillo”.

El Sendero Luminoso fue derrotado, la economía reconstruida, la partidocracia que instauró el APRA -uno de los tres partidos que cambiaron el rostro de América Latina- desapareció del mapa. El entonces desconocido maestro de origen japonés escribió una nueva historia, encaramado en un tractor y con una misteriosa sonrisa.

Cuando amenazan los peligros, los pueblos latinoamericanos suelen reclamar mano dura, pero cuando todo regresa a la normalidad, el ciudadano común recapacita sobre el papel del caudillo, dueño del destino del país.

Chávez es el único presidente latinoamericano que lamenta la caída de Fujimori. Cada vez que el presidente venezolano da un nuevo paso hacia la autocracia absoluta, despierta grandes esperanzas y emociones en los sectores de más bajos recursos, los hombres y mujeres más golpeados por el desempleo, sin atención médica y rudimentaria educación. Esos huérfanos sociales, que nada tiene que perder, reciben diariamente mensajes de odio contra el rico de parte del comandante Chávez. Pero resulta que “el rico” tan odiado hoy por el pobre en Venezuela es un ciudadano de clase media, que no ha perdido su empleo, posee un automóvil y sus hijos todavía pueden ir a un colegio privado. El ciudadano común y corriente es ahora visto en Venezuela con envidia. Así Chávez mantiene al país bajo una situación de emergencia, con lo cual justifica sus acciones.

El más reciente espectáculo del circo del comandante Chávez es el chantaje organizado que ha empujado a un gran sector del partido Acción Democrática a respaldar al gobierno, con la llamada “operación democrática”, que no es otra cosa que una obra teatral para dar la impresión en el exterior que en Venezuela hay oposición, cumpliendo el rol fundamental de combatir determinadas medidas del régimen. Esta oposición recuerda a la que el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo mantenía en el congreso dominicano. La astucia de Trujillo llegó al grado de fabricar él mismo, en la década de los años 40, un Partido Comunista para que los ingenuos creyeran que en República Dominicana había democracia.

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Armando Frontado es analista político venezolano.

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