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El cardenal y el comandante

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Aunque los cardenales se visten de rojo, es el Sacro Colegio, en el Estado Vaticano, el cerebro en la lucha de la Iglesia contra el comunismo. El Papa nombró recientemente nuevos cardenales para América Latina y ello forma parte de la estrategia de la Iglesia ante ese fascismo tropical que está retoñando en América Latina, respaldado por el eje Caracas-La Habana. El nombramiento del venezolano Ignacio Antonio Velasco, arzobispo de Caracas, como cardenal no es un asunto exclusivamente religioso, sino que tiene ramificaciones políticas.

La situación en Venezuela entre la Iglesia y el presidente Chávez es más grave de lo que señalan las periódicas informaciones internacionales que reseñan choques frecuentes entre clero y gobierno por el control que sobre la educación privada quiere ejercer el régimen chavista, expulsando del área educativa a los religiosos.

El comandante Chávez pretende extender las llamadas escuelas bolivarianas a todos los sectores del país, con libros de texto donde se adoctrina a los alumnos para que informen en los planteles la posición política de sus padres y representantes; en otras palabras, igual que en la Alemania de Hitler y en la Cuba de Castro, se quiere convertir a los muchachos en agentes del gobierno, para espiar en los hogares.

La agresión al arzobispo del Estado Mérida es otro frente delicado entre gobierno y la Iglesia en Venezuela. A éste jerarca católico se le sigue juicio por orden presidencial y por presunto peculado. Esa ha sido la vulgar treta usada por el régimen para pretender desacreditarlo, pues el prelado es un duro opositor de la autocracia y en su condición de presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela ha estado denunciando los desafueros totalitarios del régimen.

La designación del nuevo cardenal se interpreta como el respaldo de Su Santidad el Papa a la Iglesia de Venezuela, en donde Chávez ha acusado a los sacerdotes de “diablos ensotanados”.

La popularidad del comandante-presidente va descendiendo en las encuestas, pero aún conserva una respetable fuerza popular.

Una autocracia con respaldo popular presenta serios problemas para un pronto retorno a la democracia institucional. En la actualidad venezolana, un cardenal enfrentando la dictadura personal de Chávez es uno de los pocos elementos que pueden aglutinar un respetable apoyo internacional de los factores más diversos, para lograr restablecer la libertad individual en mi patria.

La historia está llena de grandes ejemplos, quizás uno de los casos más famosos fue el protagonizado por el cardenal Mindszenty de Hungría, quien en 1948 se enfrentó a los comunistas cuando arremetieron contra las escuelas católicas. Fue condenado a prisión perpetua, “por traición a la patria”, pero el pueblo húngaro lo liberó en la rebelión de 1956.

La Iglesia Católica parece que va a ser la clave en la solución del problema venezolano.

© AIPE

El venezolano Armando Frontado es Analista político.

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