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El Eje Caracas-La Habana

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Acaba de nacer el Eje Caracas-La Habana. Fidel Castro y Hugo Chávez, sin firmar nada, sin amarrarse por escrito a ninguna cláusula, fijaron ya una línea de conducta. Castro, con la muerte pintada en el rostro, se presentó en la Asamblea Nacional venezolana para decir públicamente que el hombre que seguirá adelante con la revolución totalitaria latinoamericana se llama Hugo Chávez. Ya Castro está enfermo y cansado, pero no se resigna a morir en su cama. El quiere acción como en los viejos tiempos y advierte que aunque en Cuba hay muchos que pueden continuar su obra, el único fuera de la isla que lo puede hacer es Hugo Chávez.

En España dirían, usando un lenguaje taurino, que Fidel -el maestro- fue a Caracas a darle la alternativa a Hugo Chávez, “a entregarle los trastos”, como jurarían en Andalucía. Ya Chávez “no es el novillero”, ha sido “doctorado” y puede alternar tú a tú con otros “maestros” como Sadam Hussein, Gaddafi y algunos “matadores” del tercer mundo.

Cuando Castro fue a Venezuela por primera vez, hace 41 años, manifestó desde la misma tribuna que si Cuba hubiese tenido los recursos de Venezuela “hubiéramos hecho la revolución desde hace mucho tiempo”. Hoy les recuerda a los venezolanos que si Cuba ha podido resistir a los Estados Unidos, para Venezuela será mucho más fácil hacerlo.

Después de bajar de la Sierra Maestra, Fidel Castro no se cansaba de repetir: “yo no soy comunista”. Ahora declaró en Caracas que como “convencido marxista leninista, puedo garantizarles a ustedes que Chávez sí puede adelantar la revolución respetando la propiedad privada. Aquí no es necesario nacionalizar nada”.

El viaje de Castro a Caracas producirá sorprendentes efectos en América Latina. Esta no fue una gira turística o protocolar que tanto gustan a los jefes de estado en el nuevo continente; esta es la ratificación de una alianza totalitaria, sin precedentes históricos en nuestro hemisferio. Ya el presidente de Venezuela se encargó de decirlo así, delante del propio Fidel Castro: “además de la gran amistad que nos une, tenemos la misma visión geopolítica”.

A los analistas se les ha escapado uno de los hechos más significativos: el viejo zorro descubrió el “talón de Aquiles” de Hugo Chávez: su incapacidad administrativa, falta de gerencia y total ignorancia para solucionar los problemas de la vida venezolana, tales como el caos educativo, el desorden en los servicios públicos, el desempleo y el triste panorama de la salud.

Por eso Castro insistió públicamente en decirle a Chávez que no puede ser “el alcalde de toda Venezuela” y menos aún asumir la responsabilidad de atender personalmente las necesidades de miles de personas, cada vez que sale a la calle. Todos quieren que sea Chávez quien le arregle su problema más elemental, dijo Fidel Castro. Añadió su sorpresa frente a las condiciones que ha visto en su visita: “las necesidades y la pobreza que yo he visto aquí en Venezuela no las encontré en La Habana cuando bajé de la Sierra Maestra”.

Castro está diciendo la verdad. La Cuba de Grau San Martín, Carlos Prío Socarrás y Fulgencio Batista le llevaba unos 50 años de adelanto a Venezuela, en cuanto a seguridad social, confort ciudadano, desarrollo político y cultural.

Fidel Castro le insistió a Chávez sobre el problema de que el pueblo se le acerque sólo para pedir ayuda y plantear necesidades. Con los pedigüeños se puede provocar un golpe de estado, pero nunca mantener una revolución.

© AIPE

El venezolano Armando Frontado es analista político.

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