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El talibán

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Así como en Afganistán los talibán procedieron a destruir todas las estatuas anteriores a su llegada al poder, incluyendo al Buda más grande del mundo (de 53 metros), en Venezuela el presidente Hugo Chávez está procediendo a destruir las tradicionales instituciones de la nación. Todo ello se lleva a cabo bajo la llamada “revolución bolivariana”, que nada tiene ni de Simón Bolívar ni de revolución.

Así, el Congreso de la República fue reemplazado por una Asamblea Nacional, donde diariamente se aprieta más para asfixiar a la insignificante oposición. La institución presidencial fue también modificada a martillazos y ahora cuenta con un período más largo y reelección inmediata, pues Chávez confía gobernar 12 años en su primera etapa. La Corte Suprema de Justicia, entidad fruto del consenso de todos los partidos políticos, fue barrida del panorama y en su lugar aparecieron unos cuantos muñecos que conforman el llamado Tribunal Supremo de Justicia. La educación libre ha desaparecido y se pretende ahora reemplazarla con una copia del sistema cubano, donde el Estado impone la orientación y enseña todo.

El Talibán educativo puso a circular un libro en donde, inspirándose en un falso programa de educación, se exige a los niños de sexto grado que informen a los maestros sobre la posición política de sus padres: por quién votaron en las últimas elecciones y si discuten o analizan en el hogar “la nueva realidad venezolana”.

A lo que antes se llamaban las Fuerzas Armadas venezolanas se les cambió la clásica estructura prusiana para convertirlas en entidad deliberante, con funciones políticas. Ahora los militares votan y constituyen la base política fundamental del gobierno. El partido único es el ejército. Las otras armas -marina, aviación y guardia nacional- tienen también un rol estelar en la estructura del régimen, pero es el ejército la columna vertebral y donde actualmente se están formando a jóvenes oficiales en un lapso de aprendizaje de un año. Estos “nuevos jefes” serán las verdaderas columnas del “ejército revolucionario” que se está estructurando. Parte importante de la nueva institución militar es otorgarle a los oficiales toda clase de privilegios. Hoy, los militares meten la mano en la política y administran sin ninguna clase de controles ni auditorías, pudiendo así enriquecerse rápidamente. Ya no necesitan esperar por las migajas que les dejaban caer los políticos civiles de la llamada Cuarta República.

Mientras más antiguo es el monumento cultural, más empeño pone el Talibán venezolano en destruirlo. Así surge el llamado Parlamento Religioso de la República Bolivariana de Venezuela, donde se pretende sentar a brujos, pitonisas y santeros en la misma mesa con católicos, judíos y musulmanes. Para el chavismo resulta igual un cardenal, un pastor protestante o un rabino que la sacerdotisa de María Lionza, culto popular donde se fuma el tabaco para alejar a los espíritus malos y conseguir dinero.

El Talibán no descansa en Venezuela y ya está lista una Ley de Televisión que contempla la creación de un Consejo que incluye al llamado Defensor del Televidente, quien “en nombre del pueblo, estudiará el contenido de los programas para que contribuyan al desarrollo del país”. Esta no es una Ley de Televisión sino de Información, aunque la prensa escrita venezolana ha guardado inexplicable silencio. Lo que al Consejo y al Ministerio de la Cultura realmente les interesa manipular es el contenido de las noticias y, por supuesto, no saldrán en pantalla “las informaciones que van contra de la paz, el desarrollo y la cultura popular”.

Hace 42 años, recién llegado al poder Fidel Castro, éste anunció solemnemente en Nueva York: “yo no soy comunista”. Pero, entonces, una periodista y congresista estadounidense comentó: “si uno ve un animal con patas y cuerpo de pato, que camina como pato, tiene cabeza de pato y hace ruidos de pato, ese es un pato”. Fíjese en Hugo Chávez y medite sobre lo que ve.

© AIPE

Venezolano, Armando Frontado es analista político.

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