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Jaque mate colombiano

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En las crecientemente tensas relaciones colombo-venezolanas, el gobierno de Bogotá le acaba de aplicar un espectacular jaque mate a Hugo Chávez.

El presidente Chávez fue dejado al descubierto, cuando el guerrillero del ELN, Jesús Ballesta, secuestrador de un avión de Avianca y buscado por la Interpol, fue liberado por las autoridades venezolanas. Voceros del gobierno venezolano habían sostenido públicamente que era totalmente falsa la denuncia colombiana sobre que dicho guerrillero se encontraba en nuestro país. El ministro del Interior, Luis Miquilena, y el ministro de la Defensa, José Vicente Rangel, desmintieron que el guerrillero estaba en Venezuela. Pero Bogotá demostró con un video-tape que no sólo vivía en Caracas protegido por la policía sino que además era el agente de enlace entre la guerrilla colombiana y la gente de Chávez.

En esta forma se demuestra, con hechos y no con especulaciones, que el teniente coronel Hugo Chávez sí está protegiendo a la guerrilla colombiana. Ahora Venezuela pretende protestar porque “la policía colombiana ha violado la soberanía nacional al grabar el video” que cambiará las relaciones colombo-venezolanas.

Pero lo más grave es que nadie conoce las condiciones del acuerdo Chávez-guerrilla colombiana, pues los venezolanos adinerados que viven en el Estado Táchira, en la frontera con Colombia, están aterrorizados pues los obligan a pagar crecidas cantidades de dinero y si se niegan los secuestran y los llevan a Colombia.

Lo que es difícil de entender es por qué el presidente Chávez mantiene dos posiciones totalmente distintas: ayuda a los guerrilleros y simultáneamente acepta los secuestros y las extorsiones en el propio territorio venezolano.

El jaque mate de quitarle los colombianos la careta a Chávez tendrá en breve profundas repercusiones, pues ha demostrado que el comandante-presidente no es un simple espectador de la tragedia colombiana, sino cómplice de la guerrilla y que Venezuela se ha convertido, para dolor de cabeza de Colombia, en el refugio de guerrilleros perseguidos, enfermos o cansados. Es decir que estos cruzan la frontera, gozan de protección por el tiempo que quieran y luego vuelven al frente.

¿Hasta cuando los colombianos y los norteamericanos soportarán esta situación?

Ninguno de los ministros implicados en el escándalo ha sido destituido ni ha renunciado. Ya el Fiscal de la República Bolivariana de Venezuela dijo que no hay complicidad. Así se arreglan las cosas en un país en donde un solo poder, manejado por un autócrata, está instrumentando una democracia muy especial que él mismo diseñó y que manipula según las conveniencias del momento.

© AIPE

El venezolano Armando Frontado es analista político.

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